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Tocata y fuga del Madrid en Leipzig

Camavinga, ante Dani Olmo en el RB Arena.
Camavinga, ante Dani Olmo en el RB Arena.AFP
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El Madrid salió con vida ante un equipo alemán que, realmente, era un Red Bull bronco, sucio y muy supeditado a una afición con algunas cervezas de más, por cómo apoyaba con supina violencia a este Leipzig mediocre técnicamente.

Creo que el control anti-doping ya no aparece en ningún partido. No me creo que los locales salieran como un toro en situación de soberbio a embestir sin juego. Sólo quería romper al Madrid a base de un fútbol pringoso sin fuste. No jugaban, mordían y si había un primer plano casi echaban espuma por la boca.

¿Qué hizo el Madrid? Pues acongojarse en un principio, porque el equipo teutón era como la marabunta. Apareció Lunin y el Madrid soportó el mayor asalto físico, temperamental de un rival que sólo salía a morder, a dentelladas.

Como ni estimulado podía aguantar más de los primeros 25 minutos y como son mediocres ya no llegaban tanto al leñazo y no administraban bien el ordenamiento en el centro del campo.

Así que, como un milagro prodigioso apareció Brahim con un gol de antología, que dejaba una vez más en ridículo a Ancelotti. El italiano lo considera un suplente y nunca ha creído en él, porque ya no le gustaba en el Milan, el equipo de su vida.

Dudo incluso que esa jugada genial, soberbia, pudiera haberla hecho ni el mismísimo Belligham. Brahim se encuentra jugando con el espíritu santo del fútbol y ha dejado atrás a los brasileños, que siguen sin atinar nunca de cara al gol.

Y se acabó el partido. Puedo sentenciar el Madrid en dos jugadas decisivas. Un remate estúpido de Rodrygo, una oportunidad luminosa que el 11 oscureció; y la gran jugada de Vinicius, que como casi siempre estropea con no liquidar con el remate.

Si el mejor del equipo alemán es Dani Olmo uno se puede imaginar con facilidad que la capacidad técnica del Leipzig es como un fantasma que sobrevuela por unos jugadores que se creen auténticos Red Bulls. Olmo se mató para que el Madid le considere. Pero Olmo no le puede pedir peras al olmo.

Ante un partido áspero, relleno de incomprensible ira germana, el Real Madrid demostró su potencia en Europa. Un partido como un clavo en el pie del equipo de negro. Con jugadores que parecían camioneros nibelungos, como el claro ejemplo de Schlager.

Al final, el Madrid orquestó una buena interpretación de la Tocata y fuga de Juan Sebastian Bach, un ciudadano increíble de Leipzig