Hay un runrún en la bolsa de la fama que parece indicar que la cotización de la empresa matriz Kardashian Co. (en adelante, las Kardashian) está llegando a un punto muerto. Y, por consiguiente, sus subsidiarias, Kris, Kim,Kylie, Kendall, Kourtney y Khloé, estarían abocadas a un bajo rendimiento en su balance final.
El origen de esta tendencia a la baja se situaría a finales de 2023, cuando la poderosa Anna Wintour (75), recién galardonada con la Medalla Presidencial de la Libertad, la mayor distinción civil en Estados Unidos, desairó a Kim en varios desfiles de moda. ¿Una premonición de lo que estaba por venir?
Asimismo, The Telegraph revela que ciertos productos lanzados al mercado por algunas de las empresas matrices no han alcanzado el rendimiento deseado. Kris lanzó Safely en 2021, pero la sinergia entre el alma máter de Kardashian Co. y los productos de limpieza comercializados no ha formado un buen match. Después de que Kim se asociara con el empresario Jay Simmons para lanzar en 2022 el fondo de capital privado Skky, esta dejó su puesto porque no se alcanzó el objetivo de inversión de 1.000 millones de dólares. Kylie fundó Khy, su propia marca de ropa, que no ha mantenido el impulso inicial debido a una baja calidad frente a unos precios demasiado altos.
Para más inri, el lanzamiento de su primera colección estuvo empañado por la polémica, ya que, como publicó la revista Elle, la diseñadora Betsy Johnson acusó a Kylie de haber copiado sus ideas. Tal y como explicó la diseñadora en un momento, envió por correo electrónico al equipo de Kylie Jenner ideas sobre lenguaje y conceptos de su marca Products, que después usaron sin acreditárselas.
La historia del clan empezó a través de su reality Keeping Up with the Kardashians (2007-2021), una idea original de Ryan Seacrest, que lo convirtió en millonario. El secreto estriba en que la familia exprimió hasta límites inverosímiles el aforismo de Boorstin: "Ser famoso por el mero hecho de ser famoso", que reventó cualquier estadística en cuanto convirtieron Instagram en un arma infalible de marketing. Como dicen varios expertos, las Kardashian prácticamente inventaron la cultura de las influencers, convirtiéndose en sus propias marcas, tanto a nivel individual como colectivo. De esta manera, han generado masivas fortunas.
Para hacerse una idea, según el último estudio realizado en 2024 por HQ's Instagram Rich List, cuatro miembros de las Kardashian figuraban en el top 20 de las celebridades que más ingresaron por un post. Lo que, traducido a cifras, nos lleva a decir que Kylie se embolsó por cada post casi 2,4 millones de dólares por sus 399 millones de seguidores; Kim, con casi 362 millones de seguidores, facturó 2,18 millones; Khloé se llevó 1,8 millones al tener 308 millones de seguidores; Kendall ganó 1,7 millones con casi 293 millones de seguidores, y Kourtney solo 1,3 millones con 223 millones de seguidores.
En definitiva, en la cultura de las influencers, ellas fueron pioneras. No en vano, la revista Cosmopolitan las bautizó como "la primera familia de EEUU" por adquirir el statu quo de la referencialidad. Han conseguido lo mismo que el star system hollywoodiense y la prensa rosa: cuando el pueblo perdía su credibilidad en los políticos u otros estamentos, se refugiaban en los actores, familias reales, playboys o modelos. Las Kardashian, como nuevas celebridades, se han transformado en las nuevas diosas venerables. La sociedad necesita creer en algo y ellas representan ese algo, aunque sibilinamente, tarde o temprano, te vendan algo.
Otro factor que tienen en contra las Kardashian es que, en los últimos tiempos, hay una transformación en el tipo de consumo de la belleza como mercancía, ya que los usuarios cada vez se muestran más reacios a ver imágenes perfectamente planificadas. Ahí reside el contraste entre Instagram (lo ideal) y TikTok (lo natural). Como resultado, las Kardashian están perdiendo fuelle porque les está faltando autenticidad y conexión con sus seguidores o clientes potenciales. Que se lo digan a Kylie, que ha estado perdiendo credibilidad tras admitir haberse retocado los labios cosméticamente, un plan malicioso por el que los clientes han ido disminuyendo su fe al enterarse de que ningún lápiz labial líquido o delineador de Kylie Cosmetics genera ese efecto relleno.
