LA LECTURA
El libro de la semana

Lo último de Antonio Scurati sobre Mussolini: cuando la caída de un hombre es la caída de todo un pueblo

En este último volumen de su monumental tetralogía sobre el líder fascista, a quien retrata como un mediocre preso de sus obsesiones, Antonio Scurati desmitifica con precisión de cirujano y certero pulso narrativo la obra y el legado del Duce

Última fotografía de Mussolini con vida, el 25 de abril de 1945, mientras abandonaba la Prefectura de Milán.
Última fotografía de Mussolini con vida, el 25 de abril de 1945, mientras abandonaba la Prefectura de Milán.
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Durante el cautiverio romano de 1943, Benito Mussolini anotó en su cuaderno: "Cuando un hombre se derrumba con su sistema, la caída es definitiva". A reflejar la caída del hombre, aunque también el hundimiento del fascismo, dedica Antonio Scurati (Nápoles, 1969) las páginas del último tomo -M. La hora del destino- de su magistral tetralogía sobre el Duce.

En él, Scurati desmitifica la obra del dictador italiano con la precisión de un cirujano y con certero pulso narrativo. Nada parece quedar fuera del alcance de su mirada, despojada y extraordinariamente penetrante. Se trata -conviene decirlo ya- de uno de los grandes proyectos literarios en la Europa de las últimas décadas, cuya ambición se hace palpable no sólo por el número de páginas (varios miles si sumamos los cuatro volúmenes publicados), sino también por su brillantez.

M. La hora del destino

Traducción de Carlos Gumpert. Alfaguara. 744 páginas. 22,90 € Ebook: 13,99 €
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Si en los tres primeros tomos Scurati diseccionaba los inicios y el auge del fascismo italiano (el rol, por ejemplo, que desempeñó la violencia como elemento estructural en la nueva ideología totalitaria o en el resentimiento de la sociedad italiana por lo que se percibía como una humillación internacional tras la Primera Guerra Mundial), en La hora del destino se centra en otro elemento fundamental: la creciente soledad de Mussolini.

Una figura fantasmal

A lo largo del libro, el Duce aparece como una figura cada vez más aislada, incluso de sus colaboradores más próximos. Se trata de la caída del coloso con pies de barro, una historia tan antigua como la humanidad. Este aislamiento, que comienza como una cuestión política, se convierte a la vez en tragedia personal y colectiva.

Lejos del líder infalible, capaz de controlar y manipular a las masas, Scurati nos ofrece la imagen de un dictador mediocre, preso de sus obsesiones y del curso de la historia, convertido en una figura fantasmal e impotente ante los demonios que él mismo desató; atrapado por sus delirios de grandeza durante la guerra mundial y, especialmente, por su relación con Hitler, que acaba convirtiéndose a lo largo de la novela en una metáfora de la sumisión.

"La Gran Bretaña -alardea Mussolini en un discurso pronunciado en Sicilia en 1942 ante un escuadrón de aviadores italianos- ha sentido por fin en lo más profundo el mordisco de la loba de Roma". Apenas un año después, el mariscal Pietro Badoglio firmará la capitulación de Italia. Nuestro Josep Pla decía que la realidad es una fuerza inconmensurable. La negación de la realidad, se diría, conduce inevitablemente a la ruina.

Todo esto lo explica el escritor italiano con un lenguaje que nunca pierde intensidad. Por medio de una prosa austera y cargada de matices emocionales, el autor logra plasmar la gravedad de aquel momento histórico sin caer en la grandilocuencia. Al contrario, su sobriedad estilística actúa como un recordatorio de la inexorabilidad del destino que define toda tragedia.

El matadero de la historia

Pero Mussolini, al igual que sucedía en los tomos anteriores, no es el único protagonista. Los personajes históricos que acompañaron al dictador en su declive, como el mariscal de la aviación Italo Balbo, el conde Ciano o Clara Petacci, tienen un papel fundamental y sus perspectivas permiten profundizar en las complejidades íntimas del régimen fascista. Pero Scurati introduce también figuras menos conocidas, como la del escritor Mario Rigoni Stern (si no han leído su conmovedora novela El sargento en la nieve, publicada hace unos años por Pre-Textos, háganlo de inmediato) o la del perturbador esgrimista olímpico Alessandro Pirzio Biroli, cuyo efecto combinado redunda en una multiplicidad de voces y miradas que nos ayudan a entender mejor la coyuntura histórica que se vivía en Italia.

El escritor italiano Antonio Scurati.
El escritor italiano Antonio Scurati.

De Rommel a Churchill, de Alemania ("Hitler no entiende el Mediterráneo", escribirá Mussolini en 1941) a Inglaterra, la tragedia europea se va fraguando en toda su magnitud a medida que el libro avanza y que el relato, sustentado sobre una exhaustiva documentación archivística, se despliega con toda su fuerza. La muerte no respeta a nadie.

Un ejemplo de lo que digo: "El bosque está sombrío, los pésames son apresurados, el tren ha llegado puntual. Adolf Hitler espera a su huésped al borde del bosque, estrecha largo rato la mano de Benito Mussolini en la suya, con afecto, el Duce responde en alemán a las expresiones de condolencia. Cuando el líder del fascismo llega la tarde del 25 de agosto al cuartel general de Hitler cerca de Rastenburg, Bruno Mussolini, el tercer hijo que tuvo con Rachele Guidi, ha muerto hace menos de veinte días, con sólo veintitrés años, tras estrellarse al intentar aterrizar en un campo de maíz al final de un trivial vuelo rutinario".

Prosigue Scurati: "Bruno se vio devorado por las guerras de su padre con poco más de veinte años. Su padre, que lo amaba, lloró su muerte. Inmediatamente después emprendió un viaje de Estado a Prusia Oriental". La muerte, siempre la muerte. Y el horror. "Todo un pueblo -insiste Scurati- arrojado al matadero de la historia. Nuestro pueblo".

Un rostro moral

Y, en efecto, este es el relato que nos brinda Scurati en su libro: no sólo un retrato minucioso de Mussolini y del fascismo italiano, sino también una reflexión sobre la fragilidad del poder, sus miserias y la inevitabilidad del destino. Al mostrarnos el pasado en toda su crudeza, el autor nos invita a reflexionar sobre el presente para que no olvidemos que la historia es maestra de la vida y que la literatura tiene mucho que enseñarnos sobre la condición humana.

"Ninguna época escapa a su locura", escribió en una ocasión Ernst Jünger, alertando sobre las modas ideológicas de cualquier tiempo. M. La hora del destino insiste en esta lección. Porque la experiencia de la historia puede ser caótica, cruel e imprevisible, pero la responsabilidad del hombre dibuja el rostro moral de una civilización enfrentada a la barbarie.

En este sentido, todos somos jueces y parte del destino que nos pertenece. Este libro debería ser de lectura obligatoria, como el Archipiélago Gulag de Solzhenitsyn o la Trilogía de Auschwitz de Primo Levi.