La guerra de Ucrania parece estar expandiéndose del género bélico al de espionaje. El complot ruso para asesinar a Armin Papperger, director ejecutivo del mayor fabricante de munición de artillería del hemisferio occidental (Rheinmetall), y el sabotaje de cables submarinos de telecomunicaciones por parte de buques del Kremlin envuelven en la reconocible atmósfera de la Guerra Fría el enfrentamiento justo a las puertas de su tercer aniversario.
Charlar con el historiador Niall Ferguson siempre es como mirar un atlas y leer una enciclopedia al mismo tiempo. Con la diferencia de que el autor de ensayos fundamentales como Civilización: Occidente y el resto (2012) y Coloso: auge y decadencia del imperio norteamericano (2016, ambos en Debate) se expresa prácticamente en titulares y con la agudeza intelectual que lo han convertido en uno de los participantes más esperados cada año en el Foro Económico Mundial.
Con la línea del frente en torno a las ciudades de Pokrovsk (Ucrania) y Sudzha (Rusia) especialmente caliente y el runrún de las negociaciones de paz de fondo, Ferguson (Glasgow, 59 años) lo mismo baja al barro que pisa la alfombra de las cancillerías. Y algunos juanetes.

"2024 es un año crítico y los europeos no se están dando cuenta"

"La guerra contra Ucrania está resultando rentable económica e ideológicamente para Putin"
- No hay nada que Trump no hubiera anunciado en su campaña que no haya puesto en marcha en sus primeras semanas tras su regreso a la Casa Blanca. En cuanto a las relaciones de Estados Unidos con Europa, se ha atrevido a hacer lo que ya reclamaban otros presidentes desde Nixon a finales de los años 60: instar a Europa a hacerse cargo de su propia Defensa económica y militarmente. ¿Qué le diría usted al presidente del Gobierno español, reacio a aumentar el gasto en Defensa, como piden Bruselas, Washington o la OTAN? El objetivo de España sigue siendo alcanzar el 2% de su PIB en 2029, no el mínimo del 3% del que ya se habla, y muy lejos del 5% que exige Trump.
- La última vez que miré el mapa, Madrid seguía estando mucho más cerca de Moscú que de Washington. Cuando chequeé el alcance del arsenal ruso, también confirmé que sus misiles pueden alcanzar Madrid perfectamente. Creer que España está de algún modo libre de la amenaza colectiva a la que se enfrenta la OTAN es un autoengaño. La OTAN es una alianza defensiva: un ataque contra uno de sus miembros es un ataque contra todos. Sabemos que Rusia supone una amenaza para los miembros de la OTAN, sobre todo si tiene éxito en Ucrania, cosa que podría suceder. La realidad es que, en cuestión de años, Rusia podría amenazar a los países bálticos y Polonia. España no puede pretender aprovecharse de la garantía de seguridad de la OTAN sólo porque está más lejos de Moscú que Varsovia. Así que creo que no hay duda de que el 2% del PIB ya no es un mínimo suficiente. A mi juicio, nunca lo ha sido. Históricamente, los Estados que han gastado el 2% de su PIB en Defensa han sido débiles. Es una cifra baja históricamente, en cualquier período que se quiera analizar. Trump tiene razón al esperar que los europeos aumenten su aportación para la Defensa de Europa, porque durante demasiado tiempo -en realidad, todas nuestras vidas- ha confiado en que EEUU asuma una cuota desproporcionada.
- Aunque sea a las bravas, quizá es una oportunidad histórica para 'Make Europe Great Again' (MEGA)
- Cuando estuve en Davos la semana pasada, muchos líderes empresariales usaban el acrónimo MEGA y admitían que querían traer a Trump y Musk en Bruselas, Berlín, París o Madrid para que promoviesen en Europa los cambios radicales que están haciendo en EEUU. Al final, si observamos la evolución económica de Europa en la última década y la comparamos con la de EEUU... No tomemos como referencia a Trump; tomemos a Mario Draghi, cuyo informe era devastador sobre los fracasos de Europa. Lo que quiero decir es que Europa ha recibido un toque de atención no de Trump, sino de Mario Draghi, Enrico Letta y muchos otros analistas -incluido yo mismo- que llevan años advirtiendo del estancamiento de la economía europea y de los delirios de la era de Merkel. Recuerdo haber estado en Madrid y haber visto a la canciller alemana amadrinar al presidente Zapatero durante la crisis financiera. Yo era uno de los que denunciaba que Merkel tenía una idea delirante del poder alemán y europeo. Depender de los hidrocarburos rusos, de las exportaciones a China y de una garantía de seguridad pagada por EEUU no era un plan serio de ninguna de las maneras.
