- ¿Por qué escribió usted ‘Órbitas’?
- Este libro responde a varias motivaciones, todas ellas personales. De entrada es un proyecto que tenía en la cabeza desde los 15 años, cuando empecé a cuestionarme por qué hacía las cosas, por qué seguimos los convencionalismos sociales, cómo tomamos nuestras decisiones, si hay que escoger el único camino a la vida... Observaba mi entorno y los comportamientos de las personas. Y quería plasmarlo de alguna manera en un libro. Hace dos años tomé la decisión de embarcarme de lleno en un proyecto literario y ver si era capaz de llegar a término.
- ¿Y por qué las órbitas como vector de narración?
- La esencia del libro es que quizá no hay un camino perfecto que nos conduzca a un objetivo, porque ni siquiera tiene por qué haber un objetivo como tal en la vida. Somos seres cambiantes en continua evolución y si al final hay un motor que nos guía podemos recorrer miles de trayectorias que son esas órbitas de las que hago referencia. Y en mi caso ese motor ha sido el hacerse preguntas, el querer explorar, la curiosidad.
- ¿Hasta qué punto hay que pagar un precio por la curiosidad?
- Que no se muera el gato con la curiosidad [risas]. Creo que si tienes también claros cuáles son tus valores y tus límites morales, cuál es tu núcleo y tu esencia, puedes permitirte zigzaguear a través de los caminos que vayas transitando para explorar más allá, para dejarte llevar por la curiosidad. Y que incluso cuando te desvías hacia zonas de baches, más problemáticas, o que sean un desafío o te supongan un problema psicológico, sacas de alguna manera lecciones y eres capaz de sobreponerte a ellas y verlo todo con perspectiva. Tampoco creo que haya tampoco un precio a pagar al respecto. Todos los seres humanos nos enfrentamos a momentos duros. La cosa es cómo nos sobreponemos a ellos y los encaramos. Al final se trata más de una actitud que de las circunstancias. Es igual que cuando me preguntan que has tenido que sacrificar para llegar donde estoy: mi respuesta es que no siento que haya renunciado a nada; he tomado decisiones. Algunas más acertadas, otras menos acertadas, pero todas me han llevado al lugar donde me encuentro. Así que no cambiaría nada en ese sentido.
- ¿Cómo se relaciona usted con la extraordinariedad?
- En el sentido literal de la palabra. Sin pretender de verdad sonar ni pedante ni soberbia, siento que me salgo de lo ordinario porque, voluntariamente, he buscado salirme cuando no me aportaba nada. Eso es lo que me ha llevado a plantearme por qué hago las cosas. ¿Las hago porque es lo que se espera de mí, porque es lo que hace la sociedad? He querido tomar las riendas de mi vida y no ser como el agua que fluye a través de un cauce simplemente porque la deriva le lleva. En ese sentido quizás sí he sido extraordinaria, pero no porque me considere ni más válida, ni más inteligente, ni más fuerte, ni más nada que el resto de los seres humanos. Soy una más entre toda la humanidad que hay aquí, ni más sesuda, ni menos. Tan sólo he buscado lo extraordinario en mi día a día, si eso era lo que me aportaba algo. Los terrenos comunes me suelen aburrir.
- Usted, que es fan de Pink Floyd, ¿qué relación ve entre la música y el movimiento de las esferas?
- Tengo un amor y una relación extrema y maravillosa con la música, pero no me lo llevaría al terreno espiritual o... astral. La astrología no es mi órbita, desde luego. Pero creo en un poder maravilloso que tiene la música, que es desde canalizar sentimientos y emociones hasta servir de zona común, en este caso para bien, en el sentido de que se puede poner mediante notas musicales y letras de canciones, sentimientos que todos los seres humanos hemos experimentado en algún momento. Eso nos une y nos hace sentir que no estamos solos en el mundo, que otro ya ha experimentado ese amor, esa nostalgia, esa desolación, esa intriga, se ha maravillado con algo igual que tú y lo ha transformado en una obra de arte, en este caso musical.
- ¿Piensa que la ciencia puede abarcar toda la comprensión humana o que hay algo más allá?
- Creo que la ciencia puede explicar un porcentaje. Pero lo que no es capaz de explicarlo no lo achaco a algo divino o esotérico, sino a que todavía no tenemos conocimiento suficiente o mentes preparadas para entender lo que está más allá. A medida que hemos ido avanzando en la tecnología y hemos puesto ‘ladrillos’ de conocimiento, hemos podido explicar más cosas. Creo en la ciencia, en el potencial de explicar los fenómenos naturales desde un punto de vista argumentado y basado en el método científico. Que no seamos capaces de lograrlo mediante el método científico no significa que no tenga una explicación, sino que tal vez todavía no hemos llegado a ella.
