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Tecnología y economía

La guerra no declarada contra los cables submarinos: "Occidente ha asumido que es tan normal como los ciberataques y las campañas de desinformación"

La sucesión de incidentes en el noroeste de Europa y en aguas de Taiwán confirman que la infraestructura que permite la vida digital es la nueva diana favorita las potencias hostiles

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El 23 de marzo de 1983, Ronald Reagan, presidente de Estados Unidos y antigua estrella del wéstern, se dirigió por televisión a sus conciudadanos para hablarles de un proyecto que iba a cambiar la Historia para siempre. Se trataba de la Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI, por sus siglas en inglés), diseñada para proteger el país de cualquier ataque atómico... desde el espacio exterior. Here we go! En honor a la verdad, lo que provocó Reagan con su discurso fue un respingo general. Primero, porque hacía un gurruño con las ideas de disuasión nuclear, equilibrio del terror y mutua destrucción asegurada que habían determinado las relaciones soviético-estadounidenses durante la Guerra Fría. Y segundo, porque el desarrollo del escudo antimisiles del Pentágono requería una constelación de más de 2.000 satélites militares dotados con armamento que todavía no se había inventado y cuyo coste equivalía a casi la mitad del PIB estadounidense de aquel año.

La Iniciativa de Defensa Estratégica tardó poco en ser despachada por ingenieros e investigadores como una propuesta especulativa, de ciencia-ficción. La prensa bautizó irónicamente al proyecto sideral norteamericano como Star Wars, aprovechando el taquillazo de la saga de los jedis. Lo paradójico es que el desplome de la URSS al final de la década hizo innecesaria su materialización. Así fue como el láser de rayos X, una de las tecnologías que tenían que haber sostenido el proyecto, acabó usándose en la detección precoz del cáncer de mama.

Cuatro décadas después del anuncio de Reagan, la tensión geopolítica ha pasado del cosmos -la colonización lunar hoy no toca- a otro emplazamiento hasta hace poco casi igual de inescrutable y misterioso: el lecho marino. La red global de telecomunicaciones y energía, que se extiende por las profundidades oceánicas con la ramificación de un sistema nervioso, se ha convertido en el siglo XXI en un apetecible objetivo de la guerra híbrida: ésa que se libra por vías alternativas a la de los ejércitos convencionales e incluye los ataques cibernéticos coordinados, la instrumentalización de inmigrantes irregulares en puestos fronterizos, las campañas de desinformación en redes sociales... o el sabotaje de infraestructuras críticas. Tan sensibles como los cables submarinos por los que circulan los datos que hacen posible cualquier operación digital que tenga que ver con el trabajo, el consumo o el ocio: desde el envío del último correo electrónico del día al pago vía app de unas deportivas, pasando por el visionado del último capítulo de la serie de moda. Y tan esenciales para el bienestar ciudadano como las tuberías por las que fluye el gas que hace que millones de hogares del viejo continente no sean iglús en invierno.

El bum del teletrabajo propiciado por el Covid y la invasión rusa de Ucrania han visibilizado la importancia estratégica de este entramado sumergido incluso para el público más zote en fibra óptica. La guerra provocada por Moscú, de hecho, ha puesto de manifiesto hasta qué punto es fundamental vigilar y proteger dichas conexiones. "Todas estas infraestructuras submarinas, como otras en países occidentales, han venido siendo objeto de incidentes", confirma Félix Arteaga, investigador principal de Seguridad y Defensa del Real Instituto Elcano. "No es una oleada, pero sí un goteo", añade a propósito de la acumulación de episodios registrada en los últimos seis meses. En concreto, de los relacionados con los cortes o roturas de cables submarinos.

La Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) calcula que cada año se producen en todo el mundo entre 150 y 200 incidentes que afectan sólo a los cables que transmiten información. En 2023, esta agencia de Naciones Unidas registró justo dos centenares de casos. ¿Cuántos de ellos fueron o son intencionados? Es difícil saberlo. A la casuística típica -fallos en los anclajes, accidentes relacionados con la pesca o destrozos provocados por fenómenos naturales como terremotos o huracanes- se podría añadir ahora el sabotaje. El Royal United Services Institute británico ha llegado a aventurar que la frecuencia sugiere algún tipo de intervención humana.

