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La mañana del 16 de febrero de febrero de 1928, en la antecámara del palacio real, el Rey Alfonso XIII se dirigió con estas palabras a Manuel Pérez Seoane, duque de Pinohermoso, durante su ceremonia de cobertura como grande de España. "Cubríos y hablad". Se refería a que podía permanecer tapado, o sea, con sombrero en presencia del monarca, excepcional privilegio limitado a los grandes de España. Y es que el viejo dicho "todavía hay clases" existe incluso en un estamento tan exclusivo como la nobleza, entre cuyos 2.672 títulos que ostentan 2.199 aristócratas destacan las grandezas, 392, que representan la máxima jerarquía y van inmediatamente por detrás de los infantes y el príncipe de Asturias.
Suelen vincularse a un título, habitualmente el ducado, aunque un solo aristócrata puede ostentar varias, como la duquesa de Medinaceli o el duque de Alba, que suman diez respectivamente. Hay que señalar que el Rey Juan Carlos no otorgó título a sus nietos, hijos de las Infantas Elena y Cristina, pero les hizo grandes de España con tratamiento de excelentísimo señor.
Dentro de estos elegidos hay también categorías, siendo el no va más la grandeza inmemorial que, según la estimación vigente del académico Fernández de Bethencourt, integra 25 títulos muy relevantes, que hoy recaen en miembros de estirpes históricas, como el duque de Alba, que ostenta cuatro grandezas inmemoriales, el de Medina Sidonia dos, la duquesa de Medinaceli, tres, y las herederas de la duquesa de Osuna, su hija Ángela Solís Beaumont y sus nietas Ángela y Cristina cuatro en total. Completan la lista Infantado, Alburquerque, Béjar, Cardona, Segorbe, Cabra, Frías y Villena, Lemos o Astorga entre otros.
Su rasgo distintivo es la antigüedad, pues datan de 1520, cinco siglos atrás, tras la coronación de Carlos I de España como V emperador del Sacro Imperio romano-germánico. Según Javier Timmermans, marqués de Villapuente y especialista en derecho nobiliario. "Para convertirse en emperador en Aquisgrán el monarca requería el voto de los electores, y algunos nobles donaron grandes sumas de dinero para que resultara elegido. Otros combatieron a su lado en la guerra contra los comuneros de Castilla. Por esto, tras su coronación, Carlos I decidió premiarles otorgándoles mayor preeminencia".
Esos primeros grandes inmemoriales, dignidad no tan vinculada a la fortuna como al favor del monarca, fueron sustituyendo en el poder a la acaudalada élite de la nobleza, dueños de señoríos y mayorazgos. Entre sus privilegios destacaba permanecer "con la cabeza tapada" en presencia del rey, lo que suponía considerarles "primos" es decir, familia. También sus esposas podían sentarse en presencia de la reina, lo que se llevaba a cabo en la ceremonia denominada toma de almohada. Recibieron tratamiento de excelentísimos señores, iban a la guerra con grado mínimo de jefes y sueldo de generales, solo se les podía apresar con una cédula especial del monarca, tenían entrada libre en palacio hasta la Galería de Retratos a dos estancias de la cámara regia, recibían honores militares y ocupaban bancos preferentes en la Capilla Real.
Otro de sus prerrogativas fue el pasaporte diplomático, donde el ministro de Exteriores, en nombre del rey, les facultaba poder transitar libremente por el extranjero, pidiendo a las naciones que les ayudasen en lo que necesitasen y eximiéndoles de pasar por la aduana. Existe la anécdota de un grande muy bajito que ante los requerimientos de un policía en una aduana estadounidense, exclamó: "I am a big of Spain", lo que, dada su corta estatura, desató las carcajadas del agente.
El pasaporte diplomático, último privilegio que mantuvo la grandeza, fue eliminado en 1984 por el Gobierno de Felipe González y actualmente, salvo el prestigio social que conlleva, ser grande no implica derecho alguno. Timmermans explica: "A la nobleza en general nos queda poco más que bordar nuestro escudito en la camisa. Antes existían tres clases de grandeza, de primera, segunda y tercera; hoy esto ha desaparecido, pero en el caso de la inmemorial su antigüedad les otorga gran consideración en la aristocracia, además son representantes vivos de un personaje premiado por sus méritos". En este sentido, cuentan que Adolfo Suárez, artífice de la Transición, al que Don Juan Carlos otorgó el ducado de Suárez con grandeza, coincidió con un duque que le dijo: "Tú y yo ya somos iguales". El político centrista replicó: "No, a quien soy igual es a tu antepasado, que obtuvo el título por sus notables acciones".
Perdidos sus privilegios, la grandeza se ha ido adaptado a los tiempos, como demuestra la importante medida en 1999 de abrir la Diputación y su Consejo, órganos de gobierno antes exclusivo de los grandes, a todos los títulos de nobleza. También nombrar presidente en 2022 a una mujer, Cristina de Ulloa y Solís Beaumont, duquesa de Arcos, título con grandeza inmemorial.
