CRÓNICA
Arte

Belin, el 'Picasso del grafiti' es de Linares

Se llama Miguel Ángel Belinchón. Tiene 44 años. Tres hijos. Y una leyenda como muralista después de que, tras empezar pintando de manera ilegal en las calles, haya ordenado nuevas referencias en la técnica del spray

El artista 'Belín' en su mural
El artista 'Belín' en su mural
PREMIUM
Actualizado

Pinta en cualquier dimensión sin empleo de proyectores o rejillas que le ayuden a definir el dibujo. Esa es una de sus principales señas de identidad. La otra es que es de Linares. Allí vive y desarrolla su trabajo en una gran casa colonial de estilo inglés, con más de dos siglos de historia, que ha acondicionado como hogar y que también emplea a modo de estudio. "Desde aquí puedo divisar Sierra Morena y sus atardeceres y eso hace de mi día a día un tesoro inspirador", nos cuenta sonriente mientras mira la infinitud de lienzos que cuelgan de las paredes de su vivienda.

Linares es un lugar muy especial para Belin, y quiere dejar muy claro que es su rincón favorito en el mundo, no solo para pintar sino para perderse y para pasar allí buena parte del poco tiempo que tiene. Viaja por todo el mundo casi sin descanso, pero los colores, la naturaleza y la arquitectura de su tierra la convierten en un lugar tranquilo, cómodo y confortable para desarrollarse como ser humano y como artista. "Linares es perfecta para crear, tanto en la calle como en una fábrica abandonada o en mi propio estudio, es el lugar donde me crie y aquí disfruto de la vida", nos confiesa con una amplia sonrisa. Damos buena cuenta de ello. No en vano Belin es motivo de orgullo para todos en la ciudad y no hay nadie que no conozca a uno de los artistas urbanos más cotizados actualmente en el mundo.

Desde Linares sus pinturas, esculturas y murales viajan a todos los rincones del planeta. No hay ciudad que se encuentre en el circuito del arte urbano que no cuente, o esté en ciernes, de disponer de una gran composición mural de Belin, nombre por el que es conocido en el mundo del arte Miguel Ángel Belinchón. De niño ya era muy creativo y tenía una gran iniciativa para satisfacer sus inquietudes. En su adolescencia se matriculó en bachillerato artístico en la escuela de arte José Nogué de la ciudad de Jaén, disciplina que pronto abandonó para formarse por su cuenta en bibliotecas y museos. Comenzó pintando en la calle, allá por 1995, de modo clandestino "letras y caras sencillas que fueron, poco a poco, evolucionando hacia formas más complejas". Cada una de ellas adquirió pronto un estilo muy personal, hasta que fue creando personajes genuinos y únicos que permitieron conseguir identificarle con un estilo propio que hizo que le reconociesen en diferentes partes de España.

Tras estas etapas iniciales se decantó por emplear en sus creaciones el spray, lo que hizo que terminara por despegar definitivamente en el mundo del arte urbano. Los grafiteros y los organizadores de eventos y galerías reclamaban sus trabajos desde todas partes del mundo. Para Belin la del spray "es la técnica más atractiva y versátil, porque al principio es como un caballo salvaje, dominarla es muy difícil, pero cuando lo consigues eres muy veloz trabajando", aunque el empleo de una u otra depende del día y del estado de ánimo en que se encuentre. "Para mi cualquier técnica es buena si me permite expresarme plásticamente", nos cuenta el artista, "pero uso con más asiduidad el acrílico, el óleo, la acuarela, el spray, los esmaltes o la tinta china".

Belin tiene 44 años y es un tipo afable, sonriente, curioso y muy perfeccionista. Le gusta experimentar y aprender de todo lo que le rodea. Por eso tiene siempre la mirada limpia y los ojos bien abiertos. Reconoce que sus fuentes de inspiración van desde su familia (tiene esposa, Karina, y tres hijos: Natalia, Bruno y la pequeña Aquetzalli) a "una tórtola que veo cada mañana merodeando por mi estudio" aunque, en ocasiones, se ancla en temas más dramáticos y sensibles que hacen que su mundo se tambalee y se convierta en un hombre apesadumbrado y atormentado. Por eso trata de huir del dolor y busca la inspiración también en temas banales como "una mujer que vi en la playa tomando el sol, un niño enfadado o el gallo de mi vecino".