- ¿Qué significó la presencia de sólo unos pocos políticos europeos de ultraderecha en la investidura de Trump? Me refiero concretamente a la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, y al líder de Vox, Santiago Abascal.
- Deberíamos sentirnos aliviados de que al menos hubiera algún político europeo en la inauguración. Si vemos el registro de las primeras 30 llamadas realizadas por el nuevo Secretario de Estado, Marco Rubio, nos daremos cuenta de que sólo una fue a un líder europeo: el primer ministro polaco. Europa tiene un problema, no sólo con Trump, sino con toda su Administración. El hecho de que Giorgia Meloni esté en la lista A es una buena noticia para Europa, porque necesitamos al menos un interlocutor que sea bienvenido en la Casa Blanca. El resto de líderes va a tener que trabajar duro para reconstruir la credibilidad que Europa ha perdido colectivamente. Algunos de ellos no lo podrán hacer. No veo que a Olaf Scholz se le vaya a tomar en serio nunca. Alemania necesita un nuevo canciller. Con suerte, lo será Friedrich Merz [candidato de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) en las elecciones federales de febrero]. Europa no sólo tiene problemas económicos, sino también graves problemas geopolíticos.
- ¿En qué otro contexto histórico le hacen pensar las intenciones expansionistas de Trump?
- Reconoció el pasado verano que su modelo a seguir es el presidente William McKinley [1897-1901]. En ese momento comenté que era una elección interesante porque McKinley no fue un gran defensor de los aranceles como medida de protección. Fue alguien que expandió sustancialmente el poder territorial estadounidense después de la Guerra hispano-estadounidense (1898), haciéndose con el control de Puerto Rico, Guam y, temporalmente, Filipinas e incluso Cuba. Igualmente, fue el presidente que supervisó la anexión de Hawái. Así que en McKinley tenemos a un precursor: no es casual que Trump, en su discurso inaugural, declarara que pretende restituir el nombre original del Denali [Monte McKinley], en Alaska. Es una analogía nada forzada, porque McKinley fue presidente en la edad de oro de EEUU, la década de 1890, cuando el poder industrial estadounidense se estaba expandiendo. El país estaba dirigido por los grandes magnates de la industria del acero, del ferrocarril y Wall Street. De alguna manera, los actuales Estados Unidos vuelven a ser ese país. Gran parte de la filosofía trumpista es una mezcla decimonónica de proteccionismo, imperialismo y nativismo, entendido como restricción de la inmigración. Mucha gente no entiende a Trump porque no ve que su programa tiene raíces en unas ideas políticas del siglo XIX que son muy estadounidenses.
"Si no hemos interiorizado la importancia de la disuasión contra el autoritarismo es que no hemos aprendido la gran lección del siglo XX"
- Usted alzó la voz en Davos contra la propuesta del ex embajador alemán Wolfgang Ischinger de desplegar tropas de China como fuerza de pacificación en Ucrania en lugar de tropas de la OTAN. ¿Cree que el cambio de gobierno en Alemania sería un paso importante no sólo en relación al proceso de paz en Ucrania sino también a que "la autonomía estratégica sea algo más que un eslogan", como suele decir?
- No sé si la serie de televisión Succession fue popular en España...
- Bastante.
