BALEARES
Primer plano
Los testimonios

Vivir en una postal de Instagram: "Los turistas nos hacían fotos a todas horas y alguno entró en las casas pensando que era un museo"

La explosión del turismo tras la pandemia y la difusión en las redes sociales masifica algunos enclaves de Baleares. Frente a ello, algunos colectivos anónimos defiende a los turistas: "Traen riqueza y no son la causa de los problemas de los que les culpan"

Óscar Monge, en Binibeca, poblado turístico de Menorca.
Óscar Monge, en Binibeca, poblado turístico de Menorca.GERMÁN LAMA
PREMIUM
Actualizado

«Al salir de casa te sientes como Robert Redford, los turistas te hacen fotos como si fueses famoso o exótico, como si allí viviésemos los teletubbies de Menorca». Óscar Monge tiene 50 años, es restaurador y uno de los 195 propietarios de Binibeca Vell, un pintoresco poblado menorquín al que apodan 'el mykonos español' por su parecido con la famosa isla griega.

Recibe a EL MUNDO en una mañana de febrero, cuando este pueblo costero de casas blancas está en pleno letargo hibernal, antes del habitual estallido de visitantes del verano.

Él ha sido uno de los vecinos que promovió una batalla cívica por tratar de recuperar la paz y la convivencia en el pueblo, convertido en un hormiguero de turistas desde que las redes sociales empezaron a difundir su imagen idílica hasta el último rincón del planeta. Cada verano miles de personas llegan, pasean un rato por sus calles, cumplen con el sacramento de la foto y se van.

«Lo más incómodo vino tras la pandemia, empezaron a llegar riadas de turistas», explica Monge. «Aquí las calles son peatonales y muy estrechas, y se saturan hasta un punto en el que se necesitarían semáforos», agrega en tono hiperbólico.

«Llegaban a todas horas, hacían ruido, gritaban, alguno entraba sin permiso en las casas pensando que eran parte de un museo...hubo hasta conatos de enfrentamientos entre turistas y vecinos», lamenta mientras recuerda el momento en que los vecinos se plantaron e iniciaron un movimiento para pedir ayuda, llegando a plantearse cerrar el pueblo.

800.000 personas

Aunque la costa es pública y debe facilitarse el acceso, Binibeca es una propiedad privada. Se creó en los años 60 como una urbanización para emular las poblaciones costeras blancas del sur de España. Tiene un halo de excentricidad hippy, un suvenir arquitectónico. Sólo cinco personas viven allí todo el año. Ocupa 8.000 metros cuadrados y está formado por casas pequeñas de pescadores.

En verano, la cifra de residentes se dispara hasta las 700 personas, pero nada comparado con los turistas: cada año pueden pasar por allí 800.000 personas.

Finalmente, tras sus protestas, los vecinos encontraron un punto de encuentro con el Ayuntamiento de Sant Lluís. Instalaron carteles con normas de civismo y fijaron un horario de visitas, cerrando el acceso público por la noche para garantizar el descanso de los vecinos. No cobran por el acceso pero lo regularon.

«Hemos logrado un cambio y la gente que viene sigue siendo mucha pero está más concienciada», se congratula este vecino, que, aclara, no reniega del turismo, cuya importancia económica reconoce. De hecho, en el pueblo hay varios negocios de los que viven familias enteras. Él mismo es restaurador y defiende el turismo como fuente de riqueza y bienestar. «Sólo pedimos civismo y sentido común».

"Amamos el turismo"

El turismo de masas conlleva incomodidades en determinados puntos pero cuenta con numerosos aliados en la sociedad civil balear. Algunos de ellos niegan la saturación.

El pasado año nació en Mallorca un movimiento anónimo llamado We Love Tourism. Lo impulsan dos ciudadanos anónimos (responden a las iniciales P.P.C. y G.R.) que pregonan las bonanzas del turismo y defienden su importancia. Reparten carteles y pegatinas entre los turistas y lanzan mensajes en las redes.

«Somos un grupo de amigos que se ha movilizado de forma puntual ante lo que consideramos un ataque injusto e injustificado al turismo y a un modelo económico que ha generado bienestar y progreso durante 50 años», declaran a este diario.

«Nos  preocupa que esos ataques se produzcan no sólo contra el modelo económico sino contra los turistas que están aquí disfrutando de sus vacaciones con el mismo derecho que tenemos nosotros cuando visitamos otros países».

Desde esta plataforma, sostienen que «hay falsos indicios de masificación achacados al turismo» y que en realidad responden a otros factores, como el aumento poblacional. Pero que son utilizados por algunos grupos políticos y entidades politizadas «para desprestigiar el modelo».

Como ejemplo, aluden al problema de la vivienda. «Atribuir al turismo la culpa del aumento de los precios y de la imposibilidad de acceder a una vivienda ignora otros problemas sociales que inciden de forma más significativa».

La plataforma, indican, ha recibido multitud de apoyos anónimos y privados a través de su web. «La inmensa mayoría de ciudadanos coincide con nuestra postura; hay una mayoría silenciosa potente que no está para nada a favor de un ataque injustificado al turismo o a los turistas que nos visitan».