«Todo lo que pasa en el HK, se queda en el HK. ¡Como en Las Vegas!». Ni siquiera el regreso fortalecido del huracán Donald Trump, que ha puesto a México en el centro de su enorme diana, ha cambiado la máxima que rige en el Hong Kong de Tijuana, el antro de estriptis más famoso al sur de Río Bravo. Son las tradiciones del mítico Gentlemen's Club (club de caballeros) que se mantienen con el paso de los años, como aquella que ofrece servicio de limusina a sus clientes VIP una vez pasado el control fronterizo entre la californiana San Diego y la Esquina de Latinoamérica, como llaman a Tijuana en medio mundo.
La misma frontera que el presidente estadounidense ha cerrado a cal y canto para los emigrantes del sur y que pretende atornillar con el fortalecimiento del muro, con el despliegue de 1.500 militares y con un esquema de detenciones basado en las delaciones ciudadanas. Como si no fuera ya suficiente con los perros robots y sus descargas eléctricas.
Tan cerca de la frontera, pero tan lejos. El Hong Kong es otro mundo, territorio de placer y no de sueños desvanecidos. El Disneylandia de la prostitución, como lo llaman algunos sociólogos. Más de 800 bailarinas exóticas, teiboleras (table dance) y cariñosas (prostitutas), atienden durante la semana al ejército de turistas estadounidenses y a muchos hombres locales en el edificio rojo de la calle Coahuila, en el norte de Tijuana, que cuenta incluso con su propio hotel anexo, de 10 plantas, para los requiebros físicos del amor. Jacuzzis de espuma, camas en forma de corazón, sillones tantra y juguetes sexuales al gusto facilitan los antojos sexuales a parejas y grupos, porque tampoco hay límites para la imaginación.
'ABIERTO HASTA EL AMANECER'
Quien todavía mantenga en su imaginario el antro de Abierto hasta el amanecer, la película de Robert Rodríguez en la que Salma Hayek se contorsionaba para disfrute de George Clooney y de Quentin Tarantino, que se vaya olvidando. El HK es otra cosa, mucho más parecido a Las Vegas y sus clubes, como el Sapphire. Todo es a lo grande, incluido el casting de chicas, las verdaderas protagonistas del millonario negocio, una economía paralela donde reinan los dolarcitos, como los llaman las jóvenes. Aquí, lo que se busca a cualquier precio son los verdes americanos y no la sangre de sus visitantes, como en La teta enroscada, el after hour del delirio cinematográfico de Rodríguez.
Los más demandados son los billetes de 1 y de 5 dólares, porque son los que se endosan en la anatomía femenina durante los bailes en la pista o en los pasillos, estos acompañados de un ligero toque para medir las capacidades del caballero. Los de 10, 20 y 50 dólares sirven para los tragos y los bailes privados y los de 100 se destinan directamente al sexo.
El Hong Kong también se ha adaptado a los cambios en tiempos de OnlyFans. Muchas chicas no ocultan cuál es su trabajo y se pasean por las redes sociales, sobre todo TikTok, para enseñar sus trucos de belleza, para mostrar los fajos de dólares conseguidos y para ofrecer sus servicios sin disimulo. ¿Para qué ocultar el oficio que tanto dinero les retribuye sin necesidad de pasar al otro lado, el sueño americano que mantiene obnubiladas a las sociedades de América Latina?
«Pero no es dinero fácil, detrás de todo esto hay mucho estrés. En mi primer día sentí la patada de bienvenida: 100.000 pesos (5.000 dólares), repartido entre 2.000$ por las propinas, 500$ por las botellas y el resto en los cuartos privados», explica Low (Esmeralda, en la vida real) en una entrevista con un youtuber mexicano que se hizo viral. Después llegaron varios años de idas y venidas, mucho dinero embolsado pero también mucho gastado por una chica de cuerpo casi perfecto, sin operar, que prefiere directamente los servicios sexuales al ritual de baile y conquista.
ASUNCIÓN PRESIDENCIAL
Cualquier excusa es buena para venir al HK, incluso la asunción presidencial de Donald Trump, continuación directa del «Hong Kong Party» del día de las elecciones estadounidenses, en noviembre pasado. Después de votar, cientos de clientes atravesaron la frontera para sumergirse en el palacio del sexo y celebrar la victoria u olvidar la derrota. «¡Llega temprano, quédate hasta tarde, relájate en una mesa privada con tus bebidas favoritas y diviértete como una estrella de rock!», era el consejo entonces para armar una buena fiesta. El placer no tiene límites, tampoco horas.
Lo mismo ha ocurrido en la semana en la que Trump regresó a la Casa Blanca. Mientras el planeta se devanaba los sesos con el aluvión de medidas del presidente republicano, en el HK se subían los decibelios y el cristal de los vasos chocaba una y otra vez sobre las barras. Los cientos de trabajadores de este emporio se mueven a toda velocidad, el negocio es lo primero y las propinas se buscan con un afán desmedido.
