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Lleva Roca Rey un rumbo errático en su estrategia, y últimamente acierta más cuando rectifica. Le viene sucediendo. O sea, primero yerra y luego se enmieda. El dicho atribuye virtudes de sabiduria a quien sabe corregirse. Siempre será mejor que mantenella y no enmendalla. Lo que ocurre es que, cuando se repite en un corto espacio de tiempo una serie de errores de bulto, el sabio ya no parece tan sabio por mucho que rectifique. Sobre todo si los desaciertos suceden ante cuestiones de una obviedad manifiesta. Para el tonto viaje de la Corrida de la Juventud en Illescas no hacían falta tantas alforjas. Ni tantos asesores.
Lo apunté el pasado 9 de marzo en el programa El Toril, de Onda Madrid, días antes de que Roca acabase con el cuadro en Valencia, que el invento illacuriense donde el líder iba a apretarse en enconado compromiso con el caballista Guillermo Hermoso de Mendoza y la novillera Olga Casado se había programado el mismo día -12 de abril- que la corrida benéfica de Toledo por el Hospital de Parapléjicos, que "de Illescas a Toledo apenas hay 28 minutos por carretera pero un abismo de valores". Queriendo poner en valor la juventud, la infravaloraba. Como su condición de líder. Lo decía el otro día José Núñez Cervera en EL MUNDO: "Lo peor que puede hacer un líder es rodearse de pelotas.Quien no acepta la crítica acaba rodeado de mediocres".
A estas horas todavía se está celebrando el aplazamiento -18 de octubre- de la experiencia inmersiva roquista de Illescas como un acto de noble generosidad. Que Roca Rey quiere ahora asistir a Toledo a arropar la causa. Suena similar al volantazo en su postura de rechazo ante la película de Albert Serra (Tardes de soledad) y su aparición en el Senado para entregar al cineasta el Premio Nacional de Tauromaquia. El acierto de la rectificación es la cortina de humo del petardo. Le viene pasando.
"La capacidad del peruano en taquillla y con el toro es tan asombrosa como costosa de entender fuera del ruedo", escribí también hace un mes, poco después de subrayar el resbalón de no asistir a la gala de presentación de los carteles de San Isidro y dejar plantada a Isabel Díaz Ayuso, a quien ahora le gustaría ver como presidenta del Gobierno de España. La fórmula ensayo-error es un cartón del Pryca con cupones limitados, y cuando los gastas todos pasas de sabio a torpe en un periquete. Por muy máxima figura que seas.