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Japón

La agonía de la yakuza vista por el autor de Tokyo Vice: "Los capos de la mafia son todos ancianos"

Jake Adelstein, el legendario periodista de sucesos que inspiró la serie sobre el sindicato del crimen japonés, publica ahora 'Tokyo Noir', en el que relata sus trabajos como investigador privado para grandes corporaciones niponas

Un miembro de la mafia japonesa con la espalda tatuada, aseándose en unos baños públicos.
Un miembro de la mafia japonesa con la espalda tatuada, aseándose en unos baños públicos.GIDEON MENDELGETTY
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Jake Adelstein mantiene algunas viejas costumbres de sus tiempos como reportero de investigación en Japón. Cada semana, dedica una noche a visitar su taberna favorita al norte de Tokio, una de esas izakayas encajadas en oscuros callejones y que son reconocibles por sus farolillos rojos. Allí bebe cerveza y sake con veteranos policías de las unidades contra el crimen organizado.

En el pasado, Adelstein era quien se sentaba delante de esos mismos agentes para escuchar sus historias y los trepidantes casos que investigaban. Ahora, en cambio, él es el principal animador de las charlas con su interminable repertorio de viejas anécdotas sobre la yakuza. Las mismas con la que ha engordado el contenido de sus libros sobre el temido y romantizado sindicato del crimen más famoso de Japón.

"Ya no pasa nada emocionante en el mundo de la yakuza", suelta Adelstein. "Continúan las interminables peleas entre las pandillas, pero su poder e influencia en Japón ha caído totalmente. No ha habido relevo generacional. Los capos son ancianos y la media de edad de los gánsteres corrientes es de más de 50 años. Cuando yo comencé mis investigaciones, en los años 90, había más de 80.000 yakuzas. Ahora apenas quedan 24.000. Y el Gobierno japonés ha apretado tanto a las mafias estos últimos años, que cada vez se están yendo a operar más al extranjero".

Adelstein (Columbia, Estados Unidos, 1969) atiende por videollamada a este periódico mientras se encuentra de viaje en Nueva York promocionando su nuevo libro, Tokyo Noir (editorial Principal de los libros), que continúa la historia que dejó Tokyo Vice, la exitosa autobiografía de este periodista de sucesos basada en sus reportajes dentro del submundo de la yakuza y que acabó triunfando como serie en HBO.

En la secuela, el autor profundiza en el origen del actual declive de la yakuza. La historia arranca con el periodista que, después de publicar un reportaje que conduce a la detención del renombrado jefe mafioso Goto Tadamasa (quien se convirtió en informante del FBI a cambio de un trasplante de hígado en EEUU), se pasa al turbio mundo corporativo de Japón como una especie de detective privado que ayuda a las empresas a desvincularse del control del crimen organizado.

Para saber más

"Alrededor de 2006, la yakuza estaba tan introducida en el mercado de valores japonés, tomando el control de las empresas que cotizaban en Bolsa, que amenazaba con derrumbar la estabilidad económica del país. El Gobierno tenía un gran problema porque la yakuza se había convertido en un actor demasiado importante para la economía y todo podía hundirse si los inversores extranjeros descubrían hasta qué punto muchas de las grandes empresas del país dependían de estas bandas. Por ello, las autoridades comenzaron a ir a por los bancos que blanqueaban el dinero y a por muchas empresas que tenían negocios con estos sindicatos criminales", cuenta el autor.

"Fue entonces cuando algunas compañías y entidades contactaron conmigo para que, gracias a mi experiencia y a mis fuentes, les ayudara a revisar su cartera de clientes y poder romper con aquellos que tuvieran contactos con la yakuza. De 2009 a 2012 se comenzaron a aprobar en Japón una serie de ordenanzas que penalizaban hacer negocios con la mafia, que hasta entonces no era delito. Yo investigué a fondo las conexiones de muchos clientes de las empresas que contrataron mis servicios, y descubrí cómo los criminales estaban metidos hasta el fondo en grandes inmobiliarias o importantes fondos de inversión. Al final, entre todos hicimos una buena limpieza".

La yakuza se hizo fuerte durante la ocupación estadounidense en el bloqueado Japón de la posguerra, cuando la escasez disparó la demanda de productos del mercado negro. Durante años, con parte de la policía en nómina y valiéndose de la extorsión empresarial, extendieron sus redes por todo tipo de negocios. Hasta que, como subraya Adelstein, las autoridades japonesas lanzaron una cruzada contra esta mafia, ahogando sus operaciones y encarcelando a sus líderes.

La yakuza dejó de ser una salida laboral atractiva para los jóvenes. Para sobrevivir, las pandillas envejecidas fueron a buscar ingresos en el extranjero, sobre todo con la venta de armas y la trata de seres humanos en países como Camboya. Dentro de casa, los ajustes de cuentas y asesinatos por encargo siguen apareciendo a menudo en las páginas de sucesos de los diarios locales, pero nombrar a la yakuza en el Japón actual ya no infunde el miedo de antaño.

"Los miembros o ex miembros de la yakuza que están fichados no pueden abrir cuentas bancarias, obtener tarjetas de crédito, contratar pólizas de seguro o incluso firmar un contrato para un teléfono móvil. La tasa de empleo para aquellos que dejan la vida de gánster apenas llega al 6%. Muchos se terminan suicidando o vuelven a cometer algún delito buscando que los detengan y envíen a prisión, así por lo menos tienen un sitio donde dormir y un plato de comida todos los días", cuenta Adelstein.

El estadounidense lleva más de tres décadas viviendo en Japón, desde que se mudara cuando era estudiante universitario. En el país asiático empezó a ser conocido después de ser el primer periodista extranjero en conseguir un trabajo en el periódico de mayor tirada, Yomiuri Shimbun, donde le abrieron las puertas en 1993 debido a su dominio del japonés. Adelstein, quien asegura que aprendió karate y que vivió durante tres años en un templo budista, tuvo su primera toma de contacto con el mundo de los yakuza por un reportaje sobre un asesino en serie que había matado a un jefe de la mafia.

"La historia de Tokyo Vice ha tenido tanto éxito porque es una honesta radiografía del crimen organizado en Japón a través de los ojos de un periodista extranjero que pasó 12 años metido dentro de ese mundo, ganándose la confianza de jefes mafiosos y de la policía, y desnudando todo tipo de historias sobre tráfico de drogas, trata de personas o corrupción política", explica Adelstein, que llegó a pasar varios años bajo protección policial debido a las amenazas de facciones de la yakuza, que habían puesto precio a su cabeza.

"Ahora llevo una vida muy tranquila y corriente en Tokio. Escribo artículos en medios internacionales, pero principalmente me dedico a grabar pódcasts para EEUU sobre asesinos en serie".

Cuando regrese a Japón después de la promoción de su libro, Adelstein volverá a dejarse caer por su izakaya favorita para compartir con sus colegas policías más aventuras de aquellos tiempos en los que los tentáculos de la yakuza estaban en todas partes.

Tokyo Noir

Editorial Principal de los libros. 336 páginas. 18,95 euros. Puede comprarlo aquí