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Fernando Aramburu: crudos relatos de humor, venganza, suicidio y terror

En 'Hombre caído' el escritor reúne 14 relatos, por descontado muy bien escritos, sobre temas que en otro autor resultarían insoportables, pero en sus manos son divertidos y agudos

El escritor Fernando Aramburu.
El escritor Fernando Aramburu.Sergio Enríquez-Nistal
Actualizado

Una normativa municipal que prohíbe que se auxilie a los ciudadanos que se vean en apuros; un niño cuyas manos se deforman hasta alcanzar formas insospechables; una actriz que reclama a su noblote marido mucha más violencia en sus relaciones sexuales; torturas a un anciano para que confiese dónde guarda sus ahorros; matrimonios que apenas se hablan pero que se masajean si hace falta y, en fin, venganza, suicidio, codicia o miseria...

Estos son algunos de los temas y los argumentos de los catorce nuevos cuentos que Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) reúne en Hombre caído. Pero, a pesar de su crudeza obvia, están tratados de un modo que, salvo en algún detalle, apenas hace daño. El distinto grado de humor que casi todos exhiben (claro y directo en el tontorrón "Culo subido", tenue en el magistral "Fotos de ardillas"...) implica una distorsión que amortigua en decisiva medida lo que con otro tono podría haber sido doloroso.

Hombre caído

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También la fantasía terrorífica de cuentos como el magnífico "La tercera mano" o del más bien fácil "Mal de manos", o el tinte kafkiano de "Hombre caído", contribuyen a que la posible conmoción se aparte ante el puro disfrute de una literatura que regala al lector mucha calidad y numerosos aciertos a condición de que pase por alto más de una simpleza.

Entre el recurso explícito a lo fantástico, registro muy poco frecuente en el autor, y ese realismo estricto (aunque aplicado a situaciones sorprendentes) con el que, por ejemplo, nos emocionó el año pasado con El niño, hay diferentes escalones de verosimilitud: "Combate" o, aún más, el citado "Hombre caído", están al borde de lo imposible, y algo parecido sucede con el gótico desenlace de "Última noche de pobres", en el que tal vez haya un homenaje a "El tonel de amontillado" de Edgar Allan Poe.

En todo caso, lo fundamental es esto: unas ideas que en otro autor resultarían insoportables, en manos de Aramburu son generalmente divertidas, agudas y están, por descontado, muy bien escritas.