Para saber más

Con independencia de que se trate de puro azar o de material para una novela de John Le Carré, la OTAN empezó en enero a usar el Cuartel General de Northwood (Reino Unido) como base de Baltic Sentry: la operación de monitorización y disuasión con la que el Mando Marítimo Aliado ha reforzado su presencia militar en la región precisamente para salvaguardar la infraestructura submarina crítica.

"El Mar Báltico es un centro vital para el comercio y el transporte energético que conecta a numerosas naciones aliadas. El mar sirve como conducto para el suministro de energía, en particular de gas natural y petróleo, y sirve de soporte a cables submarinos clave que transmiten datos entre Europa, Norteamérica y otros continentes", detalla la Alianza en su web. "Estos elementos son cruciales no solo para las economías de la región, sino también para la seguridad de los aliados y socios de la OTAN. Ante la creciente dependencia de cables y oleoductos submarinos, la protección de esta infraestructura crítica es una prioridad constante para la OTAN".

Hace apenas unos días, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, urgido por los socios internacionales de España para aumentar su aportación al gasto militar, admitía que nuestro país deberá invertir más para hacer frente a "ataques híbridos". En esa misma línea, el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, ha instado también recientemente a impulsar el concepto de Defensa "en términos amplios" y elevarlo al de "seguridad económica". Lo que en la práctica implicará destinar sustanciales medios económicos y humanos a la salvaguarda de instalaciones como los centros de datos, las estaciones de amarre de cable -como las de los operadores AFR-IX en Barcelona y Telxius en Sopelana (Vizcaya)- o los hubs de comunicaciones y energía.

"Son activos esenciales y una oportunidad gigantesca de estar a la vanguardia de la economía digital. Cortar un cable submarino es un acto tan hostil como bombardear una central eléctrica", resume José María Guilleuma, director de Data Center de Colliers y experto en el sector de las telecomunicaciones tras pasar por Telefónica Infra. "Las finanzas globales y la transmisión de datos descansan en una infraestructura física cara de desplegar y compleja de mantener", indica sobre una red con una latencia o tiempo de respuesta mucho menor que la satelital. El segundo capítulo de la nueva Estrategia Nacional de Seguridad Marítima, aprobada por el Consejo de Seguridad Nacional en mayo de 2024, ya identificaba los riesgos y las amenazas para la seguridad marítima, al tiempo que subrayaba que "las estrategias híbridas ocupan el centro conceptual del mapa de riesgos".

En la página 44 del dossier que el Real Instituto Elcano redactó a propósito de la presidencia española de la UE en el segundo semestre de 2023, se incide en la exposición de la red. "El buque espía militar ruso Yantar, equipado con dos pequeños submarinos de exploración, causó preocupación entre los estadounidenses cuando navegó cerca de Cuba en 2015, donde está tendido un importante cable transatlántico", recoge el documento. Según un informe del Center for Strategic and International Studies (CSIS) publicado en agosto de 2024, en el fondo del mar hay 1,2 millones de kilómetros de cables. Son aproximadamente 450 hilos con los que se podría rodear el globo terráqueo 32 veces. La Península Ibérica está circundada por una decena de ellos, entre los que destacan Marea -conecta Virginia Beach (EEUU) con Sopelana- y 2Africa -va de Carcavelos (Portugal) a Sant Adrià de Besòs (Barcelona) tras dar la vuelta a todo el continente africano. Por su ubicación geográfica y el despegue de la industria de los centros de datos gracias al suelo barato y la energía limpia, la península está entre los principales nodos internacionales para estas infraestructuras críticas.

Arteaga señala como kilómetro cero de la actual escalada de las acciones en zona gris la voladura del Nordstream el 26 de septiembre de 2022. Dos explosiones inutilizaron el polémico conducto que transportaba gas natural desde Rusia hasta Europa Occidental, dando lugar a varias fugas al sureste de la isla danesa de Bornholm. Pese a que en un principio se consideró un acto de sabotaje del Kremlin en un momento en el que Europa debatía cómo paliar su dependencia de los hidrocarburos procedentes de los Urales, una investigación de la fiscalía alemana atribuyó la autoría de los hechos a un ciudadano ucraniano.

El "goteo" no ha cesado desde entonces. Unas cuantas embarcaciones rusas han protagonizado incidentes en el mar Báltico relacionados con el tendido que interconecta el noroeste de Europa. Prácticas en la que también se han visto involucrados barcos chinos. En esas mismas aguas y en las del Estrecho de Taiwán, la otra zona caliente del planeta y el principal punto de fricción sino-estadounidense por la hegemonía mundial. Repasemos la cronología en formato flash.

