No se trata de un nuevo capítulo de Marvel ni de las peripecias de los mandalorianos en los confines de la galaxia. Nicolás Maduro ha iniciado una cruzada a sangre, fuego y propaganda contra los titanes tecnológicos del siglo XXI, en su empeño por acallar el histórico desafío de los venezolanos.
"Son una secta satánica todos los dueños de las redes sociales y creen que pueden dominar al mundo. Se metieron con Venezuela y perdieron mil millones de dólares, el que se mete con Venezuela se seca", clamó el "presidente pueblo", quien escenificó en directo la desinstalación de su WhatsApp. "Es necesario hacerlo, ¡dile no a WhatsApp, fuera de Venezuela! Porque ahí los criminales amenazan a la juventud, a los líderes populares".

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La biblia según Maduro
TikTok, Instagram, X, Elon Musk, Mark Zuckerberg, YouTube, Jeff Bezos... A todos ellos, sus siete plagas, se enfrenta la versión más delirante de SuperBigote, superhéroe bolivariano creado por los asesores cubanos para reemplazar la figura de Chávez. Una batalla perdida: el dueño de Tesla respondió a los insultos con la expansión de la lucha de los venezolanos a través de sus 190 millones de seguidores.
Lo más contradictorio es que en su intento por seducir a una sociedad hastiada, Maduro ha exprimido todas las posibilidades comunicativas: cómics de SuperBigote en YouTube, podcast, una cuenta en TikTok con humor bizarro, Instagram y un uso constante de la televisión, varias horas de monólogos diarios en los que además de arremeter contra el "ciberfascismo", amenaza e insulta a la oposición, el "viejo decrépito" de Edmundo González y la "demonia salvaje" de María Corina Machado.
Maduro no está loco. La revolución de los móviles, que multiplicó los efectos de la "caravana de la libertad" de Machado, pulverizó el cerco mediático de la revolución y conectó a los venezolanos de dentro y de fuera. Los celulares y las redes dieron forma a la esperanza que levantó al país hasta aplastar en las urnas a la maquinaria del chavismo.
La cruzada bolivariana ha continuado en medio de la represión. Policías y militares decomisan teléfonos en sus redadas para buscar contenidos antigubernamentales, que son la mayoría. Dependiendo de la virulencia, se les puede acusar de delitos de odio y hasta de terrorismo.
Pero hay algo más en la última obsesión de Maduro, cada vez más alejado de los valores occidentales. "Estamos en presencia de un dictador que se percibe a sí mismo tocado por la mano de Dios y que tiene que llevar adelante una misión divina. Un hombre de fe llamado a salvar a Venezuela de una conjura fascista promovida por el mal", diagnostica para Crónica el sociólogo Gianni Finco.
Seguidor del gurú Sai Babá, practicante de santería y devoto católico, Maduro ha abrazado la fe evangélica, lo que incluye su agenda reaccionaria y antiderechos. Ahora también le gusta que en la televisión le llamen el "guerrero del amor".