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La casa palacio de Lorenzo Castillo (Madrid, 1968) en Lavapiés es, por encima de un templo dedicado a la sofisticación y el buen gusto, una exquisita embajada por donde pasa lo más granado de la alta sociedad nacional e internacional. Castillo está en las listas de mejores decoradores del mundo, pero también pasará a la Historia por ser el mejor anfitrión español de su generación, algo así como nuestra propia versión actualizada de Duarte Pinto Coelho. Por su estilo particulier, generosidad y carisma. "Mezclo grupos de gente con la misma soltura que telas y muebles". Así es. Recibir es otro de sus grandes talentos.
Se acerca el Orgullo Gay y Lorenzo y su pareja, el economista asturiano Alfonso Reyero, engalanarán todos sus balcones, "que son muchos". Unas celebraciones, a su juicio, "absolutamente necesarias, ya que queda mucho por hacer, sobre todo en otros países (...) Me da rabia que haya quien se quede sólo con la imagen frívola, pero el aire festivo es parte de nuestra idiosincrasia".
Familia
Lorenzo es un homosexual con suerte. "Con mis padres no tuve ningún problema. Al contrario". Su padre fue la primera eminencia en cirugía maxilofacial en España y su madre un ama de casa que crió libremente a sus seis hijos, "una intelectual que devora periódicos y libros y aún lee sin gafas", apunta. De ella, y de su abuela, clientas de Balenciaga, heredó su afición por el interiorismo y las antigüedades. "Mi abuelo era un gran coleccionista y mi padre, un amante de la música y humanista que hizo su proyecto de final de carrera sobre las pinturas negras de Goya". Su tía abuela era Borita Casas, autora de Antoñita la fantástica. Ella le regaló su primer libro de arte.
"Por su parte recibí un apoyo incondicional. No así en el colegio, uno que presumía de liberal, el colegio Estudio, donde sufrí bullying desde los cuatro años hasta que me invitaron a irme. Lo pasé tan mal (...) Pude haber sido uno de esos niños que se suicidan. Pero o haces eso o sales reforzado. Yo no gustaba precisamente por los valores por los que hoy soy reconocido, por mi imaginación, mis virtudes artísticas... Insisto en que era otra época y los profesores eran los primeros que propiciaban o encubrían ese bullying... Eso sí, ese sufrimiento me hizo ser más obstinado a la hora de luchar para conseguir mis sueños".
Lorenzo opina que aún hay homofobia en este país, "menos en entornos de mayor formación y cultura. Me choca que exista entre la gente joven(...). Aquí no queda tanto que conseguir en cuestión de derechos, pero sí en términos de aceptación social".
La falta más grave se la pone a la Iglesia. "Soy católico y me da pena que se siga diciendo que el amor entre dos personas del mismo sexo es algo inmoral o pecaminoso. Echo en falta una Iglesia que me abrace y me entienda", desliza.
Lorenzo no se queda en proclamas y está comprometido con la causa. Colabora desde hace años con la Fundación Eddy, el primer hogar de acogida en España para jóvenes LGBTIQA+ que han sido víctimas de violencia familiar o bullying y están en riesgo de exclusión social.
Amigos
Pero volvamos a la espuma del champán que se sirve en su casa. "A mis fiestas vienen todo tipo de personas, de los que me interesa su intelecto y conversación y nada su cuenta corriente. La mezcla de gente convierte estos encuentros en fiestas divertidas donde cantaores se abrazan al heredero de un trono europeo y un as del fútbol charla con un Premio Nobel. En casa se han dado circunstancias pintorescas, desde juntar a divas que nunca hubieran querido coincidir a tener a la jequesa de Qatarhablando de la subasta de Yves Saint Laurent, pasando por celebrar el cumpleaños de Valentino u organizar una cena en honor a Anna Wintour".
Licenciado en Historia del Arte previo paso por la Escuela de Arte y Antigüedades, pero sobre todo con el ojo bien educado y paseado por las mejores casas y museos del mundo (de Nueva York a Roma, de París a San Petersburgo), Lorenzo Castillo tiene grandes hitos en su trayectoria (y los que le quedan). Las tiendas Loewe o el Museo del Traje.El Hotel Santo Mauro, los Room Mate, el Alfonso XIII de Sevilla o el Château Cheval Blanc en Burdeos para LVMH. Eso sin contar las grandes fortunas del mundo que han puesto su hogar en sus manos. "Observo cierto movimiento de Sur a Norte. Gente que veraneaba en Sotogrande, ahora prefiere Cantabria. No sé si por el calor. Es curioso...".