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Las novelas de James Ellroy son variaciones de un modelo conocido, pero siguen resultando abrumadoras como la primera vez. En Los seductores (Random House) está el paisaje de siempre, un Los Ángeles nocturno, obsesionado por la pornografía y la extorsión como en Los Angeles Confidential. Ahora, el aliciente en Los seductores está en los personajes reales: Freddy Otash, detective/periodista/chantajista, el más destacado de su oficio; Jimmy Hoffa, sindicalista-mafioso; John Kennedy, famoso adicto al sexo; Marilyn Monroe, drogadicta... La Marilyn de Ellroy no es la mujer de Blonde, sino una inconsciente que apunta a sus amantes en la agenda junto a dibujos de sus genitales. Su muerte esconde a un culpable, sí, pero Marilyn no es una santa sino una jugadora más en el tenis del chantaje, una que perdió su saque.Ellroy hablará el viernes en el Hay Festival de Sevilla.
- En el último párrafo, Freddy Otash tiene un gesto de bondad. ¿Es el único en la novela?
- No, no lo es. En realidad, Freddy es bueno todo el tiempo aunque lo veamos hacer cosas espantosas, aunque lo veamos matar y chantajear. Por ello le pagan 50.000 dólares y se los da a una mujer que está muriendo. El verdadero Freddy fue un libanés maronita muy religioso. Se santiguaba a cada momento. Esta es una novela cristiana. Yo también soy cristiano.
- ¿Qué le gusta de este libro?
- Desde el principio yo sabía que tenía algo que nadie más tenía, algo que nadie había escrito antes sobre los Kennedy o sobre Marilyn. Siempre supe que tenía la información y el enfoque únicos para lanzar una bomba. Y eso hice, eso logré. He hecho un retrato que nadie había hecho de Marilyn Monroe. Estúpida, superficial, pervertida, atormentada en el peor sentido, manipuladora... Se servía de los demás.
- A mí la idea clásica de Marilyn no me interesaba mucho pero vi The Misfits y vi una imagen de bondad inocente y conmovedora.
- Esa película es una porquería, una farsa. Admiro a John Huston, pero todo está mal en The Misfits: la historia de Arthur Miller es basura, los papeles de Montgomery Clift y de Marilyn Monroe, también. El único que está bien es Eli Wallach.
- ¿El piloto?
- Sí. El único.
- Pero Marilyn aún conmueve y está en la memoria de la gente.
- No sé por qué. No me importa. La gente es tonta y se le engaña fácilmente. La gente se conforma. Es un instinto. Nos dicen que Marilyn fue una víctima nata y que abusaron de ella. Lo fácil es pensar: «Pues debe de ser verdad».
- ¿Me habla de las drogas de esta novela?
- Las anfetaminas dan un subidón de muchísima energía, hacen pensar a sus consumidores que son invulnerables. Con las anfetaminas empezaron de verdad los 60. John F. Kennedy era un drogadicto. No sólo tomaba anfetaminas.
- Tomaba calmantes, ¿no?
- Bueno, esa es la versión aceptable. Tomaba drogas por el dolor y poque le gustaba. La gente tomaba anfetaminas porque sentía que les daba poder.
- ¿Se anima a comparar el efecto de las anfetaminas en los 60 y de los opiáceos en 2025?
- Prefiero no hablar de la actualidad.
- ¿Y la sexualidad? Nadie hace el amor con alegría y dulzura en sus libros. Puede que Fred esté enamorado pero teme la bondad del amor y el sexo.
- Le da miedo consumar, sí. A mí no me interesa escribir escenas de sexo. Soy un puritano pudoroso.
- Lo que sé de los puritanos es de oídas.
- Los puritanos eran una secta protestante en Inglaterra cuyos miembros emigraron a Estados Unidos. Lo importante es que estoy de acuerdo con su código moral. Creo que hay mucho pecado y mucho sexo en el mundo. Creo en el pecado original.
- ¿Cómo lo condiciona esa idea de pecado original?
- Somos pecadores, somos una raza caída. Mire el mundo, es un lugar trágico. El pecado se impone. La justicia es derrotada más veces de las que prevalece, el amor perece más de lo que triunfa. Queremos vivir en la utopía pero la única utopía es el cielo.
- Probablemente el mundo sea trágico pero mucha gente también es buena y, en el fondo, a todos nos funciona creer en su buena fe.
- Sí, claro que hay mucha gente buena. También lo creo pero lo que me interesa es el pecado y sus ramificaciones. Me interesa en la renuncia al pecado y en la redención. Helen Knode fue mi segunda y tercera esposa y es mi actual novia y es la mujer más brillante que conozco. Dice que en ninguno de mis libros había estado tan presente la redención.
- Desde esa óptica puritana, la promesa idealista de políticos como los hermanos Kennedy, ¿sólo puede ser falsa?
- Sí. Bueno, de Robert Kennedy tengo buena opinión. Nunca se acostó con Marilyn, nunca engañó a su mujer.
- ¿Le interesa David Lynch? Se me ocurre pensar que quizá sus obras sean complementarias.
- No vi ninguna película suya.
- ¿Decidió no verlas? No es fácil no haber visto algo de Lynch.
- No. Pensé que eran películas que no me iban a gustar cuando aparecieron.
- ¿Es un escritor muy ensimismado? Entiendo que no necesita el arte de otros para alimentarse de ideas e imágenes.
- Amo el jazz y la música clásica y siento que me enriquecen como artista. Me gustan los compositores modernos y los románticos tardíos. Me gusta Beethoven, sobre todo. Pero no pienso en mis libros como algo musical.