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"Surgió por una necesidad personal, tanto mía como de Alfonso. Desde que tenemos uso de razón, a ambos nos ha gustado la cultura y la literatura japonesa, y llegó un momento en que queríamos leer libros que nadie publicaba. Entonces, se nos ocurrió la brillante idea de publicarlos nosotros mismos. No hicimos un estudio de mercado ni nada parecido, simplemente nos lanzamos a la piscina", recuerda Marián Bango, cofundadora de Satori, única editorial española especializada exclusivamente en Japón. Fundada en 2007 junto con su socio Alfonso García, abarca todos los aspectos de la cultura japonesa, y publica tanto literatura como ensayo.
"Fue una labor a largo plazo, de ir plantando semillas, ir encontrando autores, confiar en que quizá un autor que no había tenido éxito podía tenerlo un poquito más adelante. Hemos crecido con nuestros lectores, que nos han ido orientando, viendo sus gustos, advirtiendo que hay un público lector que coincide con nuestros propios intereses", explica.
Lo que en hace casi 20 años podía parecer una locura se demuestra hoy una apuesta sólida. Sorprendentemente, el año pasado la tercera lengua traducida en España fue el japonés, uno de los idiomas que más ha crecido en la última década, más de un 90%. Un auge, que aunque puede explicarse en buena medida por el boom del manga del último lustro, se une también al crecimiento del mercado de la literatura de Asia Oriental, cada vez más demandada en España, con iniciativas populares como el Marzo Asiático, creado hace años en redes por la divulgadora cultural Magrat Ajostiernos y un auténtico despegue de la literatura china, japonesa y coreana.
El caso de Satori no es ni mucho menos único en un ecosistema del libro español en el que la literatura traducida ha tenido siempre mucho peso. Según datos del Ministerio de Cultura, de los 87.122 libros publicados en 2023, 12.539 vienen de idiomas extranjeros (sin contar las traducciones de otras lenguas peninsulares), casi un 15%. Un porcentaje que convierte a la literatura española en una de las primeras de Europa en traducción. Y dentro de este mundo, destaca la labor de editoriales de pequeño tamaño que apuestan por países o regiones muy alejadas del mainstream de la edición española, centrada en el inglés (7.233 ejemplares) y el francés (1.615).
Aventuras hechas de pasión
Como en todo lo relacionado con cultura, la pasión y la vocación que citaba Bango son clave, pero al adentrarse en la literatura de una cultura tan ajena también es fundamental contar con expertos, en este caso traductores que no sólo dominan el idioma, sino que conocen a fondo los países o han vivido en ellos.
"Afortunadamente, nosotros traducimos siempre directamente del japonés, no como hace décadas, pues hoy ya hay estudios japoneses solventes, gente muy formada en el idioma japonés y la cultura del país", opina. "Además, como los nacidos a finales de los 70 ya fuimos creciendo con Japón más cerca, a través de los dibujos animados y el manga, ya no nos chocaban cosas como que se sentarán de rodillas en casa, durmieran en el suelo y otros mil aspectos culturales".
Aunque empezó con no ficción y se centra mucho en autores clásicos, con los años el catálogo de Satori abarca de todo, más allá de modas actuales. "Existe una tendencia a publicar autoras contemporáneas japonesas o coreanas, parece que todo catálogo debe tener una. Como lectora me parece apasionante, pero nosotros no queremos dejarnos llevar por las tendencias, sino seguir con nuestra idea de hacer una editorial de literatura japonesa de todos los tiempos y géneros: medieval, poesía, teatro, libros de época Meiji...", enumera Bango. "Nuestra idea era abarcar todo lo japonés, era nuestra ilusión hacer los libros que queríamos leer y, tras muchos años, constatamos que hay gente que también quiere leerlos".