- ¿Por qué cuando alguien viaja fuera de la Tierra siempre es requerido para que cuente lo que ha visto o sentido?
- Quizá porque la perspectiva de la gente que va al espacio es una cosa bastante -volvemos al término literal- extraordinaria. Al final hay muy pocas personas que puedan vivir eso. Y siempre nos generan curiosidad las vidas ajenas, las que desconocemos. Por eso sentimos curiosidad por saber qué hacen los famosos o los actores y actrices de Hollywood. Al final, todo lo que es de alguna manera único o reducido o exclusivo te genera curiosidad. Y se puede ver con los astronautas, que encima ya no sólo viven algo bastante único, sino que salen del planeta, tienen una perspectiva distinta e interesa lo que puedan decir. Pero este libro no tiene nada que ver con lo que un astronauta diría o no diría, así que si la gente espera eso va a salir decepcionado.
- En época de hiperespecialización, ¿que puede aportar el humanismo a una astronauta?
- Considero que una persona no puede ser un buen científico si no tiene cultura en general, que implica también cultura general. La sobreespecialización a la que tendemos los científicos es necesaria para las líneas de investigación, pero no puedes anular todo lo demás. Vivimos en sociedad y entender las distintas perspectivas, saber un poco de todo, te abre la mente, te permite conectar ideas, ese famoso pensamiento lateral que todo el mundo busca ahora en las empresas. Eso sólo es posible si te nutres de distintas áreas y de distintos estímulos. Hacer esa diferenciación entre ser de letras o de ciencias, y todos los prejuicios y clichés que van asociados con cada una de esas dos categorías, me mosquea. De hecho, este libro podría ser un alegato para romper eso: ¿Qué pasa, que si yo me dedico a la ciencia no me puede gustar escribir? O la cultura, la música, el cine, la literatura... Además, que esto no va sólo en el sentido de que los científicos tengan que saber de humanidades, sino también a la inversa: se trata de conocer el mundo que nos rodea para entender que todos formamos parte de él. Es triste segregarnos y categorizarnos cada uno en su compartimento, que solamente seas lo que tu etiqueta dice de ti.
- ¿Viajaría usted a Marte sabiendo que tal vez nunca pueda volver?
- Lo primero, según las previsiones, todavía faltan décadas para que un humano pueda ir a Marte. Y, además, no se concibe la posibilidad de viajes en los que no esté previsto cómo van a volver con sanos y salvos los astronautas. De hecho, es una cosa que se suele preguntar en los procesos de selección de las agencias espaciales, porque tienden a presentarse auténticos entusiastas del espacio que aseguran: "Yo me iría a Marte, aunque me dijeran que no voy a volver a la Tierra con vida. Me sacrificaría". Esa persona no está preparada psicológicamente para ser astronauta.
- ¿Piensa usted en la muerte?
- No. Y confío muchísimo en todos los profesionales que hay detrás de la construcción de una misión espacial, desde cómo se montan los lanzadores, hasta toda la ingeniería que hay detrás de la nave. Obviamente hay un riesgo de mortalidad, pero es que ese riesgo existe en el momento que sales de tu casa y cruzas una calle. Éste es un trabajo más. Es verdad que la sensación que experimentas cuando eres impulsado a esa velocidad con toneladas de combustible explotando bajo tu espalda, pues hombre, te da como cierto reparo. ¿Pero miedo a la muerte? No, en absoluto.
- ¿Qué aprende una en este proceso?
- Estoy aprendiendo en multitud de aspectos de mi vida, dado que estoy conociendo todo tipo de perfiles, me estoy moviendo en todo tipo de sectores, estoy viviendo todo tipo de vidas. Y yo, que soy una ‘esponja’ que intento absorber todo lo que pasa a mi alrededor, veo que es un aprendizaje muy particular. Al final, si vas con los ojos, los oídos y la mente bien abiertos, aprendes lecciones de la gente que te rodea. Y en mi caso estoy teniendo muchas oportunidades.
- ¿Cómo definiría la gente con la que comparte esta aventura?
- Tenemos varias cosas en común que yo he podido detectar. Las primeras: poca vanidad y bastante humildad. Ser muy conscientes de que el objetivo de un equipo siempre va a estar por encima de tus intereses y tus deseos individuales. Y tener ese compromiso de anteponer la misión a lo que tú desees. Y la capacidad de mantener la calma bajo presión. Y siempre intentar afrontar los problemas desde el optimismo, desde una actitud proactiva y basada en la comunicación.
