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El lunes, The New York Times publicó un artículo sobre el restaurante que Elon Musk planea abrir en Los Ángeles. La información era algo confusa y, en las redes, se mezclaba con el establecimiento que su hermano Kimbal ha abierto en Austin, Texas. De momento solo se conocen los fragmentos de la carta que ha filtrado Tesla, que siguen la línea de los chistecillos de listos en los que abunda el dueño: CRISPR chicken (acrónimo de "Repeticiones Palindrómicas Cortas Agrupadas y Espaciadas Regularmente"), que viene a ser algo así como pollo frito crujiente, o AI-oli, juego de palabras con inteligencia artificial. [¿Le gustará el ajo a Elon Musk?] También habrá alitas, batidos, hamburguesas de queso y, según se rumorea, carne fabricada en laboratorio, aunque también se podrá comer solomillo natural.
Sobre si finalmente el restaurante de Elon Musk se hará realidad o será como aquellos túneles supersónicos que prometió construir para mejorar el tráfico de Las Vegas (anunció un sistema con plataformas que irían a 240 km/h, pero solo se circula a 50), hay varios motivos para la esperanza. Más allá de que, como en el caso de The Boring Company (nombre de la empresa de túneles), se trate de una performance empresarial. En primer lugar, el magnate ya ha anunciado el estilo: "Una mezcla de Grease y Los Supersónicos", la serie de William Hanna y Joseph Barbera que seguramente ustedes habrán visto en su infancia. Iba de una familia que viajaba en un platillo volante, y eso es exactamente lo que parecen los bocetos del restaurante.
Según la web de Tesla, estará inspirado en los autocines y en los restaurantes de los años 50 y la comida será la clásica americana, pero con los juegos de palabras de los que ya hemos hablado y con un enfoque moderno y tecnológico: pedidos automatizados, pantallas interactivas... y es de esperar que atienda una legión Optimus, que es como se llama el robot humanoide de Tesla (30.000 euros), y que promete encargarse de las tareas del hogar y otros menesteres. (La liberadora lavadora también la inventó un hombre).
También tendrá un aparcamiento con estaciones de carga rápida para los vehículos Tesla que podrán recargarse mientras los conductores ven una película. En ese terreno, Musk ha recibido un varapalo por parte de su competidora china BYD, que ya ha anunciado que ha sido capaz de crear un coche que se carga en cinco minutos. El restaurante contará además con dos pantallas de cine al aire libre que proyectarán películas y, posiblemente, clips de arte o contenido relacionado con Tesla y SpaceX.
¿Es esta otra fantasía de Musk? No. Estará ubicado en West Hollywood, en el antiguo local que ocupaba Shakey's Pizza, y se dice que abrirá esta primavera. Tesla no es la primera marca que apuesta por incluir lifestyle como parte de la experiencia completa. (¿Han visto los cafés que ahora se sirven en Zara?). La diferencia es que aquí la experiencia no solo se vive, sino que se mide: sensores, datos, pantallas, algoritmos.
Otro problema para Musk será la cocina. A la espera de que sus humanoides sepan idear platos, Musk se puso en contacto con Caroline Styne y Suzanne Goin (evidentemente no hizo ningún intento con José Andrés), que trabajan en un prestigioso grupo hostelero. Pero las dos damas se negaron porque no se servirá alcohol. Lo normal, dada la demonización actual del alcohol y que el magnate ya ha expresado en multitud de ocasiones que no le gusta su sabor, aunque dice saber disfrutar de un whiskicito o de una copa de vino. Por otro lado, la renuncia al alcohol entre los magnates tecnológicos se ha convertido en tendencia desde que, en su día, lo hiciera Steve Jobs, el fundador de Apple. Otro que recientemente se unió al club abstemio es Mark Zuckerberg, que dijo que lo dejó porque no le sentaba bien y que prefería centrarse en su preparación física.
Otra cosa es el consumo de estupefacientes. En 2024, Musk confesó que tomaba ketamina bajo prescripción médica para tratar sus estados de ánimo, y en su famosa entrevista con Joe Rogan se fumó un porro. Sin embargo, esta no parece ser una buena carta de presentación para lo que se ha definido como un restaurante familiar.
La incursión de la familia Musk en la hostelería no es nueva. Su hermano Kimbal acaba de abrir un restaurante de carnes en Austin llamado The Kitchen, aunque, de momento, él sí sirve alcohol y tiene camareros humanos. El de Texas es su sexto restaurante después de los que abrió en Colorado, Chicago, Cleveland, Memphis e Indianápolis. La carta tiene influencias de Perú, China... Kimbal tiene 53 años y es tan solo un año menor que Elon (y uno mayor que Tosca, la benjamina del matrimonio formado por Erroll y Maye Musk). Se dice que, de niños, Elon se dedicaba a programar su ordenador Commodore, Kimbal a cocinar, y toda la familia cenaba criticando sus platos. En los 90 los dos hermanos se mudaron juntos y Elon dio su primer pelotazo. Paradójicamente, vendió una de sus empresas de mapas a The New York Times, hoy su bestia negra.
Después, Kimbal se dedicó a la hostelería, pero desde un enfoque social y educativo, impulsando la plantación de huertos en colegios para que los niños entendieran de dónde viene la comida, a través de Big Green, que hoy cuenta con 600 huertos escolares. Además, es bastante guapo y en las entrevistas parece simpático.