La Unión Europea ha detectado cinco grandes puntos en la guerra comercial que ha comenzado Donald Trump, que en Bruselas ya se denomina como los Big Five, y en los que el presidente de Estados Unidos tiene especial interés: el sector de la automoción, el farmacéutico, los metales como el acero o el aluminio, la madera y los semiconductores.
De hecho, en el acero y el aluminio los aranceles ya se han comenzado a aplicar, y en el sector de la automoción Trump ha anunciado que aplicará una tarifa del 25% a todos los vehículos que se fabriquen en el exterior de la UE. Pero en Bruselas inciden también en la importancia de los otros tres sectores, y ven una similitud entre los cinco: que el magnate quiere impulsar con especial fuerza la industria estadounidense dentro de esos ámbitos.
Por su importancia tecnológica y de innovación, como puede ser el caso de los semiconductores o el sector farma, por tradición y orgullo nacional, lo que se podría aplicar a la automoción o incluso al ámbito de los metales, o porque directamente es un ámbito muy importante en estados fundamentales para el partido Republicano. Esto ocurre con el sector maderero, que tiene una larga tradición, por ejemplo, en Georgia. Y, de hecho, la Comisión ya ha dicho que atacará igualmente a ese producto con sus "aranceles inteligentes" para hacer daño "donde más duele". En el corazón del republicanismo.
Bruselas, incluso teniendo clara esta premisa, mantiene que lo ideal es negociar. De hecho, en la visita que esta semana lideró el comisario de Comercio, Maros Sefcovic, las delegaciones de EEUU y la UE estuvieron reunidas durante seis horas. Pero el resultado fue prácticamente nulo dada la posición de Estados Unidos, son muy conscientes de que Trump tiene poco interés por contener la guerra comercial y en Bruselas estiman que la situación es especialmente complicada en el ámbito de la automoción y el sector farma. En el resto de ámbitos las posibilidades de llegar a acuerdos son muy reducidas, pero en estos dos la situación es casi imposible.
Y en la UE son igualmente conscientes de los constantes cambios de Trump en sus posiciones, amenazas y medidas. Tienen claro que el magnate quiere acelerar muchas de sus medidas arancelarias para, a continuación, iniciar un proceso de rebaja de impuestos. Esa es la política en la que se siente cómodo y que gusta a sus votantes, incluso aunque por el camino lleve a Estados Unidos a una recesión o menor crecimiento económico.
Por ello, la Comisión Europea está "calibrando" la respuesta a la guerra arancelaria, que se desatará con especial fuerza a partir del 2 de abril. Ese día, que Trump ha bautizado como el de la "liberación", entrarán en vigor muchas de las llamadas medidas "recíprocas" y entre las que no estarán incluidas precisamente las actuaciones en automoción, sector farma o semiconductores. Eso llegará después, si no se da un improbable acuerdo. Y, por ahora, lo que Bruselas ya prepara es una respuesta por valor de 26.000 millones de euros, que entrará en vigor a mediados de abril y a la que habrá que sumar la respuesta a las medidas adicionales que anuncie Trump.
Bruselas mira a China
Al mismo tiempo, Bruselas ya está tratando de formar nuevos lazos comerciales, con India, por ejemplo, y de reenfocar la relación con China. Para esto último, Sefcovic acudió a Pekín justo después de las infructuosas conversaciones con Washington. "Debemos asegurarnos de que la relación de la Unión Europea y China esté basada en la igualdad de condiciones, tanto en lo que respecta a los flujos comerciales como a las inversiones, con una apertura simétrica de mercados", afirmó en su perfil de la red social X tras reunirse con el responsable chino de Comercio, Wang Wentao.
Apenas se han conocido detalles de la cita, más allá de que se produjo un "intercambio importante" sobre cómo encaminar la relación bilateral "hacia esta nueva dirección". Y en ese mismo viaje, Sefcovic también tuvo un encuentro con viceprimer ministro chino, He Lifeng, quien, según señalan en la Comisión, le trasladó que China está dispuesta a "fortalecer el diálogo y el intercambio" entre ambas partes y "resistir el unilateralismo y el proteccionismo".
China genera un claro recelo en Bruselas, no se le considera como el mejor socio posible y hay acusaciones de competencia ilegal en sectores como el coche eléctrico o el acero y aluminio. Pero el regreso de Trump a la Casa Blanca ha supuesto una fuerte sacudida a las relaciones comerciales, y Europa trata de buscar su sitio para no quedarse atrás. Más, todavía.