COLUMNISTAS
SUJÉTAME EL VERMÚ
Opinión

¿De qué se ríe tanto, presidente?

PREMIUM
Actualizado

Menudo espectáculo ofreció Sánchez el lunes, compadreando con el rey de la telebasura ante un séquito propio de Kim Jong-un

Pedro Sánchez, en la presentación de su segundo libro, el lunes en Madrid.
Pedro Sánchez, en la presentación de su segundo libro, el lunes en Madrid.SERGIO ENRIQUEZ-NISTALMUNDO

A Pedro Sánchez no le basta con corromper la democracia, derrochar el erario en unos gobiernos tan hipertrofiados como ineptos, sembrar la discordia y batir marcas en abuso de poder, ilegalidades, enchufismo y opacidad. Además se ríe de la gente.

El acto de presentación de su libro Tierra firme fue tan grotesco como esclarecedor. Lo primero que quedó patente es que esas carcajadas convulsas que profiere el presidente no son casuales, sino el rasgo de una personalidad ayuna de empatía. Se carcajeó con esa figura del mediador salvadoreño que nos ha ubicado en la órbita de las repúblicas bananeras. Se carcajeó con ese ministro pendenciero que se dedica a bloquear en redes en lugar de resolver el caos de unos trenes de cercanías tercermundistas. Se carcajeó con la malversación que supone el abuso del Falcon. Y se carcajeó de periodistas que no le bailan el agua.

Quedó claro también que la fiebre hagiográfica de Sánchez es inversamente proporcional a sus logros. Con la peor gestión de la pandemia, en muertos y en ruina; con el mayor paro juvenil de la OCDE; la peor tasa de pobreza infantil de la UE, una educación que ha tocado fondo y una crisis migratoria apenas disimulada, un presidente que no leyó ni su tesis ha firmado dos-panegíricos-dos que tampoco ha escrito. Su autora, Irene Lozano, describe su propia obra como "amena y profunda". Tanta filología y tanta prosopopeya para pasar a la inmortalidad como la amanuense de un narciso iletrado.

Sánchez no puede pisar la calle, pero el libro le sirve de terapia: se adorna con méritos inexistentes, inventa una realidad alternativa, convierte a Feijóo en su némesis y proyecta en él sus propios defectos. ¡Si hasta le acusa de ser un mentiroso! También le recuerda su relación con el narco Marcial Dorado, "algo que le hubiera impedido presentarse a elecciones en cualquier país de Europa". Bueno, él ha tenido un vínculo largo y cercano con proxenetas y ahí está, en la Moncloa.

Lo que no se verá nunca es a un mandatario europeo ofreciendo un espectáculo como el que Sánchez dio el lunes, con ese traje lavanda, compadreando con el rey de la telebasura ante un séquito propio de Kim Jong-un: 14 ministros con sus numerosos guardaespaldas y decenas de aduladores descoyuntándose vivos con sus gracietas. Todo transmitido por medios públicos. Una falta de respeto al cargo y a los ciudadanos, empezando por sus votantes.