Si usted ha probado el ayuno intermitente, y le ha salido mal, probablemente crea que sus únicos efectos son el hambre y la fatiga. Está claro que no todo el mundo está hecho para comer durante cinco días y ayunar dos, o para concentrar todas las comidas del día en 8 o 12 horas. De acuerdo con The New England Journal of Medicine, tras repasar toda la evidencia científica sobre esta práctica, concluyó que sus consecuencias directas son la pérdida de peso, que ya de por sí es la clave de la prevención de muchas enfermedades, cardiovasculares, neurológicas y oncológicas fundamentalmente. Además del efecto antiinflamatorio, y el aumento de la resistencia al estrés y a la oxidación, que son mecanismos transversales a muchas enfermedades, especialmente crónicas, y al proceso de envejecimiento. Sin embargo, investigadores del Centro Alemán de Enfermedades Neurodegenerativas (DZNE) acaban de descubrir accidentalmente un nuevo beneficio. Resulta que el ayuno intermitente dispara el deseo sexual, de momento, en los ratones macho.
El Dr. Dan Ehninger y sus colegas se encontraban investigando cómo el ayuno afectaba a la descendencia de ratones macho, y acabaron descubriendo que, los de avanzada edad, produjeron un número inusualmente grande de crías. Contrariamente a las hipótesis iniciales, el fenómeno no se debió a los efectos del ayuno en los órganos reproductivos, ni al estado endocrino de los animales. Además, la edad en los testículos, la reducción de la calidad del esperma y los niveles más bajos de testosterona jugaban en su contra. "Fue un poco de trabajo detectivesco descubrir la verdadera causa", apunta Ehninger, quien trabajó en colaboración con expertos de la Universidad de Qingdao y de la Universidad de Ciencias de la Salud y la Rehabilitación, dirigidos por el profesor Yu Zhou.
"Al final nos dimos cuenta de que era una cuestión de comportamiento. Los machos en ayunas tuvieron más contactos sexuales que los ratones que podían comer libremente. En otras palabras, tuvieron una frecuencia de apareamiento inusualmente alta y, como resultado, un número inusualmente alto de crías para su edad. Su comportamiento compensó con creces las limitaciones fisiológicas propias de la edad", apunta Ehninger.
Los investigadores, según publica la revista Cell Metabolism, cogieron machos de dos meses de edad, les aislaron de las hembras, y empezaron a alimentarlos durante 22 meses, siguiendo un patrón de 24 horas en las que podían comer lo que quisieran, seguidas de 24 horas en las que sólo les daban agua. Tras ese periodo, les presentaron hembras de tres meses criadas sin restricciones dietéticas.
La conducta de apareamiento, explican los investigadores, también afectaba a los machos más jóvenes. Aunque sólo habían seguido esta dieta durante seis meses, eran más activos sexualmente que sus compañeros de la misma edad que habían podido comer libremente. El equipo de DZNE también descubrió que no valía con unas pocas semanas de ayuno. "Para que aumente el deseo sexual se necesita tiempo, parece que la duración mínima está entre seis semanas y seis meses", apunta Zhou.
Al investigar las causas, la atención se centró en los neurotransmisores que influyen en la conducta sexual. Algunos tienen un efecto estimulante, mientras que otros actúan como inhibidores. Entre los ratones macho sexualmente activos, un factor sobresalió: la serotonina, un mensajero químico generalmente asociado con efectos inhibidores, se encontraba en niveles inusualmente bajos. "Estos ratones estaban, por así decirlo, sexualmente desinhibidos; la restricción reguladora habitual estaba disminuida", afirma Ehninger.
La serotonina se produce principalmente en el tracto gastrointestinal, pero también en el cerebro, donde actúa como neurotransmisor que media la comunicación entre neuronas. Sin embargo, su síntesis depende del aminoácido triptófano, que debe obtenerse a través de la dieta, o liberarse mediante la descomposición de las reservas proteicas del propio organismo, como las que se encuentran en el tejido muscular. El triptófano se considera un aminoácido esencial, lo que significa que ni los ratones ni los humanos pueden sintetizarlo por sí solos. Por lo tanto, concluyen los investigadores, la ingesta dietética desempeña un papel clave en la regulación de los niveles de triptófano en el organismo. De hecho, se encuentra en muchos alimentos comunes, como los cacahuetes, el chocolate negro, las espinacas o la leche. "La falta de serotonina era claramente consecuencia del ayuno", explica el investigador del DZNE.
Los ratones en ayunas consumieron casi un 15% menos de calorías que los animales del grupo de control. Esto también se aplica, en líneas generales, a su ingesta de triptófano. Sin embargo, no está claro si la reducción de los niveles de serotonina estaba relacionada con su régimen de alimentación específico, o si también se produciría con otros tipos de ayuno. "Es posible que el efecto se produzca con una restricción calórica general, en la que se disponga de alimentos de forma continua, pero en cantidades reducidas", sugiere Ehninger.
En el caso de los humanos, el comportamiento sexual también se ve regulado por la serotonina. Esto es evidente, apunta Ehninger, en el uso de ISRS, una clase de antidepresivos que aumenta los niveles de serotonina, y que cuenta entre sus posibles efectos secundarios la reducción de la libido. Por el contrario, se sabe que niveles bajos de serotonina promueven el deseo sexual. "Considero muy plausible que el ayuno pueda influir en el deseo sexual en humanos, posiblemente no solo en hombres, sino también en mujeres, ya que la serotonina también afecta su libido", explica el investigador del DZNE.
Lo cierto es que existen muy pocos estudios científicos sobre los efectos del ayuno en la libido humana. "Tendría sentido investigar esto con más detalle. Veo potencial para una aplicación terapéutica", concluye Ehninger. "La falta de deseo sexual no se percibe necesariamente como un problema, pero algunas personas la padecen. Esta condición se conoce como 'trastorno del deseo sexual hipoactivo' y afecta particularmente a los adultos mayores. El ayuno podría ser un complemento útil a las opciones de tratamiento existentes".