CRÓNICA
"Mi vida es crear cosas"

El gran constructor español de refugios que tiene al Estado contra las cuerdas: "El búnker de La Moncloa me lo copiaron mal. He enviado cartas advirtiéndoselo a Aznar, Zapatero, Rajoy, Sánchez..."

Tras 28 años de lucha judicial, el ingeniero industrial Antonio Alcahud, uno de los mayores expertos en refugios antiatómicos, ha conseguido que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos registre una demanda por el presunto plagio de su patente

El ingeniero Antonio Alcahud, con un detector de radioactividad Geiger en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Industrial de Barcelona.
El ingeniero Antonio Alcahud, con un detector de radioactividad Geiger en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Industrial de Barcelona.PEDRO SALADOÁRABA PRESS
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«El búnker de La Moncloa me lo copiaron mal. Hoy estaría desfasado y no serviría para nada. Si apuntan a ese refugio, no hay quien se salve. Quedan volatilizados en décimas de segundo». El ingeniero nuclear Antonio Alcahud (Tarazona de la Mancha, 1946) es considerado uno de los mayores expertos del mundo en refugios antiatómicos. Con su empresa ABQ (Atómico, Bacteriológico y Químico) lleva 50 años construyendo búnkers, de manera confidencial, por todo el mundo. Atesora más de 600 en cuatro continentes, para todo tipo de clientes (jefes de estado, multimillonarios, pequeños propietarios) y con todo tipo de características (unifamiliares, de 2.000 plazas, con galería de tiro). Pero carga con una espina clavada: el búnker de La Moncloa, el proyecto que él presentó al Gobierno de España y que, según lleva 28 años denunciando, se construyó siguiendo («mal») su modelo patentado en 1980, «obteniendo un lucro indebido de entre 60 y 90 millones de euros».

Tras agotar todas las vías judiciales patrias (Civil, Mercantil, Audiencia Nacional, Tribunal Supremo y Constitucional), sólo le quedaba el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH), organismo que sólo admite a examen el 2,02% de las demandas presentadas contra España. Pero la suya, alegando « la vulneración del derecho a la propiedad industrial» ha sido una de ellas. «A mí el dinero no me importa, aunque según lo publicado en la prensa, el sobrecoste del refugio monclovita fue 10 veces mayor de lo que yo había presupuestado. Lo que sí me gustaría es que se reconociese mi trabajo. Porque el objetivo de mi vida es crear cosas. Para eso no tengo edad», asegura antes de ofrecerse a arreglar los problemas que a su entender presenta el controvertido búnker de la Presidencia del Gobierno. «No está adaptado a los nuevos misiles hipersónicos. Le he enviado cartas a Aznar, Zapatero, Rajoy y Sánchez advirtiéndoselo. Incluso estoy dispuesto a hacerles uno que sea inmune».

Alcahud llevaba cinco años sin hablar con ningún medio. Un silencio autoimpuesto pese a que en el actual clima geopolítico la demanda de refugios no para de crecer. «Que yo sepa, soy el único ingeniero en el mundo capaz de diseñar un refugio que resista las nuevas armas hipersónicas rusas de trayectoria variable y alcance infinito», explica a Crónica mientras describe las características del misil Kinzhal, el Iskander o el Sarmat, «que viaja a 35.000 km/h y te lo pueden introducir por una ventana con un milímetro de precisión».

Hijo y nieto de pastores, fueron las monjas de Tarazona de La Mancha las que le comentaron a su madre que era una pena que un chico «tan espabiladito» no fuera a la universidad. Acto seguido, la familia vendió sus terrenos e hizo la maleta rumbo a Barcelona, donde sacó la carrera de Ingeniero Industrial Sección Técnicas Energéticas en 1974, con proezas como sacarse tres cursos en uno mientras hacía la mili en Jaca. «Aprobé 27 de las 31 asignaturas, pero también copiaba cuando podía», bromea.