Justamente al calor de este auge de literatura asiática han surgido también proyectos muy interesantes. Si, como decía Bango, toda editorial comercial o literaria, grande o pequeña, tiene su autor de Asia Oriental, la idea con la que nació la editorial Tamago fue muy diferente. "Tenemos una acedemia de idiomas, Espai Travinae, que enseña chino, japonés y coreano. Al adentrarnos en esas culturas vimos que había obras sin traducir, y decidimos aventurarnos", cuenta Mónica Somalo, una de las fundadoras. Desde 2022, Tamago ha publicado tres libros -en unas semanas sale el cuarto- que tienen en común ser rarezas inencontrables en nuestro país.
"Comenzamos con la poesía de Tatsuji Miyoshi, una especie de Bécquer japonés que allí se estudia en las escuelas pero no se conoce en Europa. Y después seguimos con el norcoreano Kim Sa-Ryang, originario de Pyongyang, pues apenas existe literatura de ese país, salvo si habla de exilio o refugiados", relata Somalo. Ahora preparan un inédito del más conocido Osamu Dazai, "que el propio autor tituló en alemán, Das Gemeine, que significa la vulgaridad o la bajeza. Podemos escoger cosas tan específicas porque es un proyecto que hacemos por amor al arte, sin apoyos ni subvenciones, como complemento al de la escuela. Pero el interés existe, es evidente".
Otro proyecto casi recién nacido es la singular editorial La Tortuga Búlgara, creada por el empeño de Marco Vidal, estudiante de literatura eslava que, tras vivir en Bulgaria, desde donde habla con La Lectura, se dio cuenta de que "en el mundo editorial español falta profundizar en la literatura eslava, en concreto en la búlgara, y más específicamente en la poesía". Sus primeros tres libros, tres poemarios de autores muy dispares -"Kíril Vasílev, Alexánder Shúrbanov y Kamelia Panayótova, poetas reconocidos en su país de 25, 55 y 80 años"- han visto la luz este 2024, y en otoño planea "publicar dos libros de relatos, y más adelante, novelas".
E incluso abrir la editorial a otros países del Este, "aunque el núcleo será siempre Bulgaria y su literatura, contemporánea y clásica. El lector valora cada vez más los descubrimientos, lo desconocido, y aunque a nivel comercial pueda ser complicado, tener una imagen específica es fundamental".
Sorprendentemente, Vidal apunta que España es bastante conocida en el país balcánico. "Aquí todo el mundo tiene familia que trabaja o ha vivido en España, y en todo el país hay casi 20 colegios bilingües de español, no sólo en Sofía, sino en muchas ciudades pequeñas". Por eso, su ilusión es "poner Bulgaria en el mapa literario español y darle visibilidad a unas obras que no se acaban con Gospodínov, por mucho que el reciente Premio Booker haya sido un impulso para conocer las letras del país. La idea es, poco a poco, darle al lector la oportunidad de descubrir que el Este es mucho más que la literatura de Rusia y Ucrania, tristemente tan de moda hoy".
Multiculturalidad real
De hecho, Europa Oriental, una de las 22 subregiones en las que la ONU divide el mundo, incluye 13 países de toda la antigua órbita soviética. A ellos, sumados los tres bálticos, dedica su labor editorial Kasia Olszewska, oriunda de Polonia, al frente de Báltica Editorial desde 2017. "Empezamos de forma muy gradual, con dos o tres libros al año, y con la conciencia de que, aunque se ha publicado mucho en los últimos 20 años, por parte de editoriales como Acantilado o Impedimenta, no existía ninguna dedicada en exclusiva, y la literatura de esta parte de Europa sigue siendo muy poco conocida", defiende.
En su catálogo conviven antologías de relatos lituanos, estonios y letones con novelas centroeuropeas y ensayos de autores nacionales, pero dedicados a esos países, como el reciente Bielorrusia. La última república soviética, de José Ángel López Jiménez, "el único libro sobre ese país en España". Olszewska reconoce que hay dificultades específicas, "ofrezco autores cuyos apellidos son difíciles de pronunciar y que no cuentan con todo ese aparato de marketing que puede tiene un autor anglosajón o francés". Sin embargo, sí destaca, por ejemplo, "la labor de diferentes institutos culturales, que casi la mayoría de esos países tiene, y que va desde apoyo a la traducción hasta otros aspectos importantes".