- Es usted un modelo para muchas niñas y jóvenes. ¿Cómo lo vive?
- Siento responsabilidad. Y eso me lo tengo que tomar con cautela, porque están viendo los pasos que doy. Y conmigo además pasa una cosa, y es que detesto decirle a la gente lo que tiene que hacer, dar consejos. Porque considero que cada persona es única y su forma de ver el mundo no es necesariamente la forma en la que el mundo es. No hay fórmulas mágicas ni soluciones sencillas ni consejos que puedas escribir una taza y dárselos a todo el mundo. Ésa es otra de las esencias del libro: no te voy a contar cuál es el camino perfecto, porque no creo que exista. No te voy a decir cuál es la consecución de tus sueños y de tu objetivo. Porque ése objetivo no es el mismo cuando tienes 10 años, que cuando tienes 15, o tienes 20 o tienes 60. Somos seres cambiantes, vamos aprendiendo lecciones y creciendo como seres humanos. Sí que puedo compartir mis valores, pues soy así desde que era niña. Y esos valores están relacionados con la valentía, con el atreverse a explorar y a perseguir aquello que nos motiva, con no quedarnos estáticos cuestionando todas las puertas y cuál será la más idónea para abrir. También ser amable, desarrollar la empatía con los demás. Ponerle pasión. Y esforzarse: Me he esforzado toda la vida por estar donde estoy; las gratificaciones no son inmediatas.
- De ayudar a su madre en su tienda de retales, La cabina, al espacio exterior. ¿Qué mensaje transmite este viaje?
- Que es fantástico poder crecer en una sociedad que te da oportunidades. Que te permite que, independientemente de tus recursos económicos, puedas tener una educación. Se habla muchas veces de que la educación es un ascensor social y en mi caso ha sido así. A las pruebas me remito. El haber tenido educación pública, sanidad pública, que no se me vete por ser mujer o se me obligue a según qué cosas.... Eso es lo que me ha permitido estar donde estoy. Y sólo es posible en una sociedad que se preocupa en su conjunto por el bien social de sus ciudadanos.
- Tanto usted como Pablo Álvarez, primeros astronautas españoles de la Agencia Espacial Europea en 30 años, son de León. Son ustedes los ídolos de la ‘tierrina’.
- Al final esto ha sido un impulso de visibilidad, sobre todo porque los dos somos de allí. Y notar el orgullo en nuestros paisanos es muy bonito. A mí me gusta ese sentimiento de que León es mi tierrina. Nací en León, me hace mucha ilusión y lo defiendo a capa y espada. Pero tan pronto te digo esto, como te digo lo contrario: siempre abogaré por la inclusión. Y ya no me voy a León dentro de Castilla y León, dentro de España, dentro de Europa... me voy al planeta. Si pudiera elegir, para mí no habría segregación por países, por fronteras. Entiendo el orgullo de la tierra, porque yo misma lo siento, pero me gusta pensar en el ser humano en su conjunto. Y en el planeta Tierra como esa canica azul, en la que estamos todos. Porque creo que el sentimiento identitario por un lado está bien, porque nos hace sentirnos especiales, pero cuando lo llevas al extremo, empiezas a ver lo que no forma parte de tu categoría como algo peor. O como el enemigo, ahora que hablamos tanto de la polarización. Entonces yo, en lugar de irme a lo pequeño, yo soy de León, prefiero irme a lo grande. Y eso no quita el orgullo que siento.
- ¿Cómo lleva usted la actual obsesión con la identidad?
- Tiendo a no posicionarme. No porque quiera ser equidistante o porque no desee mojarme o porque me dé miedo el qué dirán, sino porque se va a malinterpretar mi opinión. Si, por ejemplo, eligiese un partido político, parecería que detesto al resto de partidos. Cuando probablemente te sepa decir una cosa buena de todos y cada uno de los partidos políticos que tú me nombres, aunque no compre el paquete completo de nada. Es igual que cuando me piden elegir una canción. Dejemos de obligar a la gente a posicionarse tanto, dejemos de ponernos categorías que nos limiten y rompamos las barreras para poder experimentar la vida en su conjunto. Lo siento si estoy sonando muy ingenua o muy idealista, pero es que me mosquea un poco eso. Afortunadamente, ahora ha entrado la física cuántica. Entre el 0 y el 1 hay un sinfín de posibilidades. Así que ya no es todo blanco o negro: hay múltiples estados intermedios.
La última...
P. ¿Cuándo fue la última vez que lloró?
R. Debo reconocer que lloro bastante poco, pero a veces me pillan las cosas un poco más sensible. La última vez fue con una película de animación, Robot salvaje, que me emocionó tanto que se me cayó la lagrimina.