Franco, Sophia Loren y Suiza

Su interés por los refugios antiatómicos surgió en 1975, tras leer una entrevista a Sophia Loren y Charles Chaplin, donde describían sus búnkers en Suiza. Y allí fue él, a estudiar durante cinco años la mejor forma de hacerlos. «En Suiza hay 400.000, y esa cifra sería similar en España si el decreto aprobado por Franco en 1943, que obligaba a construir refugios en toda nueva construcción en poblaciones de más de 20.000 habitantes, no se hubiese derogado en apenas seis meses», recalca mientras enseña una copia del decreto en su móvil, donde guarda 40.000 fotos de sus refugios o las copias de todas las misivas que intercambió con el Gobierno.

«Estas son las cartas que le escribí a Felipe González y a Alfonso Guerra», explica. Los invitaba a Talavera de la Reina, donde inauguró, en junio de 1983, el primer refugio antiatómico colectivo y privado de España, el más grande aún a día de hoy. En plena Guerra Fría, el empresario Justino Pérez, propietario del Hotel Beatriz (ahora Ébora) pidió a Alcahud que hiciera un refugio con capacidad para 400 personas capaz de aguantar una explosión como la de Hirosima, reto que el ingeniero solventó con una estructura de hormigón armado de 600 m2 y 2.500 toneladas, pensada para resistir la explosión termonuclear de una bomba de hidrógeno a 2,5 kilómetros del lugar y una de 100 megatones (equivalente a 10.000 bombas de Hirosima) a 12,5 kilómetros.

A la inauguración acudieron todas las fuerzas vivas de Talavera de la Reina, incluido el arcipreste, que bendijo el búnker. González y Guerra se disculparon aduciendo problemas de agenda, pero enviaron al director general de Protección Civil, que «se interesó mucho» por la construcción.

La intención por parte de Moncloa de reformar el complejo presidencial incluyendo un refugio antiatómico era vox populi y Alcahud aprovechó para mostrar su propuesta, dando pie a una estrecha relación en la que presentó «informes, vídeos, fotografías y planos» de su patente. La última noticia que tuvo fue del secretario general de la Presidencia, quele habló de una «reunión definitiva» que nunca tuvo lugar.

Alcahud no volvió a tener noticias del proyecto hasta que en octubre y noviembre de 1994 EL MUNDO publicó varias informaciones referidas a las adjudicaciones gubernamentales recibidas por la empresa del cuñado de Felipe González, Francisco Germán Palomino Romera, entre las que figuraba «la electrificación del búnker secreto de La Moncloa».

Estallaba así el 'Caso Palomino', que incluyó, el 10 de noviembre, una descripción del búnker monclovita titulada 10.000 millones enterrados. Bautizado como CITA (Centralización de Instalaciones Técnicas Auxiliares), el refugio tenía 7.500 m2 repartidos en tres plantas (la 0, la -5, la -10) que constituían cada una un cuadrado perfecto, puertas falsas, paredes de hormigón armado de tres metros de grosor reforzadas con barras de acero y titanio, quirófano, cementerio... El Cesid (la agencia de inteligencia española reemplazada por el CNI), dirigido por Emilio Alonso Manglano, requirió a este periódico los planos, advirtiendo por carta que dicha documentación estaba «clasificada como secreta» e invocando la Ley de Secretos Oficiales. Pero a Alcahud no le hacía falta ver los planos para vincularlos con su patente.

«Podían haber hecho un refugio redondo, en cúpula, en arco. Podía ser de madera, de acero, de plástico... de muchas cosas que no se contemplaran en mi patente. Pero lo publicado señala que lo hicieron subterráneo, de hormigón, rectangular, en forma de paralelepípedo. Toda una serie de características que he peritado y que ratifican el plagio e invaden de forma específica lo que yo diseñé», sostiene Alcahud. «Cualquiera puede buscar en Google refugios. Le saldrán estructuras americanas, suizas o inglesas, pero ninguna como la mía», reivindica.

Secreto de Estado

Para hacer el búnker, considerado un secreto de Estado, el Gobierno solicitó una licencia de construcción de un aparcamiento subterráneo al Ayuntamiento de Madrid. Ocultos tras una malla verde, la mayor parte los trabajadores no sabían lo que estaban edificando. Y los que tenían constancia de ello firmaron acuerdos de confidencialidad.

