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El sujeto que hoy merece ser examinado es Esquerra Republicana, no sólo por su interés científico, sino porque será su debacle la que guiará el camino del futuro de Cataluña. La derrota es más clamorosa porque ha dilapidado la ventaja del convocante. Su candidato fue quien eligió disolver el Parlament y se equivocó. ERC es un partido con una vida orgánica tensa. A partir de hoy, más que tensa, será convulsa.
La noche electoral les debió de resultar insoportable. Según avanzaba el escrutinio era posible y dejaba de serlo un tripartito de socialistas, republicanos y comunes con mayoría absoluta. Menudo frenesí, cuánta ansiedad. Ya es curioso que Esquerra Republicana no tuviera claro si quiere el derecho a decidir. Finalmente está condenado a elegir y un partido que ha perdido un tercio de sus escaños no es un árbitro previsible. Es una organización desquiciada y ansiosa. ERC, además, debe reflexionar sobre su relación el PSOE.
No es fácil resucitar a un muerto. Pedro Sánchez lo ha conseguido y esa proeza biológica nunca dejará de agradecérsela Carles Puigdemont. Era un paria en Bruselas, un fantoche en una corte de plástico. Como en España el imperio de la ley va cediendo terreno al imperio de la necesidad, le bastaron 7 escaños en el Congreso de los Diputados para que su pasado quedara limpio y su futuro se apreciara prometedor.
Es verdad que Aragonès ha prometido regresar a la oposición, pero promesas más convincentes se han roto. Sigo tratando de descifrar qué es lo que ha debido de bullir en la cabeza de un dirigente de Esquerra en esta terrible noche de insomnio. Nadie verá con tal pavor la posibilidad de una repetición electoral. Quizás los que han seguido la campaña en la distancia no hayan reparado en que también Puigdemont lo hizo así. Entre los factores del análisis, los republicanos tendrán que ponderar qué puede ser de ellos tras una campaña catártica tras el regreso triunfal del president en el exili.
El PSC les propondrá protagonizar juntos un nuevo 'momento Estatut'. Salvador Illa conduciría el vehículo político hacia un nuevo encaje, que culminará con la votación de un acuerdo y la promesa de que esta vez hay un Constitucional que no pondrá problema. Consiga o no consiga seducir a ERC, una pregunta quedará flotando en el ambiente: ¿qué podría ofrecer Sánchez a Puigdemont para comprar una prórroga de su apoyo? Puede que entonces, sencillamente confíe en que la gente se crea que ha sido la amnistía la que ha propiciado el retroceso del independentismo y que así se lo reconocerán en una nueva ruleta electoral.