Cuando uno corre largas distancias le exige a su cuerpo un gran esfuerzo. Ese trabajo se entrena, pero implica que cada vez que se repite los órganos se expongan al desgaste. En el caso de los maratones, el organismo se enfrenta a un desgaste brutal de energía: se volatiliza hasta un 2% del peso corporal debido a la pérdida de agua.
Se estima que el cerebro consume el 20% de la energía total que gasta el cuerpo humano, a pesar de que representa en torno al 2% de su peso, y su principal fuente de energía es la glucosa. El neurobiólogo Carlos Matute es maratoniano y lleva más de 40 años desgranando los misterios de los neurotransmisores de este órgano. Sobre la mielina, una sustancia grasa que recubre las neuronas y facilita su funcionamiento, ha centrado sus investigaciones para descubrir su implicación en enfermedades neurodegenerativas.
A sus espaldas lleva 18 maratones. Dice que, bien preparados -hace uno en primavera y otro en otoño-, se toleran sin secuelas: «No tengo problemas físicos ni cognitivos apreciables». La práctica de este deporte llevó al fundador del Laboratorio de Neurobiología de la Universidad del País Vasco a plantear la hipótesis en el laboratorio: qué sucede con la mielina del cerebro en los corredores de largas distancias.
Los resultados han visto la luz esta semana en Nature Medicine. «Más allá del esfuerzo realizado con el ejercicio de resistencia, lo que ponen de manifiesto nuestros hallazgos es que la mielina es combustible para el cerebro», explica Matute.
La investigación involucró a 10 corredores de maratón: ocho hombres y dos mujeres (con edades entre 45 y 73 años) que habían participado en participación en varios maratones en España en 2022 y 2023. Los atletas fueron monitorizados antes y 48 horas después de la prueba, y dos meses más tarde. A través de los exámenes de imagen obtenidos a través de una resonancia magnética observaron los cambios en la mielina.
Las concentraciones disminuían tras la carrera, dos semanas después aumentaba sustancialmente (sin alcanzar aún los niveles iniciales), y dos meses después del maratón se recuperaba totalmente el compuesto perdido. Esta disminución de la sustancia afectó a 12 zonas de materia blanca del cerebro relacionadas con la coordinación motora y la integración sensorial y emocional
¿Para qué sirve conocer este proceso de la mielina?
Conocer los mecanismos de la reversibilidad de esta sustancia pueden arrojar pistas para ahondar en los factores de enfermedades neurodegenerativas. «En el conocimiento celular y molecular de la rápida recuperación en corredores puede ser útil para desarrollar tratamientos para ralentizar el envejecimiento y algunas enfermedades como la esclerosis múltiple», apunta Matute.
Por otro lado, como recoge Nature, Matute sospecha que la reducción temporal de la mielina sería mayor en las personas que están menos en forma, y que ocurriría lo contrario en los ultracorredores, personas que corren carreras más largas que los 42 kilómetros que componen un maratón.
Al mismo tiempo, la investigación ha vuelto a poner en valor la plasticidad del órgano. «Los resultados del estudio indican que el cerebro puede modificar su estructura de forma reversible en determinadas situaciones extremas, y que, por tanto, es más adaptable y flexible de lo previsto».
Sobre los sobresfuerzos del ejercicio intenso, Matute subraya que «el cerebro y el cuerpo en general tienen mecanismos de alarma que nos dicen basta, y hay que parar. Una mala preparación afecta a todo el organismo, el cerebro no es una excepción». Teniendo en cuenta que este trabajo ha valido para dar el visto bueno a la prueba de concepto, el neurobiólogo asegura que «el estudio sigue abierto y estamos reclutando más voluntarios incluyendo ambos sexos en igual proporción».
Para Eduard Guasch, electrofisiólogo cardíaco en el Hospital Clínic de Barcelona, la clave del trabajo está en un seguimiento temporal más prolongado. «Lo más importante sería identificar si esta reducción de mielina -por el ejercicio intenso- tiene un impacto clínico a corto y largo plazo», apunta.
En este sentido Guash señala que este trabajo «se suma a otros estudios previos que demostraban cambios agudos y transitorios en la estructura del cerebro tras el ejercicio, generalmente una reducción de su volumen».
También el electrofisiólogo argumenta que debe considerarse preliminar, «pese a ser un trabajo muy llamativo e interesante». «Las causas de la reducción de la mielina se desconocen y, en especial, si se reduce su cantidad como estrategia celular para generar energía y mantener su viabilidad, tal como hipotetizan los autores. A largo plazo, deberían estudiarse cuáles serían las consecuencias, especialmente en atletas altamente entrenados que llegan a completar varias maratones anuales, potencialmente sin recuperar niveles de mielina previos a la carrera».
En investigaciones anteriores ya se habían apuntado algunas huellas que dejan los kilómetros en este órgano. Según una investigación publicada 2017 en Frontiers in Psychology, un grupo de adultos con deterioro cognitivo experimentó una mejora del funcionamiento ejecutivo con el ejercicio aeróbico. El aumento en el flujo sanguíneo durante una carrera significa que llega más oxígeno y nutrientes al cerebro. Esto estimular la neurogénesis; es decir, la producción de nuevas células.
Por otro lado, el tamaño del hipocampo, la región del cerebro asociada con el aprendizaje y la memoria, realmente aumenta como resultado de una rutina de entrenamiento habitual, según un estudio publicado 2011 en Proceedings of the National Academy of Sciences.