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Por otra parte

Y, sin embargo, claro que tienen derecho

Duele el dolor de Ruth Ortiz, pero el juez debía de autorizar la publicación del libro sobre Bretón

Funeral por los niños asesinados.
Funeral por los niños asesinados.J.YÁÑEZ
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Ninguna intención de leer El odio, el libro sobre el asesinato de Ruth y José, y sobre su asesino, su padre. El mismo interés en ver ese aluvión de series y películas que recrean crímenes espantosos, casi siempre con la excusa de ser didácticos cuando se les acusa de regodearse en la tragedia. La advertencia preliminar del «basado en hechos reales» ya aporta poco. También es aburrido repetir que la realidad supera a la ficción, cuando la literatura y el cine las confunde a menudo y las sitúan al mismo nivel. Psiquiatras, psicólogos, forenses, criminalistas... necesitan de esa parte real para entender a los asesinos, recorrer sus biografías, analizar los hechos, escuchar sus testimonios, en definitiva, descifrar sus mentes. El resto, los ávidos consumidores del crimen novelado, vaya usted a saber, quizá debamos descifrar las nuestras.

Mucho, y desde distintos ángulos, se ha escrito y oído durante estos últimos días sobre el libro en el que Bretón admite por primera vez que mató a sus hijos. Además, al parecer, cuenta cómo lo hizo. Si nos revuelve las tripas recordar ese brutal filicidio, cómo será para quien lo ha tenido, y sigue teniendo, presente cada día. Ruth Ortiz, la madre, tiene todo el derecho a reclamar a la Justicia que paralice la venta del libro. La Fiscalía pidió que se suspendiera la difusión y la editorial, Anagrama, lo hizo, pero el juez finalmente lo ha autorizado. Porque en España, la Constitución prohíbe la censura previa, pero admite el secuestro de publicaciones en virtud de una resolución judicial. En todos sus años de vigencia, sólo seis libros han sido secuestrados. El último, hace siete años, Fariña, el de Nacho Carretero sobre el narcotráfico gallego. Se disparó su difusión ilegal y, tras ser liberado, se multiplicaron sus ventas. Muchos más han sido los secuestros de medios de comunicación -Interviú hasta ocho veces - y seguro que no ha habido portada más vista de El Jueves que la de la viñeta sexual de los entonces príncipes Felipe y Letizia, que fue retirada de los kioscos por orden judicial. Una campaña de publicidad descomunal que, según confesó el director del semanario satírico, no se paga con dinero.

El secuestro judicial huele a rancio en una Constitución que defiende el derecho a expresar y difundir libremente pensamientos, ideas y opiniones, y a la producción y creación literaria, aunque ponga límites en, por ejemplo, la protección de la juventud y la infancia. Duele el dolor de Ruth Ortiz, que se niega a que se dé voz al asesino y ve cómo vuelve a estar expuesta su trágica historia. Dicen la editorial y el autor que la literatura trata siempre realidades complejas y dolorosas, y que este libro quiere presentar al lector la maldad del asesino y mostrar el horror del crimen. A la espera de la Justicia, cree que está en su derecho de publicar el libro. Lo tienen y el juez se lo ha otorgado de momento. Además, la campaña ya está hecha: aquí, seguimos hablando de ello.