INTERNACIONAL
La Mirada del Corresponsal

La eutanasia divide a los británicos

El 74% de los británicos apoya la eutanasia para los que padecen "un sufrimiento intolerable" pero el impulso de una nueva ley ha creado una profunda fractura política

Activistas proeutanasia se manifiestan frente al Parlamento, en Londres.
Activistas proeutanasia se manifiestan frente al Parlamento, en Londres.Ben StansallAFP
PREMIUM
Actualizado

La eutanasia vuelve a llamar a las puertas del Parlamento británico. La última vez fue el 2015, cuando fue rechazada abrumadoramente por 330 votos en contra y 118 a favor. Se estima que 540 británicos han tenido acceso en la última década a la "muerte asistida" en Suiza, a través de la organización Dignitas. En Inglaterra y Gales, colaborar en un "suicidio asistido" es un delito castigado aún con penas de hasta 14 años de cárcel.

La presentadora de televisión Esther Rantzer, en fase terminal de un cáncer de pulmón, ha generado un intenso debate en los últimos meses anunciando que planea morir en Suiza con asistencia médica al no poder hacerlo en su país: "Todo lo que estamos pidiendo es el derecho a elegir, no a acortar nuestras vidas, sino a acortar nuestras muertes".

En plena cuenta atrás para la nueva ley, el arzobispo de Canterbury Justin Welby se desmarcó con un duro alegato en contra en las páginas de 'The Daily Mail', con la muerte natural de su madre de 93 años aún reciente: "No quiero que la gente que amo elija morir porque siente que es un peso para los demás (...) El derecho a acabar con tu vida puede fácilmente, y accidentalmente, convertirse en el deber de morir".

El 74% de los británicos apoya la eutanasia para "los que padecen un sufrimiento intolerable por una condición incurable y que deseen acabar con sus vidas", según un reciente sondeo de Opinium. En otra encuesta, del Kings College de Londres, el 66% respalda una ley restringida a los que tienen seis meses de esperanza de vida o menos, aunque el porcentaje disminuye si el enfermo es sometido a presión (55%) o si no recibe los cuidados médicos que necesita (48%).

Defensores y detractores de la nueva ley se congregaron a lo largo de este miércoles en la explanada del Parlamento para hacer oír sus argumentos con megáfonos y pancartas. "Esta ley permitirá a los enfermos terminales controlar su propia muerte si el sufrimiento se hace insoportable", advirtió Sarah Wootton, al frente de Dignity in Dying.

Para los manifestantes de Care Not Killing, la nueva ley equivale sin embargo a "la muerte autorizada por el Estado". "Los ancianos, los discapacitados y las personas más vulnerables, sobre todo las de bajos ingresos, sentirán que sus vidas valen menos que otras", declaró el director ejecutivo del grupo anti-eutanasia, Gordon McDobald.

"Yo seré la voz más alta en el Parlamento defendiendo los derechos de los más vulnerables y recalcando la necesidad de introducir protecciones y salvaguardas", recalcó por su parte la diputada laborista Kim Leadbaster, la impulsora de la nueva ley que en su opinión equipara finalmente al Reino Unido con otros países de su entorno como Australia, Canadá, Nueva Zelanda, Suiza o España.

"Cada caso deberá ser respaldado por dos doctores y un juez", explicó Leadbaster. "La ley requerirá un diagnóstico de un número determinado de meses de vida, y existirá un período de reflexión (...) La ley solo afecta a la gente que está muriendo por una enfermedad terminal, para acortar su muerte. Se trata de dar una opción a la gente al final de sus vidas".

La ley de la eutanasia ha creado ya profundas divisiones dentro de las filas laboristas y conservadoras. El "premier" Keir Starmer, que votó a favor en el 2015, se comprometió durante la campaña electoral reformar la ley y ha dado libertad a sus diputados para votar con su conciencia cuando llegue el momento.

El texto pasó este miércoles por su "primera lectura", será debatido en pleno el 29 de noviembre y pasará previsiblemente por una votación antes de finales de año, tras pasar por la fase de enmiendas en la Cámara de los Lores. La polémica está servida, con el llamamiento desesperado de la presentadora Esther Rantzer ("la gente debería tener el derecho a dejar de vivir cuando su sufrimiento es insoportable") y la réplica del diputado conservador de su distrito Julian Lewis: "Nadie debería verse obligado a seguir esta ruta; reforzar los cuidados paliativos debería ser la respuesta".