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El último escaño

Israel puede y debe defenderse de Hizbulá

¿Qué Estado europeo habría aguantado sin responder un año de bombardeos diarios desde un país vecino?

Funeral de un comandante de Hizbulá
Funeral de un comandante de HizbuláBilal HusseinAP
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En la visita de Putin a su mascota Kadirov en Chechenia, el líder ruso, considerado por la ultraderecha más rancia como el último baluarte de la cristiandad y por la ultraizquierda más boba como el continuador del mundo soviético, abrazó y hasta besó un libro del Corán. Llamativo gesto para quien un día se proclamó el más fiero enemigo de la yihad, pero que apenas tuvo repercusión en la prensa occidental y fue despachado como otra excentricidad del tirano. Con la excepción del escritor franco argelino Kamel Daoud, quien en Le Point sostuvo que ese gesto es un mensaje de Putin al islamismo: compartimos un mismo enemigo, la democracia liberal, por lo que ha llegado el momento de aliarse para destruirla.

Putin, pues, habría hecho un llamamiento al yihadismo para reforzar el eje Irán-Rusia-China-Corea del Norte, el mismo que está detrás de la agresión militar a Ucrania y a Israel. Dos países que luchan por su propia existencia en dos batallas de una guerra global y multiescenario, y que tiene en la ofensiva económica de China contra la UE otro de sus frentes.

En este contexto bélico, la operación de Israel contra Hizbulá, una marioneta criminal dirigida por Teherán y que, para desgracia de los libaneses, se ha constituido como un Estado dentro del Líbano, viene a hacer los deberes pendientes de Occidente: acabar con la capacidad letal de esta falange armada de Irán como ha hecho con sus primos de Hamas, reduciendo así la influencia de Teherán en la zona y retrasando la posibilidad de que esta teocracia se convierta en una potencia nuclear. Razón por la cual EEUU acaba de aprobar una nueva ayuda militar a Tel Aviv de 8.000 millones de dólares.

Si hay una lección que la sociedad israelí ha aprendió del trágico 7-O es que, mientras Hizbulá permanezca activa en el Líbano, será imposible desarrollar con normalidad su proyecto colectivo de convivencia. Durante el último año, Israel ha sido bombardeada a diario por Hizbulá desde suelo libanés con más de 9.300 misiles que han provocado la muerte de 49 civiles -de esos por los que no llora nuestra izquierda-y el desplazamiento de 63.500 ciudadanos.

¿Qué país europeo aguantaría un ataque parecido sin responder militarmente? La ofensiva israelí contra Hizbulá, por tanto, cuenta con la legitimidad política y moral más incuestionable: la de una democracia que se defiende. Y sólo es a partir del reconocimiento de este derecho, que tantos le niegan a Israel, cuando se le puede exigir a Netanyahu que evite llevar al Líbano la guerra total de Gaza.