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Análisis

Las 'líneas rojas' de Irán

El enfrentamiento en Oriente Próximo escala en una espiral que aún no ha tocado techo, con la incógnita de cuál es el límite que se ha trazado la República Islámica

Mujeres iraníes con fotos de Hasan Nasrala, en una protesta en Teherán.
Mujeres iraníes con fotos de Hasan Nasrala, en una protesta en Teherán.Abedin TaherkenarehEfe
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Hito tras hito, golpe tras golpe, se ha ido borrando cada 'línea roja' en la guerra que comenzó el 7 de octubre de 2023. La escalada bélica surfea en una espiral que por ahora no tiene fin a la vista ni ha tocado techo. Así hay que enmarcar la eliminación del secretario general del grupo chií libanés Hizbulá, Hasan Nasrala, confirmada el sábado. La confrontación que se inició con el atentado perpetrado por el grupo armado palestino Hamas en Israel y la respuesta israelí en forma de ofensiva militar masiva no se circunscribe a Gaza y hace meses que hay que hablar de un enfrentamiento regional.

A partir de este momento, cualquier escenario es posible y verosímil. Es improbable que, como muchos piensan, este golpe letal a la columna vertebral de Hizbulá -sumado a los anteriores- traiga el fin de la guerra. Aunque el Partido de Dios ha sido descabezado y su cúpula de comando y control se encuentra muy dañada, hay que tener presente que todavía retiene una significativa capacidad operativa y su importante arsenal permanece prácticamente intacto.

Además, aún hay líderes dentro de la organización capaces de tomar el relevo de Nasrala. Un ejemplo es el de Hashem Safieddine, que dirige el Consejo Ejecutivo de la organización y toma parte en las decisiones militares como miembro del Consejo de Lucha, y al que algunas fuentes apuntan como sucesor del asesinado caudillo chií. Saifeddine es primo de Nasrala y, como él, clérigo de esta rama del islam, lo que le puede dar un aura de legitimidad ante sus fieles. El líder espiritual de Hizbulá, Naim Qasem, sigue también en activo.

Hizbulá -considerado por EEUU, Reino Unido, Israel y Francia como organización terrorista, mientras la Unión Europea designa como tal sólo a su rama militar- se desdobla en un importante brazo político que está imbricado fuertemente en parte de la sociedad libanesa y participa de sus órganos de gobierno. Uno de los escenarios que puede traer consigo este golpe a la cúpula del Partido de Dios es un impacto que acabe por resquebrajar la frágil situación del país, un Estado fallido marcado por las divisiones sectarias -suníes, chiíes, cristianos y drusos son sólo algunos de los grupos religiosos en los que se divide el 'país de los cedros' y que se enfrentaron el una guerra civil de todos contra todos entre 1975 y 1991-.

La siguiente consideración que debemos tener en cuenta es que la liquidación de Nasrala es un desafío directo de Israel a Irán. Hizbulá es la criatura más preciada del régimen de los ayatolás, en la que ha invertido más fondos, entrenamiento, armamento, esfuerzo retórico y compromiso. Con ella comparte la ideología del 'velayat-e-faqih', el gobierno de la judicatura islámica. Recuerdo cómo durante la guerra de 2006 entre Hizbulá e Israel, que cubrí como enviada especial de EL MUNDO, los maletines con millones de dólares llegados por vía Irán mantuvieron a flote al grupo libanés y le ayudaron a cerrar filas entre la población que había perdido a sus seres queridos e incluso sus hogares y medios de vida pero que mantuvo férrea su filiación y su fe gracias a la capacidad de regeneración que alimentó Teherán.

La pelota vuelve a estar en el tejado de la República Islámica y dependiendo de su reacción así podrá interpretarse lo que ha ocurrido. O bien ha sido un golpe de Israel que le apela de forma clara, lo que desembocará tarde o temprano en una intervención directa de Teherán. O bien el régimen ha 'vendido' a Hizbulá y ha dejado caer la cabeza de su mayor aliado estratégico en la región para salvar otros intereses. Según qué pasos dé Irán en los próximos días, semanas o meses, se podrá entrever qué ha pasado y cómo se va a desarrollar el actual choque bélico.

Lo que está demostrado es que Israel no tiene límites ni 'líneas rojas', como ya demostró el ataque en pleno Teherán que mató al líder de Hamas, Ismael Haniyah. Y que la comunidad internacional ha sido incapaz de imponérselos, pese a que su ofensiva militar en Gaza ha destruido por completo el territorio palestino y ha provocado la muerte de más de 40.000 personas y condenado al hambre, las enfermedades y la miseria al poco más del millón de palestinos que quedan vivos allí.

Hasta dónde está dispuesto a llegar Irán queda por ver a partir de ahora, aunque nada augura un escenario positivo. Y menos a juzgar por las primeras reacciones del régimen, cuyo nuevo presidente tomó posesión a finales de julio, justo horas antes de que Haniyah fuera asesinado, tras confirmarse la muerte de Nasrala. El vicepresidente primero iraní, Mohammad Reza Aref, advirtió el sábado de que la desaparición del secretario general de Hizbulá "traerá la destrucción de Israel", mientras que un portavoz del Ministerio de Exteriores prometió que el camino de Nasrala "continuará" y "su principal objetivo será realizado con la liberación de Jerusalén".

Lo que se puede intuir es que todo esto traerá más destrucción y sufrimiento en Oriente Próximo y que ahora el Líbano es un objetivo más débil que hace un año, con lo que la probabilidad de que sea el nuevo frente de una guerra terrestre a gran escala es más que real. Es inminente.

Puede esperarse la activación de forma más explosiva de los otros frentes de esta guerra regional que ya estaban en marcha aunque en baja o moderada intensidad. Las milicias aliadas de Irán en Irak, Siria y Yemen, que tienen su propio arsenal armamentístico y sus ejércitos -aunque más modestos que las capacidades operativas de Hizbulá-, pueden entrar en juego de manera más activa y letal de lo que lo han hecho hasta ahora y no solo contra Israel sino contra Estados Unidos. Y aquí puede hallarse otro posible escenario de esta etapa del conflicto que se abre a partir de ahora, que Washington se vea arrastrado a intervenir de una forma mucho más directa y presente del lado de Israel.

Lo que los periodistas empezamos a etiquetar como 'Guerra de Gaza' es desde hace tiempo -si no desde el principio- un conflicto regional que va a cambiar el mapa de Oriente Próximo para siempre.