- Hay una frase estupenda que el magnate Logan Roy les dice a sus hijos: "Os quiero, pero no sois gente seria". Eso es justo lo que pienso de los alemanes. Respeto a Ischinger, pero lo que dijo no era serio. La idea de que la OTAN no puede ofrecer a Ucrania una garantía de seguridad y que hay que recurrir a China es simplemente ridícula, sobre todo porque China ha sido el principal sustento económico del esfuerzo bélico ruso contra Ucrania. Sin la tecnología de doble uso china, sobre todo los semiconductores, la máquina de guerra de Rusia y su economía en su conjunto no habrían resistido los últimos dos años y medio. Fue una de las cosas más ridículas que he escuchado decir en Davos en los últimos 10 años, y no pude evitar decirlo. Los europeos llevan años hablando de autonomía estratégica, desde los inicios de la presidencia de Emmanuel Macron. En aquel momento, sospechaba que todo era palabrería y que no se traduciría en nada, y así ha quedado demostrado. Lo pudimos ver durante los seis meses de 2024 en los que los republicanos de la Cámara de Representantes bloquearon la ayuda americana a Ucrania. ¿Podía Europa ocupar su lugar? No. Ucrania empezó a perder la guerra inmediatamente porque Europa carece de autonomía estratégica. No cuenta con un complejo militar-industrial. No dispone de suficientes fabricantes de armas. Si miramos qué hay en los arsenales de muchos países europeos desde que les entregaron gran parte a Ucrania es escandaloso. Los países escandinavos han facilitado una cantidad colosal de misiles y artillería a Ucrania sin reponerla con éxito. Todo lo que ha pasado en los últimos ocho años se resume en que Trump denunció esta situación y los europeos se rieron de él. Acuérdese de los diplomáticos alemanes carcajeándose abiertamente de él en su primer mandato. Luego estalló la guerra de Ucrania y se confirmó todo lo que Trump había señalado. Ahora los europeos ya no se ríen.
- Tendría todo el sentido que el presidente Zelenski propusiera desplegar fuerzas de paz alemanas en el territorio que Ucrania ha conseguido ocupar de Kursk (Rusia). Resultaría irónico que precisamente allí, donde se libró la mayor batalla de tanques de la Segunda Guerra Mundial y que marcó el principio del fin de los planes nazis de apoderarse de la Unión Soviética, se escenificara el fin de la invasión rusa de Ucrania. ¿No cree?
- Como le dije a Ischinger, Alemania fue responsable de muchísima guerra en Europa en el siglo XX, ¿no sería bueno que asumiera la responsabilidad de lograr la paz? Si tropas alemanas fueran desplegadas en Ucrania o incluso en Kursk como fuerzas de pacificación, estarían haciendo algo para expiar los crímenes de sus abuelos y bisabuelos. Eso me parecería justo. Lo que encuentro frustrante es que la élite política alemana en 2025 todavía se siente de alguna manera exenta de responsabilidades militares. Y eso no puede ser. Han pasado ya 80 años desde 1945. Es mucho tiempo. Ahora hay una guerra en la que jóvenes y no tan jóvenes ucranianos están muriendo por defender su país. Necesitan un alto el fuego, pero un alto el fuego sin garantías de seguridad sería simplemente una ocasión para el rearme ruso. Tiene que haber garantías de seguridad o la guerra continuará. No puedo entender por qué Ischinger considera que eso no está entre las responsabilidades de Alemania. No olvidemos que Alemania fue parte del fracaso posterior a 2014. El Protocolo de Minsk fue un fiasco porque la Administración Obama le encomendó a Alemania y Francia la responsabilidad de gestionar el conflicto, y lo hicieron estrepitosamente mal. Ésta es una nueva oportunidad para que Alemania y Francia lo hagan mejor. De hecho, para que toda Europa lo haga mejor. Espero que no la desaproveche.
- Esta charla ha comenzado hablando de distancia. En un vídeo publicado en las redes sociales se ve a un soldado hablando chino en la localidad de Kurájove, en la Ucrania ocupada. ¿Debería preocupar en Washington, Londres, Berlín o París la presencia de soldados norcoreanos y, supuestamente, chinos más cerca de Varsovia que de Okinawa?
