Existe una barcelonesa que fue detenida en Omán con tan sólo 18 años, que ahora tiene 21 y que ha sido condenada a estar encerrada en la prisión de mujeres de Mascate durante 25.
Son las cifras hiperbólicas del confinamiento dentro del confinamiento de Fátima Ofkir Reyes, la presa española más joven en el extranjero.
En la cárcel es despertada a las cinco de la madrugada. Tiene que rezar cinco veces al día. Es la única hispanohablante del centro. Está sola. Cumple condena sin un tratado de extradición que arroje algo de luz para la repatriación. Logra llamar a su madre una vez cada 15 días. Y a ésta le ha dicho que piensa en la muerte.
Así es hoy la vida para la chica que iba a iniciar sus estudios de educación infantil al mes siguiente de su detención. Cambió para siempre el 3 de agosto de 2017, cuando fue arrestada con siete kilos de morfina en un hotel del sultanato.
-Casi no nos da tiempo a hablar, porque se corta enseguida.
-¿Y qué te dice?
-Mamá, sácame, mamá, sácame, mamá, sácame.
Ahora cae en la cuenta de que la hija que jugaba al béisbol en el Hércules y hacía teatro en L'Hospitalet, la que practicaba básket y obedecía en casi todo, comenzó a ser otra a raíz de que su padre se fuera de casa y las dejara a las dos.
«Ella estudiaba en el Instituto Margarida Xirgu. Yo trabajaba en el mantenimiento de un gimnasio», cuenta Rosario Reyes, su madre.
Ella se dio cuenta de que no podía con todo y de que no teníamos dinero. Entonces cometió este error tan grande
«A raíz de que él nos abandonara, caí en una depresión muy fuerte y tuve que cogerme una baja. Ella comenzó con relaciones con gente problemática. No teníamos dinero, ni a nadie. Entonces mi hija se dio cuenta de que yo no podía con todo y quiso hacer algo para ayudar... Este error tan grande».
Lo que Fátima le dijo a Rosario a finales de julio de 2017 es que se iba unos días con su novio y que volvía el lunes.
Lo que Fátima hizo en realidad fue subirse a un avión rumbo a esta monarquía absoluta de la península arábiga para no volver jamás.
El plan no salió como le habían contado.
Cuando sonó el teléfono de la madre el 3 de agosto, era un portavoz de la Embajada de España en Omán. Varias cosas. Que su hija estaba detenida. Que le iban a ofrecer una lista de abogados. Que ya la volverían a llamar.
«No supe el verdadero motivo de su detención hasta tiempo después... Me contó que estaba en un hotel, cuando abrieron de golpe en la madrugada y la rodearon una decena de omaníes vestidos de blanco y armados. Fue acusada de portar siete kilos de morfina para intentar sacarla del país. Ella colaboró con la Justicia. No paraba de llorar y de decirme que había sido tonta. Tenía 18 años. Es una niña de 21 hoy. Una que se ha equivocado mucho, pero niña al fin y al cabo».
Hasta diciembre de 2019, su abogado barajaba hasta tres años de condena (ella ya llevaba más de dos). Luego todo cambió a peor.
Si Rosario le ha mandado una carta al rey de España solicitando ayuda no sólo es porque sea la principal autoridad del Estado, sino porque Felipe VI tiene una buena relación con la monarquía omaní.
En efecto, a mediados de enero, el monarca español encabezó la delegación que se desplazó hasta la capital del país árabe para mostrar las condolencias por la muerte del sultán Qabús.
Pero, nada más tomar el poder, su sucesor, el sultán Haitham Bin Tariq, no dudó en mostrar su mano dura contra las drogas: en la sentencia del 10 de febrero, el tribunal condena a 25 años de cárcel a la española por supuesta pertenencia a una banda internacional de narcóticos.
«Sus Majestades, no sé si pueden imaginarse mi dolor como madre», dice la carta de tres folios remitida a la Casa Real. «Fátima es lo único que tengo, no tengo a nadie más, y ahora necesita toda mi ayuda y también la suya. Estoy segura de que, si yo no hubiera estado en tan mala situación en aquel entonces, ella no habría aceptado el trato que supuso su ruina».
«Sé que son conscientes de que en ese país los derechos de la mujer y su libertad no son tan preciados y respetados como en España», resalta.
La madre dice que son una familia «humilde». Cita dos veces la palabra «infierno», otras dos la palabra «niña» y pide «encarecidamente» al monarca que la traigan a España. «Porque no quiero olvidarme de su cara, de su sonrisa, de su olor y de su vitalidad».
El caso es «de sobra conocido» para la Embajada española en Omán, cuyo personal «ha ido a visitarla en varias ocasiones» y «ha asistido a las vistas del juicio» como «refuerzo». Fuentes diplomáticas consultadas por este periódico indicaron además que la reclusa está recibiendo «asistencia consular» y «humanitaria».
Allí reza cinco veces al día, no hay deporte, no hay actividades. Tiene que hacerse su propia comida
De las 965 personas españolas presas en el extranjero, en torno a un 15% (unas 140) son mujeres, según datos de la Fundación +34. La inmensa mayoría por tráfico de drogas.
Una de ellas es esta chica que antes hacía radio en el centro cultural Torre Barrina de L'Hospitalet y que ahora se ha quedado muda en la cárcel.
«Después del primer rezo, desayunan, luego toca la higiene, luego vuelven a rezar, luego comen, luego vuelven a limpiar... Se reza cinco veces al día, no hay otra rutina, no hay actividades, no hay deporte, las mujeres se dedican a limpiar, a orar y a hacerse su propia comida».
Su madre, Rosario, se ha mudado a Barcelona a casa de la abuela. Ambas viven de la modesta pensión de la segunda y de la baja por enfermedad de la primera. Han tenido que pedir varios préstamos para pagar la defensa de Fátima.
«Ella es consciente de que es muy difícil sacarla de allí y de que estoy haciendo lo imposible. Me dice que ha sido una imbécil, que ha sido un error todo, pero le han caído 25 años de condena... 25... Y eso no se soporta».
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