Arabia Saudí fichó a Cristiano Ronaldo, tentó sin suerte a Kylian Mbappé y persigue ahora a Vinicius, que mientras perfila su próxima renovación con el Real Madrid tantea su valor de mercado en tierras árabes. Sabe el brasileño, y especialmente sus agentes, que el Gobierno saudí lo dará todo por convertir su país en una potencia mundial a todos los niveles. Y eso incluye el fútbol y el deporte. El príncipe heredero, Mohamed bin Salmán, de sólo 39 años, lleva tres como primer ministro del país y suyas han sido las grandes ideas para cambiar (y lavar) la imagen de su nación a través de la pelota. El Mundial 2034 es la guinda de ese pastel llamado 'Misión 2030' que no deja de crecer y transformarse, con la Supercopa de España como parte central del proyecto.
Las calles de Yeda y Riad, ciudades principales de Arabia y sedes del torneo durante los últimos años, mantienen todavía mucho polvo y suciedad entre centenares de edificios en obras, pero sus gobiernos planean un cambio de 180 grados con Qatar como ejemplo, aunque en el caso saudí la sociedad sea mucho más caótica que la de Doha. En ese sentido, la Copa del Mundo actúa como objetivo primordial. Quedan 10 años para el evento y Arabia todavía está en la fase inicial de los proyectos, con más montañas de arena que construcciones, pero la idea es hacer un Qatar a gran escala, asumiendo las dificultades de un territorio inmenso (casi toda la península arábica) y de unas infraestructuras que dejan mucho que desear.
Para ir asentando su presencia en occidente mientras cambian por dentro el país, Arabia lo tiene claro: deporte. El Dakar, la Supercopa de Italia y España de fútbol, UFC, LIV Golf, Fórmula 1, torneos millonarios de caballos, boxeo, Copa Asia de baloncesto, WTA Tour Finals y ATP Next Gen de tenis... Todo vale.
Una empresa para gestionarlo
Para concretar mejor sus proyectos y el destino del presupuesto del Gobierno, Arabia creó hace unos meses el SURJ, una empresa subsidiaria del Fondo de Inversiones Públicas, que es la que ahora coordina todos los eventos deportivos. Desde su creación, ha gastado 100 millones en eventos de boxeo, ha invertido en la Euroliga de baloncesto y planea una Superliga de ciclismo en la que se dejaría 250 millones. Danny Townsend, su CEO, aseguró hace unos días que «no vamos a tirar el dinero», que era la frase más repetida por medio mundo a la hora de analizar los proyectos saudíes.
En ese sentido, Arabia ha reducido sus inversiones internacionales y ha centrado sus esfuerzos en los eventos y organizaciones nacionales. Un cambio de opinión tras la compra del Newcastle o la creación del LIV de Golf, por ejemplo. El nuevo objetivo es hacer crecer las ligas nacionales y los eventos que se disputan en el país hasta el punto de recibir unos ingresos de 16.500 millones de dólares (ahora mismo el deporte aporta 6.900 millones al Producto Interior Bruto saudí).
Es ahí donde entra el interés por Vinicius de cara a reforzar la Primera División saudí, que no consigue despegar en las audiencias. El Al Nassr espera ganar 109 millones por patrocinios esta temporada gracias a Cristiano Ronaldo, y la liga ha presupuestado ingresos de 80 millones, también en parte por el portugués, pero son cifras que no compensan los lucrativos contratos de los fichajes de los últimos veranos. Las audiencias de televisión, por su parte, tampoco están despegando. DAZN retransmite la liga en Inglaterra y Alemania, mientras que en España se ve a través de marca.com. El fútbol saudí necesita un nuevo empujón y ahí aparece el sueño casi imposible de Vinicius.