- Cualquier persona seria con poder en la toma de decisiones entiende ahora lo que he estado diciendo desde hace ya algunos años: que existe una alianza autocrática formada por Rusia, China, Irán y Corea del Norte. Este eje es, en muchos sentidos, más poderosa económica y tecnológicamente que el constituido en 1939-1940, y está actuando abiertamente en apoyo de las pretensiones de Rusia en Ucrania. Indudablemente, en otros ámbitos también están trabajando juntos. Varios cables submarinos de telecomunicaciones han sido saboteados en las últimas semanas por barcos de alguna de estas cuatro potencias. No creo que se trate simplemente de accidentes. Y se están produciendo en aguas europeas, pero también alrededor de Taiwán... Hay nubarrones de tormenta por todo el planeta. La lección que ofrece la Historia -y que conviene recordar justo después del día en memoria de las víctimas del Holocausto [cuando se realizó esta entrevista]- es que si no se disuade a los poderes autoritarios, su agresión se intensificará hasta que al final nos aboquen a la Tercera Guerra Mundial. Nadie en su sano juicio, en las democracias del mundo, puede querer que lleguemos a ese escenario. Pero si no hemos interiorizado la importancia capital de la disuasión, entonces no habremos aprendido la lección más importante del siglo XX. He pasado la mayor parte de mi vida estudiando este asunto y tratando de transmitir una lección sencilla: es necesario que las democracias del mundo ejerzan un poder creíble para disuadir a los regímenes autoritarios de iniciar grandes conflictos. Lo triste de la administración Biden es que fue muy, muy mala en la labor de disuasión. De hecho, sus acciones permitieron la constitución de un eje que no existía en 2020 pero sí en 2022. El mayor desafío al que se enfrenta el presidente Trump es desmantelar o al menos disuadir a ese eje. Y no será fácil, porque ahora es muy poderoso.
- A propósito de los cables: ¿la próxima gran guerra empezará bajo el agua?
- Podría ser. También existe la posibilidad de que no haya empezado todavía porque no nos hemos dado cuenta de que a Taiwán lo están haciendo rodajas como a un salchichón. Si cortas las comunicaciones de la isla y haces que sea cada vez más difícil entrar y salir de ella -ya se trate de personas o de bienes-, estamos ante un bloqueo. La metáfora de la rana en la olla de agua hirviendo funciona bastante bien para el bloqueo progresivo y sigiloso al que está siendo sometido Taiwán. Debemos estudiar muy de cerca los ataques a las telecomunicaciones submarinas. Y también percatarnos del creciente dominio del poder naval chino y la relativa debilidad del poder naval occidental. Que no hayamos podido hacer cumplir las sanciones internacionales contra Rusia e Irán se debe en parte a que sus buques han navegado impunemente a través de nuestra red de sanciones. Estamos siendo incapaces incluso, y esto es muy importante, de controlar a los hutíes, que han interrumpido el flujo comercial en el Mar Rojo de una forma que en el siglo XIX o en el XX habría resultado intolerable. La decadencia del dominio naval estadounidense tendría que representar una seria preocupación para quienes apoyamos las medidas enérgicas contra el terrorismo.
- ¿Confía en la capacidad de Trump para acabar con la guerra en Ucrania de forma justa y con la implicación de Ucrania?
- El año pasado comenté que a Ucrania le iría mejor con Trump que con Harris. Consideraba que Trump entiende que la guerra sólo se terminará si se ejerce una presión significativa sobre Rusia, y eso es algo que la Administración Biden no había logrado hacer. Ya estamos viendo que Trump no ha entregado Ucrania a Rusia. Si hay alguien que está bajo presión en este momento es Putin. Trump se reunió con Zelenski en París poco después de su victoria electoral. Casi todas las señales que ha emitido desde el 5 de noviembre han sido alentadoras para Ucrania. ¿Quiere eso decir que la negociación va a ser fácil? No. Va a ser muy difícil porque los rusos no se ven a sí mismos con necesidad de negociar. Se ven a sí mismos como si estuvieran ganando la guerra y confían en que la división de Occidente le ayude a conseguirla. Así que, insisto, será difícil. Nunca he creído que la guerra pudiera terminar en un día. No creo siquiera que acabe en 100. Pienso más bien que llevará meses. Una lección que nos ha enseñado la Historia es que es fácil iniciar una guerra y difícil cerrarla. Woodrow Wilson tardó más de dos años en poner fin a la Primera Guerra Mundial. Se tardó más aun en extinguir la Guerra de Corea. Y todavía llevó más tiempo -cuatro años y pico- dar carpetazo a la Guerra de Vietnam. Por no hablar de lo que se tardó en firmar la paz entre Israel y Egipto. La mayoría de las grandes guerras conllevan años de negociaciones hasta que se detienen. Esa es otra de las grandes lecciones del siglo XX. Si Trump logra terminar esta guerra en unos meses será un fantástico logro diplomático.