7 de octubre de 2023: el buque portacontenedores con bandera de Hong Kong Newnew Polar Bear destrozó con su ancla el Balticconnector (un gasoducto entre Finlandia y Estonia) y tres cables de telecomunicaciones. Entre ellos, el EE-S1. 18 de noviembre de 2024: el barco mercante Yi Peng 3, con bandera china, dejó inoperativo el cable submarino de fibra óptica C-Lion1, que conecta Finlandia y Alemania, y el BCS East-West Interlink, que cruza el Báltico entre Lituania y Suecia. Los incidentes ocurrieron frente a las islas suecas de Öland y Gotland, respectivamente. 24 de diciembre de 2024: el petrolero Eagle S, que opera bajo pabellón de Islas Cook, rompió el Estlink 2 (un conducto eléctrico entre Finlandia y Estonia) y cuatro cables de telecomunicaciones. Helsinki denunció que la nave, que llevaba crudo ilegalmente a Egipto, forma parte de la flota fantasma rusa. Traducido: las gasolineras acuáticas que intentan burlar las sanciones internacionales contra el régimen de Putin.

Más. 26 de enero de 2025: el carguero Vezhen, que opera con bandera de Malta, dañó un cable propiedad de la radiotelevisión pública letona sumergido a 50 metros de profundidad entre Ventspils (Letonia) y la isla sueca de Gotland. Días después, el gobierno sueco informó de que el daño no se había producido de forma premeditada. 25 de febrero de 2025: el carguero con tripulación de nacionalidad china y registrado en Togo Hong Tai 58 fue investigado por las autoridades de Taiwán por presuntos daños al Trans-Pacific Express Cable...

"Las operaciones de monitorización que estamos viendo en el Báltico las acabaremos viendo en el Estrecho"

Félix Arteaga, investigador principal de Seguridad y Defensa del Real Instituto Elcano

¿Podría comenzar la próxima gran operación militar bajo el agua? "Podría ser", responde el historiador Niall Ferguson, el autor de ensayos superventas como Civilización: Occidente y el resto (2012) y Coloso: auge y decadencia del imperio norteamericano (2016, ambos en Debate). "También existe la posibilidad de que no haya empezado todavía porque no nos hemos dado cuenta de que a Taiwán lo están haciendo rodajas como a un salchichón. Si cortas las comunicaciones de la isla y haces que sea cada vez más difícil entrar y salir de ella -ya se trate de personas o de bienes-, estamos ante un bloqueo progresivo y sigiloso".

Se entiende entonces mejor que en la operación Baltic Sentry se hayan movilizado buques de guerra, submarinos y aeronaves aliados, con apoyo de tecnología avanzada como sistemas de sónar especializados y vehículos submarinos no tripulados. "Sobre todo, para facilitar la atribución en caso de que se produzca otro incidente. Porque claro, en zonas con mucho tráfico marítimo es muy difícil atribuirlo a alguien al que no se haya cogido con las manos en los cables", señala Arteaga. "Sospechosamente, los bienes dañados o interceptados son siempre de los mismos países, y esto se ha asumido por Occidente. Forma parte de las acciones que Rusia y China hacen habitualmente en la guerra híbrida. Lo mismo que nos hemos acostumbrado a los ciberataques y las campañas de desinformación en época de elecciones, la amenaza a las infraestructuras críticas ya forma parte de la normalidad".

"Con el agravante de que un cable no pasa solamente por un territorio controlado por un Estado, sino por océanos que se rigen por acuerdos y leyes internacionales", enfatiza a propósito de la cuestión de la soberanía Javier Borràs, investigador y editor de CIDOB especializado en el impacto de las tecnologías emergentes en la democracia y la competición geopolítica. Y no es el único matiz jurídico importante. "Todos estos cables son propiedad de empresas privadas. Es decir, que al final es una cuestión bastante compleja".