Pero Belin también emplea como referencia, a la hora de desarrollar sus trabajos, a artistas que vienen del mundo del grafiti, como es el caso del norteamericano Kaws (pseudónimo de Brian Donnelly), que ha conseguido crear su propio universo mediante el diseño artístico de ropa o de iconos populares como Mickey Mouse, Bob Esponja o el Hombre Michelin. Tampoco el linarense olvida a los grandes maestros del arte español pues para él Velázquez, Goya o Picasso, del que ha realizado algunos retratos de inspiración cubista que le han catapultado en el mercado y una pintura mural en Málaga en 2016, son referentes de los que jamás se olvida a la hora de trabajar. Sin embargo, Belin es muy consciente de que el dinero es el principal motor de desarrollo del mundo artístico y que "poco importa qué hagas o de dónde seas si vendes y mueves grandes cantidades económicas", algo que, por otra parte, "es muy triste y maltrata el talento de muchos artistas".

Sus pinturas murales se pueden ver en ciudades como París, Houston, Nueva York, Grenoble, Luxemburgo, Shen Zhen (China) o Stavanger (Noruega), esta última la ciudad más especial para el artista, pues disfrutó intensamente del clima y de la tranquilidad y desus horas de luz.

Cuando hablamos, Belin se muestra tranquilo y sosegado, el tiempo parece detenerse al igual que cuando trabaja. Para él este es relativo. Por eso le pregunto: ¿cuánto tardas en pintar uno de esos increíbles murales? De nuevo su sonrisa eterna. "Todo depende del tamaño y superficie. Hay murales en los que he tardado menos de un día, pero el máximo tiempo que empleé fueron dos semanas en la ciudad de Los Ángeles, allí pinté veinte retratos".

PERPETUAR LO EFÍMERO

Desde luego no es una tarea fácil y Belin necesita siempre, para acometer estos trabajos, una plataforma elevadora o un andamiaje, dependiendo de la altura y de la accesibilidad de la pared a pintar. Además, la superficie debe ser lo más lisa posible, ya que si tiene humedades o desconchones el mural tendrá menos durabilidad. Afortunadamente nunca ha tenido un susto importante, pero nos cuenta que recientemente, en la ciudad italiana de Taranto, pintó un mural muy cerca del mar. "El viento azotaba muy fuerte contra mi plataforma elevadora. Pasé miedo porque mi cesta se movía muchísimo, pero el mural que hice titulado Bañista me tiene tan enamorado que mereció la pena el tremendo susto que me llevé".

Belin combina la técnica muralista con la pintura en su estudio, más intimista y madura donde retrata con asiduidad a familiares y allegados. "El camino natural de mi evolución me llevó a sentirme con muchas ganas de perpetuar lo efímero del street art y trasladar algunas de esas inquietudes de la calle a mi estudio", señala. Así creó un nuevo estilo, genuino y original, al que denominó Postneocubismo, que introduce el realismo y el grafiti como elementos esenciales en la composición de sus obras. Otra de sus técnicas más aclamadas es el Oneline, con la que el artista muestra su capacidad creativa y de movimiento empleando únicamente el aerosol para crear, en cuestión de minutos, obras sobre el lienzo a través de un único trazo continuo.

Acaba de regresar de Singapur de presentar su primera exposición individual en la Yang Gallery de la ciudad asiática. Allí ha expuesto un memorable retrato al óleo, inspirado en la figura de rapero estadounidense Jay Z, esposo de la cantante Beyoncé. "En cada trazo de esta obra se encuentra la historia de un hombre que ha desafiado todas las barreras impuestas por la sociedad. Para mí es la más honesta representación de la poderosa alegoría a la perseverancia", sentencia emocionado. Mientras, en la otra parte del mundo, en Miami, Belin expone otro retrato, esta vez el del modisto alemán Karl Lagerfeld acompañado de su gata Choupette, única heredera de un imperio cifrado por algunos entre los 500 y 1.000 millones de euros. Incluso ha realizado retratos de la mismísima Rosalía vestida de Balenciaga y del modisto Jean Paul Gaultier.

Belin nunca renuncia a su identidad como artista. Es audaz, expresivo, tremendamente habilidoso, fascinante. Un hombre del siglo XXI, vibrante y apasionado, que refleja en sus obras la urgencia de expresar sus más profundos anhelos, sus más altas metas. Mira al futuro de manera inconformista y con el entusiasmo con que también lo hace a través de los grandes ventanales de su estudio en dirección a su amada sierra linarense, mientras prepara las maletas con la idea de conquistar la Gran Manzana. Allí expondrá a comienzos de este año y sabe que el público neoyorquino es muy exigente. Se muestra nervioso, pero ilusionado. Sin embargo, su meta siempre es pintar. Pintar hasta su último aliento. Porque para Belin "pintar es sinónimo de vida, de avance, de descubrimiento".