Hoy la mayoría de titulares de estas legendarias dignidades trabajan como abogados, empresarios, arquitectos, y algunos se sientan en consejos de administración, a la vez que defienden los intereses de su linaje. Caso excepcional es el duque de Alba, Carlos Fitz-James, volcado en gestionar con solvencia el inmenso patrimonio de los Alba, valorado en 3.000 millones de euros, que le ha llevado a abrir al público sus palacios y hasta a vender algunas obras de arte, como La Virgen de la granada, de Fra Angelico, para mantenerlo. También Almudena de Arteaga, escritora de novelas históricas, se ha propuesto reintegrar al ducado del Infantado que ostenta las posesiones de sus antepasados por vía judicial, y en 2025 recuperará la gestión del castillo de Manzanares, en manos de la Comunidad de Madrid. Y Álvaro López Becerra, conde de Cabra y abogado de profesión, está inmerso en recuperar títulos vinculados a su dinastía.
Renovarse no excluye que mantengan tradiciones seculares, como la de pedir venia al rey para contraer matrimonio. Así lo hizo Cayetana de Alba, que una semana antes de su tercera boda en 2011, visitó a Don Juan Carlos en Zarzuela junto a Alfonso Diez para solicitar su permiso .
El monarca en España tiene competencia exclusiva sobre títulos y grandezas, siendo el único que los puede revocar. También tiene potestad para concederlos y decidir su jerarquía, duque marques , conde, barón o señor, antes asociados a un territorio, como ducado, marquesado o condado. A lo largo de la historia existen divertidas anécdotas. La escritora Ana Fernández Pardo relata por ejemplo que Isabel II hizo marqués del Real Acierto a su ginecólogo por adivinar el sexo de su hijo.
O el conde de Ribadeo, Rodrigo de Villandrando, que. a cambio de sus favores al Rey Juan II de Castilla, le pidió comer en su mesa todas las Epifanías y quedarse de recuerdo la ropa que luciera ese día. Como el titulo pasó a la Casa de Alba, Don Juan Carlos envió en una ocasión a la duquesa Cayetana la vestimenta que lució en una Epifanía.
Actualmente Don Felipe no ha concedido ningún título en su reinado, limitándose a rehabilitar ocho que habían prescrito. En cambio, su padre el Rey Juan Carlos otorgó 51 títulos, doce con grandeza mas cinco grandezas adicionales, a políticos, empresarios, personajes de la cultura, el arte, la ciencia y el deporte, como Vicente del Bosque tras ganar el mundial. Erradicó, sin embargo, la tradición de una corte en torno al monarca vigente hasta el reinado de Alfonso XIII y Victoria Eugenia, que tenían gentilhombres, mayordomos, camareras y damas a su servicio, elegidos entre los grandes de España. "Camareras no necesitamos, pero sí un cocinero porque se acaba de marchar el de Zarzuela", cuentan que respondió Don Juan Carlos cuando una grande de España se ofreció como camarera para Doña Sofía.
Los 25 títulos
Los actuales dueños de los 25 títulos con grandeza inmemorial otorgados por Carlos I de España en 1520 figuran:
-Carlos Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo por el ducado de Alba, y los condados de Lemos, Lerín y Miranda del Castañar.
-Victoria Elisabeth de Hohenlohe Langenburg por el ducado de Medinaceli, y los marquesados de Denia y Priego. También pertenece a la Casa de Medinaceli otro ducado inmemorial, el de Segorbe, que ostenta su tío, Ignacio Medina y Fernández de Córdoba, con el que está enfrentada en los tribunales.
-Ángela María De Solís-Beaumont y Téllez Girón, actual duquesa de Osuna, por el condado-ducado de Benavente y sus hijas Ángela María de Ulloa y Solís Beaumont por el ducado de Gandi y el condado de Ureña y su hermana María Cristina de Ulloa y Solís Beaumont por el ducado de Arcos
-Leoncio González de Gregorio y Álvarez de Toledo por el ducado de Medina Sidonia y el marquesado de Los Vélez
-Francisco de Borja Soto y Moreno Santamaría por el ducado de Frías y el marquesado de Villena
-Juan Miguel Osorio y Beltrán de Lis por el ducado de Alburquerque
-Almudena de Arteaga y del Alcázar por el ducado del Infantado
- Pedro Roca de Togores y Salinas por el ducado de Béjar
-Casilda Guerrero Burgos y Fernández de Córdoba por el ducado de Cardona
-Álvaro de Urzaiz y Azlor de Aragón por el ducado de Villahermosa
-Pilar de las Morenas y Travesedo por el marquesado de Aguilar de Campoo
-Paloma Casanova y Barón por el marquesado de Astorga
-Álvaro López Becerra de Casanova por el condado de Cabra
-José Manuel Melgarejo y Aniel-Quiroga por el condado de Melgar