En la noche de los descubrimientos, la realidad te abandona en el umbral de acceso a las salas. La entrada es libre, no hay que pagar, salvo que hayas reservado en la zona noble. Esto es aún más exagerado de lo esperado. Pistas, tubos, más de 200 chicas que aparecen por todas partes con un outfit mínimo, mucho alcohol y ese olor a adrenalina con sabor a sexo. Algunas miradas parecen puñaladas, pero si no hay empatía no se pierde ni un segundo en seguir el ritual de caza unos metros más allá. Ya no se escucha el universal Welcome to Tijuana, en el que Manu Chao glorificaba el «tequila, sexo y marihuana». Está pasado de moda. Aquí mandan Karol G, el reguetón latino y mucho rap negro estadounidense.
«Me encanta el dinero y me fascinan los hombres. Se cobra hasta respirar», repite en sus vídeos otra de las bailarinas, fiel creyente de los mandamientos del local, que asegura estar dentro del top 10 de table dance del planeta. Discoteca de tres niveles, prostíbulo, restaurante y hotel en un solo complejo.
ESTUDIANTE DE SOCIOLOGÍA
Las de TikTok son las estrellas, luego está la clase media del Hong Kong, como Kimberly. «El mesero (camarero) me dijo que estabas solo, me cogió de la mano y me sentó contigo», confiesa la joven, de 23 años, y, así es el caprichoso destino, estudiante de Sociología. Ha venido de su Guadalajara natal a hacer temporada de vacaciones, dos semanas para debutar en este mundillo. En el mejor día levanta 500 dólares, pero la media está entre 200 y 300 dólares noche, mucho más de lo que consigue como cajera para costear los gastos de sus estudios y de su pequeña, que acaba de cumplir un año.
En el HK está prohibido decir que no a un cliente, ellos mandan. El mínimo para subir a una habitación son 130 dólares, pero en los bailes privados puede ganar 25 ó 50 dólares. Otro cantar son las propinas.
Como las que consiguen Gala o Miriam cuando suben a la plataforma estrella, el nivel top para bailar y desnudarse, incluso deslizándose varios metros arriba en el tubo. Mientras los hombres, en su mayoría gringos esta noche, lanzan como posesos billetes de un dólar, las mujeres observan a la bailarina exótica con evidente envidia.
La artista deja en evidencia a la decena de bailarinas de niveles más bajos, mientras los Toronto Raptors ganan su partido en el último suspiro a los Atlanta Hawks en la pantalla gigante del local. Las encargadas pasan una especie de limpiaparabrisas para recoger los billetes desperdigados en el suelo y la bailarina se mete el fajo en su bolso. Y que a nadie se le ocurra hacer una fotografía con su teléfono móvil, los vigilantes no tendrán compasión con él.
En Tijuana se cuentan mil historias en torno al HK, por algo estamos en territorio de cárteles narcos. Su personal no se ha librado de la violencia, incluso a su gerente general lo mató un sicario de un tiro en la cabeza en 2023.
TATUADA CON UNA SERPIENTE
Pese a la tolerancia que observa México con la prostitución, esta también tiene sus detractores. Una de las más pintorescas es la famosa Doña Católica, que de vez en cuando acude a los antros locales para «corregir a las muchachas» y «sacarles el demonio», aunque en sus Cuentos del Decameron el famoso Giovanni Bocaccio quiso dejar claro que se trata justo de todo lo contrario.
«Yo estoy aquí porque quiero y la verdad es que he tenido suerte con mis clientes. Como soy muy delgadita, me recomendaron que eligiera a los coreanos que vienen de Los Ángeles o San Francisco. Son muy educados, respetuosos y dejan buenas propinas», continúa Kimberly, que también está tatuada con una serpiente, como la Salma Hayek de la famosa película.
La joven de Guadalajara trabajó el día de la toma de posesión de Donald Trump, que no se celebró en demasía, más allá de las varias cubetas llenas de cerveza que se soplaron los más animados. La fiesta será mucho mayor el domingo 9 de febrero con la Super Bowl, que en México llaman el Supertazón.
Algunas chicas lucen las barras y estrellas estadounidenses, pero hay poco espacio para la tela. Tangas, bodys, hilos, minitops, ligueros, catsuits o vestidos de babydoll, incluido un traje de Superwoman. Botas altas y tacones de aguja. Lo que más se enseña es el trasero, tanto que el HK se transforma por momentos en una mareante ofrenda carnal a golpe de contoneos.
Es la hora punta en el HK y algo le dice al reportero que es mejor emprender la retirada. Kimberly ha cumplido su horario y se va temprano, mañana tiene una ofrenda a la Santa Muerte y no quiere fallar. Gala está de nuevo en las alturas, descifrar su cuerpo tatuado es un reto para la siguiente crónica, sin olvidar que todo lo que pasa en el HK, se queda en el HK...