LUCES PARA LA CONSTITUCIÓN

Luces para la Constitución

Laurence Debray: "España se ha beneficiado mucho de Europa y ahora no quiere estar a la altura de sus obligaciones"

Estudiosa de la Transición y biógrafa del Rey Juan Carlos, en cuyas memorias trabaja actualmente, la historiadora y economista francesa observa con preocupación el deterioro de la vida pública y el crecimiento global de los populismos. Si la democracia no se cuida, dice, se viene abajo

La historiadora y economista Laurence Debray.
La historiadora y economista Laurence Debray.ÁNGEL NAVARRETE
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A Laurence Debray (París, 1976) hay que ponerla en contexto. Sus padres, el filósofo francés Régis Debray y la antropóloga venezolana Elizabeth Burgos, militaron en la causa revolucionaria de Fidel Castro y el Che, y Laurence está vacunada contra dogmas y utopías. Su vida es un caleidoscopio que pasa de un campamento de pioneros en Cuba a la Bolsa de Nueva York, de las calles de Caracas a las fiestas infantiles del Elíseo, de la intelectualidad parisina al bullicio sevillano de los años 90. Criada en el espíritu republicano, se ha empeñado en descifrar a un rey.

Trump ha dinamitado el orden internacional y eso obliga a Europa a asumir sus responsabilidades políticas y defensivas. ¿Ve a algún líder europeo capaz de recoger el guante? ¿Starmer o Macron, tal vez?
La historia hace a los líderes. Zelenski antes era un actor, y la guerra hizo de él un líder respetado. Es difícil decir de antemano quién va a revelarse como un verdadero líder ante una crisis. Es muy interesante que Reino Unido, que tenía esa relación tan especial con EEUU, vuelva a unirse a Europa después del Brexit. Macron puede ser un buen motor, pero nunca lo va a conseguir solo, tiene que ser un esfuerzo colectivo. Y, desde luego, España está muy ausente. España, que tanta ayuda económica ha recibido de Europa, no está cuando Europa la necesita.
Es un Gobierno maniatado por sus socios de extrema izquierda.
Sí, pero es una cuestión de visión histórica. España tiene sus particularidades, no vivió las dos guerras mundiales y estuvo aislada durante el franquismo, pero también se ha beneficiado mucho de Europa y ahora no quiere estar a la altura de sus obligaciones. No me refiero tanto a obligaciones financieras como morales. Todos deberíamos estar movilizados para proteger nuestra democracia y nuestros valores.
¿Puede esta traición de Trump, como usted dice, ser una oportunidad para Europa?
El problema es que las alianzas establecidas desde la Segunda Guerra Mundial están cambiando y no sabemos hacia dónde va Trump. Ahora está en contra de China y a favor de Putin, pero igual mañana se alía con China contra nosotros. El mundo que conocíamos se está partiendo en pedazos y sólo quedan incógnitas. Lo que sí me preocupa es que no hay oposición a Trump en Estados Unidos. Nadie se atreve a enfrentarse a él, ni siquiera el Partido Demócrata.
Y a eso se añade el crecimiento de partidos radicales, a derecha y a izquierda, que simpatizan con Putin y disfrazan de pacifismo la rendición de Ucrania.
Putin ha hecho muy bien su trabajo. Ha construido sus redes de lealtad y ha conseguido sembrar cizaña en todos los países de Europa, como hizo en Cataluña. El crecimiento de estas opciones populistas y radicales es hoy nuestro desafío.
¿Qué responsabilidad tienen los partidos tradicionales en este debilitamiento de la democracia?
No conozco a fondo el caso español, pero en Francia los dos grandes partidos, el socialista y Les Républicains, se han derrumbado y el panorama es insólito. Está Macron, que no tiene partido: tiene un movimiento alrededor de él, pero sin estructura política ni programa. Ya no hay fuerzas moderadas que posibiliten la alternancia. Y hay partidos extremistas que coinciden en algunos temas como Putin y Ucrania, o Gaza. Quizás los partidos tradicionales no han podido adaptarse a las formas de hacer política del siglo XXI. La gente ya no se afilia, ni participa en reuniones, ni negocia programas. Ahora todo pasa por las redes sociales, por la adhesión casi instantánea a movimientos que se crean para una elección, por ejemplo. Todo es nuevo y hay pocas reglas.
¿Es partidaria de los cordones sanitarios, como el de Macron con Le Pen o Alemania con la AfD?
La extrema derecha, por lo menos en Francia, ya está incorporada al panorama político. La gente está orgullosa de votarla. Y creo que hay que luchar contra ella sobre el terreno, sin diabolizarla. No puedes poner un «cordón sanitario republicano» al partido más votado en Francia. En todo caso, habría que hacer lo mismo con la extrema izquierda de Mélenchon, y decir que también es un partido peligroso para la República. ¿Por qué con uno sí y no con el otro?