"El litoral español es uno de los mayores de Europa y podría ser un objetivo"

José María Guilleuma, director de Data Center de Colliers y ex de Telefónica Infra

El origen del cableado submarino, posible gracias al descubrimiento de la gutapercha como material aislante, lo describe Stefan Zweig en La primera palabra a través del océano, historia recogida en Momentos estelares de la Humanidad (Acantilado). Se trató del tendido telegráfico que unió los 40 kilómetros de Calais (Francia) y Dover (Inglaterra) en 1851. Han pasado casi 175 años desde el nacimiento de las telecomunicaciones modernas. Según CSIS, cuatro compañías se reparten actualmente casi la totalidad del mercado: la estadounidense SubCom, la francesa Alcatel Submarine Networks, la japonesa Nippon Electric Company y la china HMN Technologies. Sin embargo, gigantes digitales como Meta -matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp- han decidido desarrollar sus propias infraestructuras. Mediante el ambicioso proyecto Waterworth tenderá un cable submarino de 50.000 kilómetros a través de cinco continentes para proporcionar "una conectividad de primer nivel" a Estados Unidos, India, Brasil, Sudáfrica, Nueva Zelanda...

Con el trepidante desarrollo de la inteligencia artificial, particularmente exigente en recursos y capacidades, se espera que el tráfico digital mundial continúe incrementándose en los próximos años. China ha optado por extender su propia red para evitar depender de instalaciones estadounidenses y eludir así tanto eventuales sanciones del Gobierno federal estadounidense como la monitorización por parte de sus servicios de Inteligencia.

"La mayoría de los cables de fibra óptica del mundo pasan por Estados Unidos. Y cuando estos cables llegan a territorio estadounidense, Washington puede y controla su tráfico, básicamente haciendo un registro de cada paquete de datos que permite la Agencia de Seguridad Nacional ver los datos", escribía el Nobel de Economía Paul Krugman en su columna The American Way of Economic War (diciembre de 2023). "Por lo tanto, Estados Unidos puede espiar fácilmente lo que hacen casi todas las empresas y todos los demás países. Puede determinar cuándo sus competidores amenazan sus intereses y emitir sanciones significativas en respuesta".

Para conocer cómo la superpotencia mundial ha convertido las tuberías bajo el mar en "herramientas de dominación" (Krugman) hay que leer Underground Empire: How America Weaponized the World Economy [2023, sin traducir al castellano], de Henry Farrell y Abraham Newman. Que la Administración Trump esté usando los aranceles como ariete en su guerra comercial contra Canadá, la UE, China y México tal vez invite a reflexionar en el monopolio que ejerce sobre los cables como instrumentos para el estrangulamiento financiero.

"La conectividad no es sólo una fuente de prosperidad, sino también de vulnerabilidad"

Abraham Newman, politólogo y profesor de la Universidad de Georgetown

"Durante décadas hemos vimos las redes de la globalización como algo que traería paz y prosperidad. Sin embargo, las infraestructuras que sustentan el comercio mundial se han convertido en armas", admite Newman, politólogo y profesor de la Universidad de Georgetown. "Los Estados intentan protegerse cada vez más, pero no resulta fácil. La infraestructura existente genera enormes beneficios económicos y muy pocos países pueden permitirse intentar ser autosuficientes. En consecuencia, los ciudadanos y las empresas deberán prepararse para muchas más campañas de presión, mientras que los Estados deberían trabajar para diversificar sus operaciones y evitar los cuellos de botella".

¿Podrían convertirse las aguas españolas en un escenario con tantos incidentes como las del Báltico? "El litoral español tiene casi 8.000 kilómetros, es uno de los mayores de Europa. Podría ser un objetivo, pero todavía no estamos tan en el corazón de las tensiones geopolíticas", reporta Guilleuma. "De momento, no es un punto tan caliente", coincide Borràs. "Hemos entrado en un escenario que hasta ahora, y nunca mejor dicho, había estado sumergido", agrega Arteaga. "Las operaciones de monitorización que estamos viendo en el Báltico las acabaremos viendo en cualquier sitio de paso donde los cables se multiplican, como el Estrecho de Gibraltar".

De momento, nuestras infraestructuras críticas no se han visto afectadas. Pero... "Sería miope pensar que España es inmune", interviene de nuevo el profesor Newman. "Muchos de los procesos de negocio clave están interconectados. Si el Deutsche Bank no se puede conectar, eso afectará al Banco Santander. Pero igualmente importante es lo que representan los cables. Se trata de una nueva forma de pensar sobre la globalización; una en la que la conectividad no es sólo una fuente de prosperidad, sino también de vulnerabilidad".