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Katy Perry, Shania Twain y Adele; ídolos caídos en la era del anti-fandom

El ensañamiento colectivo del público convierte a las antiguas estrellas en personajes proscritos, a veces por hacer exactamente lo mismo que las llevó al éxito.

Katy Perry en 'It's a woman's world'.
Katy Perry en 'It's a woman's world'.
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Si fandom es la palabra que ha designado en los últimos años a las comunidades de personas unidas por la admiración exacerbada hacia alguien (o, también, hacia un producto cultural), anti-fandom solo puede ser el concepto que define a su opuesto, a los grupos que se unen en torno a un aborrecimiento. Y, aunque suene extravagante, fandom y anti-fandom son, sobre todo, conceptos académicos. Existe incluso algo llamado The Journal of Fandom Studies, una publicación periódica que desde 2014 reúne investigaciones universitarias sobre el asunto. Fandom y clasismo, Las jerarquías del fandom, El caso del fandom y el anti-fandom gay de One Direction, La ética del anti-fandom... Ese es el tipo de artículos que considera la publicación.

Si se llega a sus páginas con el espíritu adecuado, su lectura es disfrutable. Se aprende en ellas que el hermanamiento en el odio es una tentación para todos nosotros, que ha existido siempre y que el caso de la telenovela Dallas, en los años 80 fue un hito en su historia: la gente veía la serie indiscutiblemente para odiar a sus personajes.

Para saber más

Aunque Dallas sólo fue la prehistoria del anti-fandom. Internet estructuró lo que hasta entonces había sido una criatura amorfa. Primero ocurrió en Japón y Corea del Sur. Los grupos de admiradores del K-Pop y del J-Pop, disciplinados y obsesivamente homogéneos, casi militarizados y conectados muy tempranamente a las redes, empezaron, a principios de la década de 2010, a vivir casos terribles de disidencias, expulsiones y filias que se convertían en fobias.

Un ejemplo, por esa época, la banda de chicos surcoreana JYJ se dividió en dos grupos por una querella contra su compañía de representación. El divorcio se convirtió en una quiebra violentísima entre sus admiradores. Los fans se convirtieron en anti-fans y descubrieron que el odio une más que el amor. Otro ejemplo: en 2009, una adolescente surcoreana envió al cantante Taec-Yeon una nota en la que escribió con la sangre de su regla: «Taec-Yeon, no puedes vivir sin mí». La comunidad de admiradores se movilizó hasta que descubrió quién era la pobre chica, que se convirtió en la enemiga pública número uno de su generación. A fenómenos así se le llama en los artículos académicos «Cibervigilancia anti-fandom» y «othering», que podría traducirse como «convertir a una persona en el otro».

La historia del anti-fandom viene a cuento de la caída en desgracia de Katy Perry y Shania Twain y de la retirada prematura (y quizá efímera) de Adele, cansada de la presión que la rodea. El caso más significativo es el de Perry, que la semana pasada presentó su primer single desde 2020, A woman's world. Su vídeo fue recibido con las críticas más crueles que se puedan imaginar, hasta el punto de que la cantante ha tenido que aclarar que el clip está grabado en clave sarcástica. ¿Por qué ese ensañamiento? A woman's world tiene todo lo que construyó el éxito de Perry durante la década pasada: el aire de comedia feminista, más al estilo de los viejos payasos estridentes que de las monologuistas, la imagen sexy, el tempo acelerado... Sin embargo, todo lo que una vez hizo gracia, ahora es motivo de bochorno.

El pecado original de A woman's world es el nombre de su productor, Dr Luke, (nacido Lukasz Gottwald), un músico al que la cantante Kesha demandó por violencia de género, acoso sexual y abuso emocional. Gottwald negó los cargos y demandó a Kesha por difamación. Entonces Kesha dijo que sabía que el productor había violado a Katy Perry. Katy Perry negó sus palabras y la justicia condenó a Kesha por sus palabras. Gottwald salió respaldado por los jueces en su pugna contra Kesha pero se convirtió en un paria en su negocio. Después de trabajar para Avril Lavigne, Britney Spears, Pink y Katy Perry, cayó en el olvido hasta que Perry volvió a llamarlo.

¿Así que Dr Luke está en la cocina de un tema supuestamente feminista? En esa pregunta se resumen las muchas críticas despiadadas contra Perry. A woman's world ironiza en su letra sobre la exigencia social que sufren las mujeres de la generaciónde Perry. La canción, a veces, tiende a atropellarse un poco y no está libre del pecado de los tópicos, pero eso, hasta ahora, no había importado.

El caso de Shania Twain también tiene su complejidad.En junio, cantó en Glastonbury. The Guardian calificó con cuatro estrellas sobre cinco el show, pese a que hubo problemas técnicos y la voz de Twain sonó errática.La reacción del público en las redes, en cambio, fue feroz.Twain, que al principio de su carrera enamoró a su público con el trampantojo de la mujer guapísima que se presentaba como si fuera la chica de la puerta de al lado, tiene 58 años y ha derivado en todo lo contrario: en un personaje teatral que se rodea de drags y cuya cara no es fácil de reconocer. No hay nada de malo en ello pero el fandom no perdona cambios así. Y entonces se vuelve antifandom.

La retirada de Adele es un poco más compleja pero también tiene que ver con sus choques con el público. En junio, increpó a un espectador en un concierto en Las Vegas que supuestamente gritó «el orgullo [LGBTIQ+] es una mierda» en medio de un tema. Cuando se le preguntó sobre el incidente, la cantante admitió que se enoja fácilmente. «Tengo 36 años. Soy una vieja gruñona».