Efectivamente: Elon Musk es lo que necesita este tiempo, el de la eficacia del miedo y el caos, como siempre ha sido. Elon Musk (insisto) viene a ejecutar un plan: propulsar el neofascismo en esta parte del mundo. No hace falta ser comunista para entenderlo así, basta con tener confianza en las democracias, incluso en las democracias frágiles (como lo son todas). A mí este mundo me parece un asco, pero soy altamente optimista en mi casa y con mis amigos. La vida produce futuro todos los días y vivir consiste en ir aliviando los sustos. Vendrán, como siempre, más años malos y nos harán más ciegos. Lo decretó Rafael Sánchez Ferlosio.
Musk y Zuckerberg están aprovechando el momento que ellos mismos se han trabajado. Parece que hay sorpresa e indignación porque manipulen y trabajen en favor de la confusión y en extremar el negocio del histerismo hasta el máximo rendimiento. Las redes sociales no nacieron para dar voz a nadie, sino para estudiar primero qué dice la gente y después imponer lo que conviene decir. Su uso disolvente ha instaurado la paranoia y la manía persecutoria en una parte de la sociedad.
Después de unos años de análisis está claro que aquello serviría para lo que sirve: promocionar la confusión y convertir el delirio en trinchera disimulando la libertad de expresión para trabajar con los datos masivos de millones de ciudadanos que han puesto sus menudillos en los servidores. La gente se dice cosas a destajo y lo que es peor: se agarra a las mentiras con una fuerza extrema. Todo eso es dinero. Todo eso es información validísima. El ser humano y la realidad no coinciden forzosamente en todo, pero ahora coinciden menos que nunca. Y ahí está la parte gorda del negocio.
Elon Musk y Mark Zuckerberg, también Jeff Bezos o Peter Thiel, entienden el presente como nadie. Saben que un fin de ciclo exige movimientos rápidos. Son tipos listísimos decididos a exprimir la nueva ola. Es un momento ultra muy interesante. Las consecuencias serán irremediablemente nefastas, pero nadie puede detener el empuje de la nueva era (y yo tampoco quiero perdérmelo), sin olvidar el circo de Trump, principio rector de la amenaza global, que va a todo gas encaprichándose de trozos de planeta. La Historia siempre es irónica y ahora la regeneración progresista fingen hacerla las logias ultras. Los bárbaros de toda la vida. Musk es uno y trino: su dios, su medio y su mensaje.