Usted dedicó su tesis a la Transición española, que definió como «una obra maestra e inesperada de la política». Hoy la izquierda radical la desprecia. Las nuevas generaciones la ignoran. A este paso va a quedar relegada a un capítulo para eruditos.
No entiendo la incapacidad de los españoles para reconocer sus logros. En Francia somos muy buenos para vender nuestra propia historia y construir unos mitos que nos unen como sociedad: Napoleón, De Gaulle, nuestras epopeyas. En España deberían enorgullecerse de lo que sigue siendo una obra maestra política.
Vivió en España a principios de los 90, una etapa que recuerda luminosa. Gobernaba Felipe González. Alfonso Guerra, amigo de sus padres, le sirvió de cicerone. Aquel PSOE apuntaló la democratización y ayudó a cerrar las heridas. Hoy sus herederos desentierran a Franco y el guerracivilismo. ¿Ha desaparecido el sentido de Estado que reinó en la Transición?
Sí, y no solo aquí. Abrir las heridas del pasado puede ser peligroso. Ahonda las divisiones, amenaza la unidad y debilita la posición de España. Lo que no entiendo es que los españoles no exijan más de sus políticos. No entiendo, por ejemplo, que después de la dana todos los implicados sigan en sus puestos sin rendir cuentas. Me sorprende esa apatía. En Francia desde la escuela nos enseñan nuestros derechos y nuestros deberes como ciudadanos. Y a ser exigentes. Aquí la gente está muy callada, soporta mucho.
Bueno, dudo que en ningún otro país europeo el Gobierno sobreviviese a uno solo de los escándalos de corrupción que estamos viviendo.
Exacto. Es lo que decía antes sobre Estados Unidos. Cuando el pueblo está ya sometido, el gobernante puede hacer lo que le da la gana y llegar a destruir una democracia. Una democracia se viene abajo si no se cuida, si no somos exigentes con quienes nos representan.
A usted siempre le interesó la figura del Rey Juan Carlos. Ha publicado dos libros y le ha dedicado un documental. Ahora prepara con él sus memorias.
Sí, así es. Todavía estamos en proceso. Lleva tiempo, porque es la obra de una vida. Quiero decir algo que en España se olvida: el Rey es, creo, el único sobreviviente que ha jugado un papel importante en la historia europea desde la Segunda Guerra Mundial.
¿Cómo afectaron a la visión que tenía de él el capítulo de Botsuana y los sucesivos escándalos personales que se fueron desvelando?
La mentalidad española para estos temas es una mezcla de telenovela e Inquisición. En Francia tenemos más tolerancia con la vida personal de las figuras públicas. Mitterrand tenía una segunda familia y una hija secreta y no hubo tanto escándalo. Que los jefes de Estado tengan amantes es lo normal, es parte del oficio. De hecho ahora estamos muy preocupados por que Macron no tenga a nadie. (Risas). Toda esa parte sentimental del Rey puede chocar, pero creo que nadie puede criticar el papel político que tuvo: consiguió cambiar a España, le dio un esplendor internacional que no había tenido en siglos, frustró el 23-F…
Luego está la parte de la evasión fiscal.
Eso lo hizo mal, y él lo sabe. Y luego nadie le puso límites. Pero esos errores no tienen que impedir que los españoles estén orgullosos de un reinado de éxito, de paz y prosperidad.
Podría decirse que Juan Carlos ganó la batalla de la historia y perdió la batalla contra sí mismo.
Sin duda. Me gusta la frase.
¿Y qué opina de la expatriación?
No la entendí. En Francia tenemos a Sarkozy condenado penalmente, con una pulsera electrónica, en su casa. Y tiene todos los beneficios de antiguo jefe de Estado. Nadie piensa en echarlo a ninguna parte.
Pero Juan Carlos quiso marcharse.
Incluso si ha hecho las cosas mal, un hombre de esa edad tiene que estar en su casa. No se le echa de La Zarzuela, no se le deja sin techo, sin dinero, sin familia, al otro lado del mundo. Me parece muy duro, humana y políticamente. Porque cuando el Rey Juan Carlos va a París, al ingreso de Mario Vargas Llosa en la Academia Francesa, lo recibe Macron con honores de jefe de Estado. Y cuando va a Londres lo reciben con honores de jefe de Estado. Pero llega aquí y tiene que ir al hotel o a casa de un amigo. Eso es una prueba de debilidad, que muestra a la Corona a la defensiva. Yo creo que echar al padre, que además es el padre de la Constitución española, no es una solución. Hay que tratar el problema, no borrar a la persona.
¿Por qué escogió Abu Dabi?
