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La diosa de la glucosa (y su vestido de casi 4.000 pavos)

La francesa Jessie Inchauspé.
La francesa Jessie Inchauspé.GTRES
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¿Será verdad eso de que uno de cada ocho estadounidenses han experimentado con los medicamentos de pérdida de peso? Se lo escuché a Jessie Inchauspé y flipé un poco: uno de cada ocho son muchos millones de personas. Pero yo a Jessie me la creo. Es tan lista. Es tan mona. Es tan normal.

La conocida como "diosa de la glucosa" dio esa cifra en su popular canal de YouTube, ese en el que divulga sobre endocrinología mientras vende (sus) pastillas y luce ropa carísima de Rabanne o Isabel Marant. Ella es todo un personaje. Y un fenómeno. También es una mujer con un físico normal, si entendemos por "normal" no pasado por los absurdos cánones de belleza del hialurónico ("ácido y alurónico", como decía la otra) y el thigh gap de rigor.

Inchauspé, cuestionada por su -muy atractiva- simplificación del metabolismo humano y su -muy de estos tiempos- alarmismo, es una comunicadora excepcional. Que no parezca una Barbie resulta refrescante, pero también funciona como trampa: su apariencia de chica sanota y normal ("normal") podría ser una manera de aportarle una credibilidad que, como sus estilismos, está muy estudiada. La diosa de la glucosa combina verdades de perogrullo con menciones a trabajos científicos y notas de humor sobre lo "friki de la ciencia" que es ella. Aunque, francamente, por guionizado (y monetizado) que esté todo lo que hace, siempre será mejor que las paparruchas de dietas detox, astrologías y energías de otros. O las turras de tres horas de Andrew Huberman.

Como decía la cómica Nikki Glaser, algunos intentan hacernos creer que se han quitado la papada y las lorzas a base de meditación y yoga. Ahora en Hollywood ya no se hacen chistes del botox, sino del Ozempic y el Mounjaro. Y ahora los científicos televisivos no parecen el profesor Bacterio sino, como Jessie Inchauspé, personajes de una comedia sexy sobre treintañeras locuelas en París. Agobiadas por las facturas pero siempre vestidas con lo último de Courrèges y calzadas con lo próximo de Alaïa.

En su último reel en Instagram, Jessie explica gráficamente los picos de glucosa vestida con un vestido-guardapolvo de Miu Miu de 3.650 euros. Con más de un millón de ejemplares de su libro vendidos y un seguimiento igualmente masivo en las redes sociales, puede permitirse de sobra esos caprichos. Aunque yo estoy seguro de que toda esa ropa o se la prestan o se la regalan las marcas. Porque ella también es aspiracional, aunque no sea ni rubia ni delgadísima. Pero sí es lista. Y francesa. Y sí, ser francesa da puntos. No me obliguen a explicar esto.

Los medicamentos antiobesidad de última generación no son tan caros como los trapos de Miu Miu o Balenciaga. Sin embargo, su alto precio sigue manteniéndolos fuera del alcance de muchas personas. Cuando eso deje de ocurrir (y dejará de ocurrir), la brecha de clase de la delgadez se cerrará un poco. Entonces casi cualquiera podrá ser delgado. Quizá entonces se le termine el negocio a la diosa de la glucosa, quién sabe. Yo apuesto a que no. Esa gente tan lista siempre cae de pie. La ciencia cuqui de Jessie Inchauspé es cuestionable, pero también es hipnótica. Ella se reciclará en coach de convenciones de directivos, a muchos miles de euros la charla, ya veréis. Cuando te pones "diosa" como nombre artístico, está claro que vas a por todas.