Tras siete años, la editora reconoce que la actual guerra en Ucrania ha supuesto "un pico de demanda en la región que es el lado positivo de este drama, pero el interés ya era anterior. Países como Chequia, Polonia y Rumanía ya cuentan con lectores aquí", opina. "Europa siempre ha presumido de su multiculturalidad y de ser políglota y en el mundo actual, cuando se supone que tenemos acceso a todo, no podemos permitirnos dar la espalda a toda esa diversidad, en el mundo literario y en general".
Abarcar todo el mundo
Sin embargo, centrarse en un país o una región no es la única opción a la hora de alimentar las literaturas de países remotos o exóticos. En otras ocasiones, los editores se guían por un gusto personal que abarca todo el globo sin detenerse en fronteras. Es el caso de Eva Guillén y Ricardo López, quienes tras "un pasado profesional de viajar bastante por el mundo, tanto a ferias como con proyectos de consultoría, por latitudes poco comunes de África, Asia, y Europa del Este", decidieron, "atraídos por esas otras perspectivas y culturas", fundar en 2016 Armaenia Editorial.
"Publicamos poco y muy seleccionado en función de nuestro gusto, en base a lo que vemos en ferias de todo el mundo, a lo que nos ofrecen los traductores o a lo que leemos. Queríamos diferenciarnos del panorama editorial más común, pero no encasillarnos en un país ni en una zona geográfica concreta", explican. Así, en su catálogo pueden convivir "una historia de Sudán o de un autor indonesio con un clásico ruso, que también tenemos, o una novela como Ève de entre sus escombros, de la mauriciana Ananda Devi, que sacamos hace poco".
Aunque reconocen que un planteamiento tan expansivo puede ser ambicioso, López y Guillén apuntan que cada vez se percibe mayor interés del lector, gracias a "la labor de muchas editoriales que se están abriendo a esas posibilidades, incluso de las grandes, que también están viendo un posible nicho en este tipo de literaturas más desacostumbradas y desconocidas". Sin embargo, la dificultad principal estriba en la escasa capacidad de hacer promoción y de obtener visibilidad. "La clave es trabajar mucho el libro con los medios de comunicación, dejarles cierto tiempo, una vida más larga que las habituales novedades. Y, por supuesto, darlo a conocer a los libreros para que se entusiasmen y hagan de prescriptores con sus clientes. Los libreros cómplices son claves para este tipo de literatura".
Con esta opinión coincide Daniel Osca, fundador en 2009 de Sajalín editores, que lleva 15 años haciendo lo propio. "La idea ya desde el principio siempre fue publicar narrativa traducida, algo que entonces era aún más arriesgado, pero me motivaba descubrir voces de otros países, de otras culturas. En estos años hemos publicado autores de una veintena de países, más o menos, pero sin centrarnos en un continente o en un país en concreto", explica. Con un criterio más temático que geográfico, Sajalín cuenta con dos colecciones, una homónima, dedicada a obas inéditas u olvidadas de la mejor narrativa extranjera contemporánea, y Al margen, "de narrativa más criminal, pero desde el punto de vista del criminal, o que trata adicciones, bajos fondos, realismo sucio...".
"Es cierto que hay países muy complicados de vender en España, los australianos, por ejemplo, o los africanos, de los que tenemos uno de Egipto y uno de Zimbabue. También es complicado, a veces, con autores balcánicos", abunda Osca, que sin embargo presume orgulloso de un de sus últimos títulos, Cartas desde el manicomio, del bosnio Dario Dzamonja. "Es un escritor enorme que falleció hace unos años muy joven. Está gustando mucho, algo que me hace una ilusión especial, pues es su primer libro traducido a cualquier idioma".
