A pesar de que desde la invasión rusa de Ucrania ha habido un esfuerzo consciente de varios países para reducir la dependencia de Rusia en mercados clave como el energético, España está hoy más ligada al gas de Moscú de lo que estaba antes de la guerra. En lo que va de año, se han duplicado las importaciones de gas natural licuado (GNL) ruso respecto al mismo periodo de 2022, un año en el que el peso de Rusia como exportador ya alcanzó un máximo histórico.
En lo que va de año Rusia es ya el tercer exportador de España por importancia (20,1%), el doble del peso que tenía a mitad de 2022 (10,1%) y también con prácticamente el doble de gas enviado (41.145 GWh frente a 22.948 GWh) en un año con menor volumen de importación en España.
Además, durante el mes de junio, España importó 7.673 GWh de GNL ruso, según el Boletín estadístico de Enagás. Es una cifra algo inferior a lo que registró en el mismo mes de 2022 (8.752 GWh), pero en este año, en el que han bajado las importaciones, supuso que Rusia se colocase como principal exportador en el periodo (26,8% del total de las importaciones).
Rusia cerró 2022 como el cuarto exportador y con un porcentaje bastante inferior (12,1%) sobre el total, si bien esto ya supuso su máximo histórico. De continuar la tendencia, volverá a superar sus envíos (ya ha entrado en España el equivalente al 76% de todo el gas que entró en 2022) y su posición entre los países exportadores. En los seis primeros meses del año está prácticamente empatado con Estados Unidos (20,2%), que ha experimentado una caída considerable respecto a 2022 (34,4% a mitad de año) en los últimos meses. Un mes antes, de hecho, su aportación fue aún menor (5,7% del total).
Según explican a EL MUNDO fuentes del sector, la reducción de las importaciones desde Estados Unidos se debe, principalmente, a una mayor demanda desde Asia, pero también al mantenimiento en la planta de exportación de GNL de Sabine Pass, en Texas, que concluyó el 28 de junio. El año pasado un incendio en la planta de Freeport también afectó a la producción de GNL estadounidense.
Argelia, mientras, se mantiene como principal exportador de gas natural a España y en lo que va de año es el origen del 24,4% del gas que entra en el país. En junio redujo algo el ritmo, lo que permitió el sorpasso ruso ese mes, por un mantenimiento anual programado que ya ha concluido, por lo que la conexión vuelve a estar a un nivel de utilización cercano al 90%. Pero España comenzó 2022 con la necesidad de encontrar proveedores alternativos a Argelia después de que cerrase el gasoducto del Magreb y en este escenario, Estados Unidos, con bastante flexibilidad en su producción de GNL, fue quien más aportó en los primeros meses y, de hecho, terminó el año como principal exportador (29,1%), por encima del país africano (23,8%).
Argelia había tenido tradicionalmente este papel protagonista (en 2018 introdujo el 51% del hidrocarburo). Únicamente perdió el 'trono' en 2022, el primero completo tras el mencionado cierre del gasoducto del Magreb en noviembre de 2021. Éste, en cualquier caso, se debió a las tensiones entre el Gobierno argelino y Marruecos, desde donde llegaba el 'tubo'. España y Argelia también están unidas físicamente por Medgaz, que conecta ambos países por Almería. Y también hay importaciones que entran por barco en una de las seis plantas regasificadoras (siete si se cuenta El Musel, en Gijón, aunque no está conectada al sistema gasista español).
De todos modos, que llegue gas ruso no quiere decir necesariamente que entre al sistema y se utilice, ya que otros países pueden usar las reservas de las plantas regasificadoras y 'repostar' en ellas, especialmente en El Musel, que acaba de comenzar sus operaciones. Esto, de hecho, es lo que ofreció España a Europa al inicio de la crisis energética, cuando preocupaba el suministro de cara al invierno. Lo hizo, eso sí, en un contexto en el que también estaba sobre la mesa una conexión con Francia -la evolución del Midcat- que finalmente terminó replanteándose como un 'tubo' para hidrógeno que no estará listo hasta 2030, H2Med.
En este contexto se llega a los meses más duros del verano, cuando el calor tensionará el sistema y aumentará la demanda del combustible para generación eléctrica, especialmente por las necesidades de refrigeración. Esto se produce, además, en unas semanas en las que la producción eólica suele caer porque no sopla tanto el viento. Ahí entra el ciclo combinado -las centrales que usan el hidrocarburo-, que da respaldo al sistema cuando otras fuentes intermitentes fallan. O cuando hay más demanda de la prevista, como ha ocurrido el último año con las exportaciones de electricidad a Francia por los problemas en su parque nuclear (que comienza a recuperarse).
Este verano la situación es distinta al anterior por un motivo sencillo: hay gas. Mientras que el año pasado la amenaza del invierno hizo que el conjunto de la UE se apresurase para llenar sus reservas subterráneas, en 2023 el punto de partida es mucho menos preocupante. A 1 de julio de 2022, el conjunto de las reservas europeas estaba al 58,55% -España, al 72,32%-, según AGSI, mientras que cuando comenzó el mes este año llegaban al 77,66% y en España rozaban el 98%.
El gas ha sido una de las claves de la guerra desde que comenzó el conflicto, ya que ayuda a financiar a Rusia, pero también es básico para ciudadanos y empresas. El 31,4% del gas se utiliza para la generación eléctrica o de calor, el 24% se destina a los hogares y el 22,6%, a la producción industrial, según Eurostat. En España, el 37,8% de todo el gas se destinó al sistema eléctrico en 2022, si bien se trató de un año atípico en el que las centrales de ciclo combinado fueron la principal fuente de generación.
En el caso del GNL la relación fue aún más compleja, porque, a diferencia del gas que se enviaba por los gasoducto rusos, el licuado que viaja en barco no está sujeto a sanciones. Por lo tanto, se dio la paradoja de que el gas de Rusia se utilizó, en parte, para garantizar el suministro cuando Rusia cortó el grifo. Fue un año en el que hubo una mayor importación (446.550 GWh en 2022, frente a los 416.685 GWh de 2021) y, al mismo tiempo, una menor demanda (un 3,7% inferior respecto al año anterior) en un 2022 marcado por las medidas para ahorrar y reducir así el consumo y la dependencia.
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