- Casa Real Felipe VI pide en su histórico discurso ante las Cortes italianas "memoria" contra "un pasado que no ha de repetirse ni como caricatura"
- Fotografía Las imágenes de la visita de Estado de los Reyes a Italia
- Análisis Una visita excepcional
España no se personó en Notre Dame. La prensa convencional del día siguiente no le dedicó más de dos líneas al asunto -un sumario y un pie de foto en Abc y EL MUNDO-. En el resto de periódicos de papel no había ninguna referencia a la "inexplicable" -así la calificó EL MUNDO- ausencia. La caída de Al Asad el domingo centró la atención del lunes, cuando aparecieron en los argumentarios algunos sinónimos sospechosos que sobrevolaron las tertulias: la invitación era "personal e intransferible". A La Moncloa le servía para responsabilizar a Urtasun y a Urtasun, para justificar que tenía un compromiso familiar.
Sin embargo, se supo enseguida que nuestro pituco ministro se fue al circo. Se defendió con lógica: si acudir a París era tan importante -allí estaban Trump, Zelenski, Starmer, Meloni... casas reales...-, "estaban todos menos tú, todos menos tú", le tarareó, a ritmo de Sabina, Urtasun a Sánchez. Entonces cobró sentido el preventivo mensaje de la botella lanzado por producciones Moncloa: "Invitación intransferible". Urtasun redobló su defensa: de Cultura no depende la representación exterior; "Nosotros no coordinamos la presencia internacional de los Reyes y del Gobierno". O sea, que la invitación llega por el conducto de Exteriores y que eso de que es "indelegable" es relativo. Según Urtasun, declinó la invitación y nadie en Exteriores se interesó más por el tema.
La polémica mostraba de nuevo lo que ya sabemos: con Sánchez el Gobierno no actúa como órgano colegiado porque hay ministros cuota sin pulsera de control telemático. Lo que sorprendió en ficciones Moncloa era que su mimado Urtasun saliera respondón. Le acababan de colocar a su jefe de Gabinete de embajador en Caracas. Ya se ha dicho aquí que para Sánchez cada flaqueza abre una ventana de oportunidad. Así que Albares aprovechó para desviar el tiro hacia Felipe VI. Su incomparecencia no había pasado desapercibida pero formaba parte del paradigma anterior a Iglesias & Sánchez, cuando no se fiscalizaba su agenda ni se le pedían cuentas al Rey. Felipe VI recibió en Valencia el cariño de las víctimas de la DANA en el funeral. Sánchez no acudió.
Albares contraprogramó de inmediato. Le siguieron, al unísono, Alegría y el comodín comodón Patxi López. Albares argumentó que la Casa Real no le había informado. Los otros subrayaron el macguffin y pista falsa: eso de "intransferible". El PSOE fue al choque y Zarzuela evitó la tensión. Se señala ahora la visita a Paiporta como motivo de fricción entre Sánchez y el Rey. Sánchez no le perdona a Felipe VI que sea Rey. Tampoco le perdona que su presencia y coraje contrastara tan nítidamente con su gurrumina fuga: Sánchez "presenta un cuadro fóbico ante todo lo que exija experimentar en vivo el rechazo explícito de su persona por parte de los ciudadanos", escribió ayer el periodista Ignacio Varela.
Sánchez ha puesto al Rey en varias tesituras recientemente. Aparte de la Ley de Amnistía, hay dos particularmente significativas porque muestran la psique de Sánchez: se presentó ante el Rey para que le encargase solicitar su investidura sin los apoyos garantizados. Y, sobre todo, en abril obligó a Felipe VI a modificar su agenda para hacerle partícipe de su despliegue performativo y comunicarle que seguiría en La Moncloa tras su calculada espantá. En esos días, el canciller Albares, de sport, levantó el puño a las puertas de Ferraz. Diplomacia de enredo, volandera y saloon.