Alex Las Heras acaricia las viñas centenarias de sus dos hectáreas con dulzura. Ni se plantea su arranque. «Las viñas son parte de mi familia», sentencia. La niebla permanece pegada a los viñedos que miran al sureste en Medrano, un pueblo a una decena de kilómetros de Logroño. Allí, como en decenas de pueblos de La Rioja, Álava y Navarra la sombra de la desilusión se alarga sobre las tierras que colocaron a la marca Rioja como una refencia de España en el mundo. Las Heras junto a otros 14.000 viticultores han dicho basta y se organizan para que el Gobierno central permita y subvencione el arranque de miles de viñas. Hasta 7.000 hectáreas tendrían que desaparecer para contrarrestar la dura crisis que irrumpió en la pandemia de Covid en 2020 y que ha obligado a agricultores a producir a pérdidas mientras en las bodegas se acumulan cientos de miles de botellas sin vender.
Alex Las Heras junto a casi trescientos agricultores decidieron el pasado miércoles retrasar la primera de las movilizaciones convocada por todas las organizaciones agrarias de La Rioja, País Vasco y Navarra. Conmocionados por las primeras noticias dramáticas de la DANA en la Comunidad Valenciana, los agricultores de Rioja se preparan para multiplicar su presión hacia el Gobierno de Sánchez. «A día de hoy no hay negocio para todos y hay gente que quiere salir; se trata de ayudar a esa gente para que la salida sea la más digna», resume Las Heras, con las tres ideas clave de una situación compleja para la Denominación de Origen Calificada (DOC) que exporta el 41% del vino español al resto del mundo y que representa un tercio del vino calificado vendido en España.
El «arranque voluntario» que defienden los viticultores pero también agrupaciones de bodegas pequeñas como las Bodegas Familiares de Rioja necesitaría de unos 70 millones de euros y de un complejo proceso administrativo y enológico para seleccionar los terrenos que se quedarían valdíos. Al DOC Rioja con unas 100.000 parcelas cuenta con 68.000 hectáreas y llegó a producir 283 millones de litros de vino en 2016. Ocho años más tarde, las ventas se sitúan en los 240 millones de litros. El cierre de la hostelería en 2020, el Brexit con la pérdida de parte del mercado británico, la guerra de Ucrania y la inestabilidad económica son los factores «coyuntarales» que explican la caída de las ventas. El cambio de hábito en el consumo sobre todo en los más jóvenes lastra las estrategias de comercialización de una marca que fue sinónimo de éxito durante décadas y que en 2016 llegó a solicitar la ampliación en 5.000 hectáreas sus superficie cuando Europa facilitó a España ampliar en 10.000 hectáreas la superficie dedicada a su centenar de marcas cualificadas.
«El modelo de éxito del Rioja se basa en que ha habido valor para todos los escalones. A las bodegas les ayudamos con buenas uvas para hacer buen vino. Los viticultores hemos tenido rentabilidad hasta los últimos 4 ó 5 años», reconoce Las Heras. Las bodegas más fuertes de España convirtieron La Rioja en el Sillycon Valley del vino con grandes inversiones en edificios emblemáticas y adquisiciones de viñedos en otras denominaciones de origen. Los viticultores, como Alex y su hermano, apostaron por mimar la producción conservando viñas de casi 100 años junto a nuevas plantaciones.
Rioja pasó de producir 85 millones de litros en 1985 al cenit de los 283 millones, un modelo de éxito que ahora de cuestiona por quienes abogan por el «arranque voluntario» y que abogan por una estrategia comercial volcada en la calidad frente al volumen. La DOC en la que están representados viticultores (14.000) y bodegas (580) destina 6 millones de euros para garantizar el control de calidad del Rioja y otros 10 millones a la promoción de un vino que aúna la potencia de una marca internacional con las subzonas o, incluso, la identificación del pueblo y el viñedo singular que publicitan sus etiquetas.
Los viticultores no cuestionan el trabajo de la DOC -el actual presidente Fernando Ezquerro representa a los viticultores- pero sí denuncian que grupos de bodegas se están aprovechando el excedente de producción para tirar los precios. Según un estudio realizado en 2023 por la Consejería de Agricultura del Gobierno de la Rioja, el coste de producción del kilo de uva tinta fue de 79 céntimos y de 56 céntimos de blanca. Un año después, bodegas de Rioja han a 65 céntimos y 55 céntimos respectivamente la uva tinta y blanca por debajo del coste de 2023 aún más penalizado por el incremento de costes en la energía, fertilizantes y maquinaria utilizada por los agricultores.
Además, advierten que grupos de bodegueros están retrasando la firma de los contratos de venta para obligar a los viticultores a asumir bajos precios y denuncian que se está incumpliendo la Ley de la Cadena Alimentaria que debe garantizar el compra de la uva por encima de su coste de producción.
«El viticultor desde que se levanta hasta que se acuesta no piensa más que en trabajar. El único problema que tenemos hoy es de rentabilidad y se extiende la desilusión. No vemos a corto plazo que se vaya a solucionar este problema», constata Las Heras ya de vuelta a Medrano. Tocados en la moral y en los bolsillos después de la última vendimia, los agricultores se mantienen conjurados en la defensa de la «calidad» como bandera de Rioja para afrontar las dificultades. «Nuestro único arma es la excelencia», señala Las Heras que evita pronunciarse sobre cómo tendrá que afrontarse la reducción de esas miles de viñas más allá de las que agricultores ya jubilados quieran vender.
La producción de la COC Rioja se extiende por municipios de La Rioja, País Vasco y Navarra y hasta ahora han las comunidades autónomas y los fondos comunitarios los que han financiado la reducción de la producción de uva o 'vendimia en verde' y la destilación de vino almanecenado para usos industriales. En 2023, solo 1.200 hectáreas solicitaron utilizar la vendimia en verde para reducir su producción. Un año más tarde, han superado las 8.000 hectáreas lo que ha permitido reducir la producción final en unos 40 millones de kilo de uva. «En Rioja ha habido siempre dientes de sierra pero este ciclo es más largo de lo habitual y por eso hay que tomar medidas diferentes», insiste Las Heras.