INTERNACIONAL
Mandalay

Cuerpos incinerados en las calles de Birmania mientras el ejército bombardea áreas destruidas por el terremoto: "Este nivel de devastación no se ha visto en más de un siglo en Asia"

El balance de víctimas aumenta a 2.056 muertos y más de 3.900 heridos, a los que se suman al menos 270 personas desaparecidas

Alegría y aplausos al encontrar a supervivientes entre los escombros en Birmania
PREMIUM
Actualizado

En algunos barrios de Mandalay, los vecinos se quejan de que el olor a carne quemada se queda impregnado dentro de sus hogares porque, en las calles, se están levantando improvisadas piras funerarias para quemar a los muertos del terremoto. Los crematorios están desbordados y los cadáveres se van acumulando mientras las familias intentan incinerar a sus seres queridos. "Ayer incineramos más de 300 cuerpos. Y en lo que llevamos de mañana vamos por los 200", aseguraba el lunes un trabajador al periódico local Myanmar Now.

Según relatan muchos testigos, en algunas esquinas de las calles de Mandalay, la segunda ciudad más grande de Birmania y la más devastada por el potente seísmo del viernes, hay muchos cuerpos que se están descomponiendo muy rápido debido al extremo calor de estos días. Fueron sacados de debajo de los escombros, pero que no han sido identificados ni reclamados por ningún familiar. Van más de 2.000 muertos y hay centenares de desaparecidos. El último informe de la junta militar revela, además 3.900 heridos.

"Lo que estamos viendo en Birmania es un nivel de devastación que no se ha visto en más de un siglo en Asia", reza una nota de la Cruz Roja, que tiene voluntarios desplegados por las zonas afectadas del centro del país. Estos colaboran en las labores de rescate con los equipos locales y las brigadas de salvamento que ya han enviado una docena de países.

"Las necesidades son enormes. Ya existía una crisis humanitaria antes del terremoto y este suceso no ha hecho más que agravar la ya difícil situación de la población. Este es un país que ya tenía a más de 19 millones de personas necesitando ayuda humanitaria urgente debido al conflicto que se ha prolongado durante los últimos cuatro años", señala Michael Dunford, director del Programa Mundial de Alimentos de la ONU en Birmania, en referencia la sangrienta guerra civil tras el golpe militar de 2021.

El control de Birmania ahora está dividido entre el régimen golpista, que gobierna en las grandes ciudades, y los ejércitos étnicos, que dominan las zonas fronterizas. Sagaing, el epicentro del terremoto, cerca de Mandalay, ha sido uno de los focos de resistencia de los grupos rebeldes. En esa zona, apenas una hora después se la sacudida del seísmo, el ejército lanzó un ataque aéreo. Los bombardeos continuaron durante el fin de semana y el lunes.

"La gente ya estaba aterrorizada por el terremoto, y con el caos, era imposible refugiarse en los refugios antiaéreos", aseguran desde el Gobierno de unidad nacional, formado en el exilio por los legisladores que ganaron las elecciones de 2020 no reconocidas por los militares. Los grupos prodemocracia han solicitado una pausa de dos semanas en los combates. Pero la realidad es que ellos no representan tampoco a las milicias étnicas que estos días siguen luchando contra el ejército y que, según los expertos, pueden ver una oportunidad en medio del actual caos para avanzar posiciones hacia otras regiones controladas por los militares.

Para saber más

Mientras que en Mandalay los operativos de rescate cuentan cada vez con más manos y a la ciudad llegan más suministros médicos, la situación es mucho más incierta en el municipio de Sagaing, situado en la región homónima del epicentro del terremoto, donde muchas voces alertan de una brutal destrucción en este lugar con 300.000 habitantes y del que no están trascendiendo muchas imágenes. "El terremoto ha sobrepasado las instalaciones sanitarias de las zonas más afectadas, con tres hospitales destruidos y 22 parcialmente dañados", apunta un informe de la OMS.

Personas rescatadas tras 60 horas

En medio de todo este desastre, aparece algo de luz con las historias que se están reportando sobre los rescates: en Sagaing, cuatro personas fueron rescatadas con vida el lunes después de más de 60 horas atrapadas bajo los escombros de una escuela. En Mandalay, una mujer fue sacada ilesa de los restos de un hotel. Un día antes, 29 personas también fueron rescatadas de un bloque de apartamentos derrumbado.

Entre las historias más desgarradoras está la del rescate de una mujer embarazada que tuvo un trágico final: llevaba 55 horas atrapada bajo un bloque de apartamentos de Mandalay y un equipo chino logró sacarla amputándole una pierna. En cambio, la mujer falleció desangrada poco después. "Lo intentamos todo para salvarla", dijo uno de los rescatistas.

Otro drama se ha vivido en la ciudad de Kyaukse, a unos 44 kilómetros de Mandalay, cuando los equipos de rescate han llegado a una escuela de preescolar de la que únicamente quedaba una pila de ladrillos con barras de hierro que sobresalían junto a varias mochilas y peluches de Minions y Spiderman. Se cree que había unos 70 niños en la escuela cuando se produjo el terremoto. Los vecinos dicen que al menos 40 han muerto.

Muchos birmanos continúan pasando la noche fuera de sus casas por miedo a nuevas réplicas como las que se sintieron el domingo, cuando algunos agrietados edificios que aguantaban en pie también se vinieron abajo. En redes sociales son muchas las imágenes y vídeos que circulan sobre lo que está pasando en las grandes ciudades de Birmania, mientras que hay muy poca información sobre lo que ocurre en otros rincones rurales también afectados.

La Junta militar, que ha conducido a Birmania a ser uno de los países más aislados del mundo, donde los medios de comunicación están totalmente amordazados, no permite la entrada de prensa extranjera. Únicamente algunas agencias internacionales, que contaban con periodistas locales, están reportando desde el terreno.