"Sospecho que asistiremos a la muerte de TikTok porque los chinos no quieren que caiga en manos de EEUU, por lo que podrían descubrir"
- Billonarios tecnológicos como Elon Musk, Sam Altman, Mark Zukerberg, Sundar Pichai y Tim Cook estuvieron presentes en la investidura de Trump. Horas después, el presidente anunció una inversión de 500.000 millones de dólares en los próximos cuatro años en un súper proyecto de IA llamado 'Stargate'. Permitirá construir una infraestructura que pretende hacer frente a la competencia de China en este sector estratégico. ¿Musk y otros magnates pueden marcar la diferencia entre el primer mandato de Trump y el segundo?
- La alianza entre el Big Tech y el mundo MAGA es, ciertamente, una diferencia significativa. Pero no es la única. La primera Administración Trump fue una coalición surgida de su comité de campaña electoral, el establishment del Partido Republicano, Paul Ryan, Mitch McConnell y un grupo de generales. Ésta segunda coalición me parece más sólida porque alinea los intereses del equipo de Trump y de Silicon Valley en ganar la carrera de la IA contra China, por ejemplo. Estamos viendo en los últimos días que será una carrera muy reñida. Llevo seis años sosteniendo que EEUU tendría un mejor desempeño cuando se diese cuenta de que está librando una segunda Guerra Fría. Ya tenemos esa percepción. He visto señales alentadoras en este sentido en los primeros días de la nueva Administración. ¿Habrá diferencias en su seno? Seguro. Pero eso es normal. Cualquier gobierno estadounidense es una coalición de algún tipo, porque para ser una coalición ganadora en un sistema bipartidista es necesario que un grupo con intereses bastante dispares se una.
- ¿Le sorprende el giro de Silicon Valley desde posiciones liberales a lo que se ha llamado abiertamente tecnofeudalismo?
- Yo definiría más bien como tecnolibertarismo o tecnooptimismo, como ha dicho el empresario Marc Andreessen. No, no me sorprende lo más mínimo porque era obvio que los líderes de Silicon Valley estaban desencantados con los demócratas desde hacía algunos años. Se habían desilusionado con la forma en que dirigían el estado de California, donde vive la mayoría de ellos; se habían desilusionado con la ideología progresista que había inoculado cosas locas a su fuerza laboral; se habían desilusionados con los pasos en falso de la Administración Biden en cuestiones como la regulación de las criptomonedas y la IA... No es que estos gurús se hayan vuelto conservadores. Dudo que muchos de ellos lo sean en realidad. Simplemente un grupo se dio cuenta de que, si tan enfadados estaban con los demócratas, necesitaban que Trump ganase. Por lo tanto, se convencieron de que tenían que ayudarle a conseguirlo. Esos fueron los cálculos de Elon Musk, Mark Andreessen, Joe Lonsdale... Ellos lo expresaron públicamente. Muchos otros altos ejecutivos de Silicon Valley estuvieron de acuerdo en privado. El gran cambio que hemos presenciado en el valle y ha beneficiado a Trump no lo ha propiciado él. Lo han propiciado los demócratas.
- Trump acudió al rescate de TikTok con una prórroga a pesar de la ley que obliga a poner a la venta a la red social china en EEUU o a dejar de operar en suelo estadounidense. ¿Cuál es el mejor escenario en torno a este asunto cuando expire la prórroga?
- Que la propiedad de TikTok cambiara de manos para que dejase de estar controlada indirectamente por el Partido Comunista chino. Pero no creo que esto vaya a suceder. Sospecho que asistiremos a la muerte de TikTok porque los chinos no quieren que pase a manos estadounidenses, en parte por lo que estos podrían descubrir. Al final, prevalecerá el Estado de derecho. Trump le ha dado a China una última oportunidad para evitar que esta inversión se reduzca a cero y la empresa desaparezca en EEUU. Si los chinos deciden no aprovecharla, habrá que preguntarse por qué. ¿Por qué permitirían que desapareciera algo con tanto valor? [Analistas estiman que TikTok tendría un valor de mercado de entre 100.000 y 300.000 millones de dólares] La única respuesta posible es: porque tienen algo que ocultar.
- ¿Está usted familiarizado con esta red social? ¿La ha usado alguna vez?
- La trasteé un poco cuando se hizo popular, en 2020, con la ayuda de uno de mis hijos. En ese momento escribí una columna en la que recomendaba prohibirla. Hace tiempo que pienso que TikTok representa una amenaza importante, si no para la seguridad nacional de EEUU, al menos para la salud mental de sus adolescentes. Me di cuenta pronto de que era tóxica. Nunca más he vuelto a usarla.