Era la época del Covid, había pocos países abiertos. En Abu Dabi tenía buena atención médica (estaba peor de salud que ahora) y la prensa española no lo iba a perseguir. A eso se une su larga amistad con los fundadores del emirato. La intención era quedarse un mes. Nunca pensó que sería para tanto tiempo.
¿Y por qué no vuelve?
¿A dónde? ¿A casa de un amigo? No tiene ninguna propiedad. La Casa Real española es la única en Europa que no tiene patrimonio.
Hay un paralelismo curioso. Juan Carlos se distanció de su padre, don Juan, y Felipe ha tenido que distanciarse a su vez de Juan Carlos.
Yo no lo veo así. Ya como Rey, Juan Carlos invitó a su padre a regresar, a instalarse en España. Había mucho respeto y una cercanía emocional fuerte. Claro, tuvo que ser muy duro para don Juan, que aceptó ser sacrificado con mucha dignidad. Aquí la situación es diferente. Hay un distanciamiento personal al mismo tiempo que institucional.
¿Cree que Juan Carlos será reivindicado por la historia?
Espero, pero no lo sé. Los españoles entierran muy bien. Cuando murió Suárez, después de haber estado años olvidado, se convirtió en un héroe. Quizás haya algún reconocimiento posterior.
¿La Monarquía sigue siendo relevante? ¿Qué papel desempeña Felipe VI?
El de preservar la unidad del país y el respeto de las instituciones democráticas. Es el garante de la democracia. En ese sentido sí que es muy útil, sobre todo frente a este Gobierno. Y yo creo que lo está haciendo muy bien, en un contexto muy difícil. Es un hombre serio y fiable, que respeta rigurosamente los límites de la Constitución.
No quiero dejar de preguntarle por Venezuela, su tierra materna. De la mano de Rodríguez Zapatero, el Gobierno español contemporiza con la dictadura de Maduro.
Para mí eso es un drama personal porque tengo a mi familia todavía en Venezuela. Apoyar a un gobierno tan perverso (porque no es solo una dictadura: es un régimen perverso con su propio pueblo) es indigno. Es una traición a los principios del PSOE. Supongo que a Zapatero le mueven los intereses económicos. Para mí son traidores. Carlos Andrés Pérez ayudó mucho a Felipe González y a la Internacional Socialista. Y Venezuela recibió exiliados del mundo entero. Y ahora dejan al pueblo venezolano en la estacada.
Entrevistó, siendo muy joven, a Hugo Chávez, y rápidamente desconfió de él. Muchos periodistas caían fascinados.
Chávez fue el primer populista del siglo XXI. El problema es que a los europeos les seducen los militares golpistas bajo influencia cubana, pero siempre en otros países, no en el suyo. En Francia o en España no tolerarían lo que apoyan en Venezuela.
Eso ha ocurrido siempre con los intelectuales y la prensa de izquierda con respecto a América Latina. ¿Qué diferencia hay entre los revolucionarios de los 60, como sus padres, y la izquierda de ahora?
Lo primero es que fue una generación honesta, pusieron sus propias vidas en riesgo. Mi padre pasó cuatro años en la cárcel en Bolivia, en condiciones difíciles. Era la Guerra Fría, había una lucha ideológica contra Estados Unidos, había guerras en Vietnam y en muchos lados... Buscaban «un mundo mejor», que hoy sabemos cómo acabó. Ahora son sólo una mafia, sólo ven cómo sacar más dinero.
Ha entrevistado hace poco a María Corina Machado. ¿Se ha cerrado la puerta a la esperanza que abrieron las elecciones de julio?
Si nos quitan la esperanza, nos quitan todo. María Corina va a resistir, no tiene otra opción. Tiene la fuerza, tiene la determinación psicológica. Y usted sabe muy bien que en América Latina las mujeres aguantan mucho. La oposición creyó que los otros países llegarían con una varita mágica a ayudarlos, y fue un error. Es el pueblo venezolano el que lo tiene que hacer todo, y lo tiene muy duro. Como los cubanos.
Leyéndola a usted, a Camille Kouchner o a Justine Lévy, creo que podrían formar una especie de club de hijas afectadas por el Mayo del 68. Unos intelectuales comprometidos, intransigentes en su militancia, disolutos en sus costumbres, crían a unas niñas más maduras que ellos.
(Risas). Es que nuestros padres son eternos adolescentes, pero ese es también su encanto. La generación del Mayo 68 no quería envejecer. ¡Entonces no tuvimos más remedio que envejecer nosotras! Mire, yo tengo una distancia con ellos, los critico desde el punto de vista político, porque cometieron muchos errores, pero al menos tenían una sinceridad y una nobleza que hoy no encuentras.

DNI

  • Estudió Literatura e Historia en la Sorbona y Economía en la London School of Economics y en la HEC de París.
  • Ha escrito Hija de revolucionarios (Anagrama), Juan Carlos de España (Alianza) y Mi rey caído (Debate). Es autora de los documentales Yo, Juan Carlos y Venezuela, la sombra de Chávez.