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Milagro en Múnich

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Araujo, tras la anulación de su gol en el minuto 86.
Araujo, tras la anulación de su gol en el minuto 86.REUTERS

Todavía escuché a algún optimista -de los que abundan en el catalanimo utópico- que el Barça aún depende de sí mismo para llegar a octavos. Ademas, contaba que el Bayern no tenía ningún interés en el partido, una vez clasificado y que jugarían los suplentes. Vamos, con alfombra roja preparada.

Ese optimismo extraño lo provoca el amor de mes que un club, que hasta la salida de Messi era su mejor embajador en el mundo. Sólo queda pensar en el milagro en Múnich A mí me parece desorbitado, pero los barcelonistas, con el nuevo mesías de Xavi al frente, creen que se puede tocar con los dedos lo imposible.

Para ser riguroso, el Barcelona se dejó la piel, la fuerza y las ilusiones en busca del gol. Pero todos sabemos que no tiene jugadores para al menos compensar el esfuerzo.

Memphis me recuerda a Jovic y sólo Dembélé, al final, puso los minutos más impulsivos, por si llegaba el golito que dejaba al Benfica pensando en Guimaraes. Koeman tenía más razón que un mártir. El Barcelona sólo tiene equipo para pelear en la Liga como un desesperado, pero no da para más. No se puede soñar con unos cuantos críos, Piqué, Busquets y Alba. Y con un entrenador que es un novato con ideas antediluvianas. ¡No hay para más!

El gol frente al Espanyol fue un espejismo, con un penalti inventado. Y tengo mis dudas que el balón que dijeron que salió por fuera anulara el 0-1 de Otamendi. La mejor toma, la que parecía que, efectivamente, el balón no había salido, fue prohibida [por ¿Roures?] para favorecer al Barcelona.

Por otra parte, el Benfica hizo un partido rídiculo, miedoso, siempre tapado por hasta ocho jugadores cerca del área. Y lo que era más calamidad todavía es que no lograban una posesión que durara más de un minutos, por no hablar de la catástrofe en el epílogo del encuentro cuando Seferovic desperdiciaba un tanto seguro. Jorge Jesús, el entrenador lisboeta, se comía la hierba del Camp Nou.

Hay milagros en el fútbol si entran las inteligentes coordenadas de los buenos jugadores, acompañadas por una terrible terremoto en el contrario. Bueno, que el Benfica no gane al Dinamo de Kiev y el Barcelona gané en Munich. Total, nada. Como decía el ilusionista, el Barça aún depende de sí mismo. El milagro está en Munich.

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