Paradójicamente, la empresa fundada en 2015 fue la que convirtió en 2019 a Kylie en la milmillonaria más joven del planeta, según Forbes, sobre todo, a raíz de la venta del 51% de su empresa a la multinacional Coty por 1.200 millones de dólares. Sin embargo, al año siguiente, Forbes la eliminó del listado por haber inflado los números, llegando a referirse a ella como "la espiral de mentiras de una falsa multimillonaria". Eso no quita para alabarle el hecho de que sus lip kits se agotaran en menos de 10 minutos tras su lanzamiento y que, en 2016, revelara haber generado algo más de 17 millones de euros.
En ese intento por seguir en el candelero, The Telegraph y la plataforma de medios digitales Puck se hacían eco recientemente de que estamos "en el final de la era Kardashian" porque se ha alcanzado el pico K. Hay una sobresaturación. Por ello, es normal que empiece una especie de declive para dar paso a otras marcas vinculadas a otras celebridades, como Rhode de Hailey Bieber, adicta a TikTok, o Rare Beauty de Selena Gomez, que rivalizan con Kylie Cosmetics. El mercado evoluciona y, poco a poco, las Kardashian van perdiendo su hegemonía.
En toda esta mezcolanza de cifras, Kim Kardashian es la única que no ha perdido la hegemonía en el ámbito de la moda gracias a Skims, su firma inclusiva de lencería moldeadora, que a finales del año pasado abrió su tienda insignia en la Quinta Avenida de Nueva York y cuya valoración es de 3.800 millones de euros. La más mediática del clan ha estado muy bien asesorada desde el principio porque, aunque parezca increíble, en pleno boom rizó el rizo cuando, a través de varios desarrolladores de software, lanzó unos emojis de pago bautizados como Kimojis, que llegaron a generar un millón de dólares por minuto.
Independientemente de su poder en el ámbito de la moda, Kim Kardashian es una de las principales voces en la sociedad norteamericana ya que se ha pronunciado a favor de una reforma penitenciaria -apoya el caso de los hermanos Menéndez- que le llevó a entrevistarse en la Casa Blanca con Kamala Harris.
Kris, el cerebro del clan
Cuando Kris Jenner, matriarca del clan Kardashian, convenció en 2007 al productor Ryan Seacrest de llevar a cabo un reality familiar con Keeping Up With The Kardashians, acababa de dar el primer gran paso para crear un emporio cimentado en la megalomanía. El espacio se mantuvo en antena durante 20 temporadas con 281 episodios y finalizó en 2021. Todo un récord que aún no ha sido superado.
Posteriormente penetraron en el campo de las redes sociales donde su tremenda influencia ha arrastrado a más de 1.500 millones de seguidores en Instagram. ¿El secreto? Crear la ilusión de que son muy cercanos, tal y como afirmó a Forbes Markus Wohlfeil, profesor de marketing de la Universidad de Montfort en Leicester (Inglaterra). El experto ha llegado a comparar a Kris con Walt Disney y Steve Jobs porque "es de esas personas que ve partes individuales y puede unirlas".
De esta manera se generó la marca Kardashian, de la que surgieron empresas abanderadas por cada una de sus hijas con unos ingresos millonarios. Al establecer esa marca personal de éxito se establecieron una serie de parámetros para rentabilizarla a través de colaboraciones con marcas, productos representativos o posts patrocinados. En ese viaje al estrellato Kris ha penetrado en una nueva era de la marca personal en el que la 'K' ha sido la base para construir un emporio.
Por consiguiente, no tardó en convertirse en una máquina de hacer dinero y en forjar una identidad de marca única que, hasta la fecha, la siguen considerando la mamá más poderosa del mundo. De cada una de las empresas de sus hijas percibe suculentos porcentajes. El único que no participa en todo este entramado es su único hijo varón, Rob.