Y es que tal y como entiende él su labor, las editoriales como la suya "están creadas para descubrir y dar a conocer autores de lugares menos habituales, un trabajo imprescindible". ¿Y si uno de ellos alcanza el éxito y se marcha a un gran grupo o a otra editorial mayor? "A pesar del éxito daría rabia, seguro, pero es la ley del mercado y hasta cierto punto es comprensible. Nuestro trabajo es ensanchar el mapa literario global para el lector español, lo que pase después...".
África, asignatura pendiente
Dentro de sus proyectos integrales, Armaenia y Sajalín cuentan ambas con autores africanos, la zona de todo el mundo que más se resiste a entrar definitivamente y con solvencia en el mercado literario nacional. Y no es porque no se haya intentado. Al buen hacer de proyectos como Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, centrada en los países norteafricanos, o Wanafrica y 2709 Books, se unen otros que, lamentablemente han tenido que bajar la persiana, como Baphala Ediciones, que Mariana Jorge hubo de paralizar tras seis años. A este respecto es ilustrativo el caso de José Manuel Esquinas, editor de la pionera Zanzíbar entre 2001 y 2011.
"Hace 25 años el mundo editorial era muy distinto, pero ya entonces apenas había literatura africana. Entonces, surge la duda, ¿no está representada porque no hay interés o porque nadie se ha atrevido? Para descubrir la respuesta, había que intentarlo", rememora Esquinas, quien tras varios viajes a África con su socio, especialmente tras uno de Dakar a Bamako, se lanzó a la aventura. "Comenzamos con dos títulos, El baobab que enloqueció de Ken Bugul y Mi carta más larga de Mariama Ba, y desde entonces publicamos dos libros al año, unos 20 en total".
Sin embargo, tras una década, el exeditor tuvo que asumir "que no había un público real, ni siquiera 1.000 lectores. Todavía hoy, creo, estamos muy influidos por los clichés y una imagen distorsionada de África que incluye miseria, atraso y desolación, por lo que no queremos salirnos de ese marco que la literatura expande irremisiblemente". Eso sí, Esquinas destaca que "muchos de los libros que nosotros editamos fueron después publicados por otras editoriales, así que tan mal no lo hicimos".
Descubrir lo cercano
A la hora de dar a conocer en profundidad una cultura no hace falta irse tan lejos, como demuestra el trabajo que desde 2018 lleva a cabo Altamarea, especializada en un país tan cercano geográfica y culturalmente como Italia. "Giuseppe [Grosso] y yo advertimos que, si bien podría parecer que conocemos la literatura italiana, en realidad había mucho título que se había escapado o que estaba olvidado o que no había sido ni traducido. Y quisimos crear un catálogo razonado que condensara la realidad literaria del país como podría hacerlo alguien local", reflexiona Alfonso Zuriaga.
En este sentido, el editor reconoce que su propuesta puede parecer menos exótica o deslumbrante que otras, pero que con los años han logrado "un público fiel que entiende el concepto y está atenta a toda una serie de nombres que, fuera de los clásicos, merecen estar en la estantería de cualquier lector español amante de Italia, como Guiseppe Berto, Dacia Maraini, Ignazio Silone o Ennio Flaiano, por citar algunos". Y su apuesta editorial no se acaba en los propios libros, pues desde 2021 disponen de una librería en Madrid (en la calle Eugenio Sellés, 3), "fundamental para hacer una labor de prescripción, para presentaciones de autores y para reservar un espacio muy difícil de encontrar en otras librerías para aquellos títulos italianos que no están al orden del día".
Este particular viaje al mundo por literaturas diferentes concluye con esta reflexión de Zuriaga. "Sin descuidar el potente y nutrido mundo del español, es importante mirar hacia las literaturas extranjeras y su riqueza. Nuestro trabajo en Altamarea demuestra que hasta un país tan cercano como Italia tiene potencial en este sentido".