Alcahud envió cartas a todas las empresas que habían participado en su construcción reclamando su patente. La falta de respuesta derivó en una querella que inició un tormento judicial que él resume con la Maldición del canto de un euro. «Si coges una moneda de un euro y la tiras al aire, crees que tienes el 50% de que salga cara y el 50% de que salga cruz. Pero no es verdad. Hay estudios científicos que afirman que puede caer de canto y quedarse así. Pasa una de cada 6.000 veces. Y si tiras dos monedas a la vez, ¿crees que hay alguna probabilidad que caigan las dos de canto? Ocurre una vez de cada 36 millones. Es algo que no pasa nunca. Pero es lo que me ha salido a mí con la Justicia», asegura con severidad... y sin ánimo de exagerar. Contrató a un matemático extremeño con 40 años de experiencia y le dedicó 18 páginas de peritaje al asunto.

«Mi caso recayó en el juzgado al que fueron todos los grandes temas de corrupción del Gobierno socialista, con la misma jueza que llevó seis de sus 14 casos de corrupción. Esa probabilidad es la misma que la del canto de la moneda. Hice una simulación en la que estuve dándole 100.000 veces al F9 de una hoja Excel. Repartí distintos casos por los 53 juzgados de instrucción de Plaza Castilla y jamás cayeron más de dos en el mismo. Considero que ahí es donde me falló la Justicia», sostiene.

El calvario judicial no acabó cuando un caluroso 28 de agosto su abogado no hizo frente al cuarto archivo de la causa por «un presunto amago de infarto». Ya por la vía Civil, su nuevo letrado se «olvidó» de enviar el fax con las 300 preguntas del interrogatorio y luego se lo encontró «con un jaguar descapotable nuevo». En 28 años, sólo tuvo un juicio, por lo Mercantil. El último día, se sintió ganador: las empresas que hicieron el búnker de La Moncloa tenían que presentar a testigos de la época, pero en su lugar «acudieron personas que no habían ni nacido por entonces». Pero la sentencia se retrasó un año y el juez determinó que «todo había prescrito». Alcahud agotó todos los recursos ordinarios y extraordinarios del ordenamiento español. Fue entones cuando el caso cayó en manos de José Miguel Castillo Calvín, abogado especializado en «litigiosidad compleja».

"No existe doctrina constitucional"

«A mí el tema me llegó muerto y enterrado. Pero me gustan los temas complicados», resume el letrado granadino desde su despacho, ubicado junto al Ayuntamiento de Madrid. Para Castillo Calvín es muy revelador que el restrictivo TEDH haya decidido estudiar el caso, porque un pronunciamiento suyo sobre el derecho de propiedad «tendría un gran alcance en España, puesto que no existe doctrina constitucional que marque criterios jurisprudenciales a los tribunales inferiores».

Como señala Rodrigo Castillo, también abogado del despacho que defiende a Alcahud, «el derecho de propiedad no es reconocido en la Constitución como fundamental, a diferencia de lo que sucede en Europa, donde el Convenio Europeo de Derechos Humanos sí le otorga tal naturaleza».

Mientras espera una resolución «con una paciencia a prueba de bombas», Alcahud no para. A lomos del «rearme internacional» proyecta refugios en Tarragona, Madrid o Namibia. Su empresa los construye a partir de 60.000 euros. Incluye proyecto, dirección de obra, certificaciones, material de importación específico, sistema de ventilación y filtrado, válvulas antiexplosión, detector de radioactividad Geiger, trajes, máscaras ... «A esto hay que sumar la obra civil convencional. Para un refugio de 50 personas de 50 m2 serían unos 135.000 euros acabado y certificado con la máxima garantía a nivel mundial», detalla. Acostumbrado a pasear por la nube y trabajar con la inteligencia artificial como si fuera un nativo digital, está patentando un sistema que «resuelve las inundaciones de los garajes subterráneos como las sufridas en Valencia por la dana». Y, por una vez, se deja llevar por su instinto y no por la estadística. «Estoy dispuesto a seguir hasta el final, aun con posibilidades escasas. Y pienso que vamos a ganar», sentencia.