- Obituario Muere Víctor de la Serna, fundador de EL MUNDO: muchos periodistas en uno solo
- Gastronomía Fernando Point: el suculento legado de Víctor de la Serna
Víctor de la Serna Arenillas, madrileño de nacimiento (14 de abril de 1947), periodista de estirpe y vocación, brilla entre los periodistas españoles de excepción.
Practica todos los géneros y en todos los medios, desde el periódico de papel al podcast, pasando por la radio y la televisión, pero hay pocos que le hagan sombra en el último medio siglo en la crítica de comunicación (Hojeando/Zapeando), el baloncesto (pseudónimo Vicente Salaner), el periodismo local (Indiano en Chamberí o Las calles, de Répide a hoy), gastronómico (Víctor de la Serna y firma mancomunada Fernando Point), nacional e internacional.
El baloncesto le resucitó de una caída, con 14 años, de un balcón en San Sebastián que le tuvo postrado muchos meses y en los "plumillas" del Real Madrid inició un viaje a lo mejor del baloncesto nacional y estadounidense que le convirtió en uno de los mejores especialistas en ese deporte.
Allí coincidió con Pedro J. Ramírez, iniciando una relación de confianza que explica su salto de El País a Diario 16 en 1988 y un año después a EL MUNDO cuando nace este periódico.

Vicente Salaner, tan cerca de las estrellas
Se cuentan con los dedos de las manos los españoles que han firmado como columnistas o corresponsales desde España con cierta regularidad en la prensa francesa y estadounidense (International Herald Tribune). Víctor lo hizo durante años sin necesidad de traductores.
Al lado de Pedro Crespo de Lara en la Asociación de Editores de Diarios Españoles (AEDE) desde su fundación, en 1977, hasta bien entrados los 80, tuvo acceso a la mejor información de las principales empresas periodísticas españolas y ese conocimiento lo ha ido plasmando en sus artículos desde entonces.
Su conocimiento de la profesión y de la empresa periodística, y su dominio de idiomas fue aprovechado por sus directores para impulsar las relaciones internacionales de sus medios, su presencia en organizaciones internacionales y su expansión en la revolución digital y empresarial que ha transformado el periodismo en las últimas décadas.
Sus miles de artículos en los diarios Informaciones, Diario 16, El País y EL MUNDO, en emisoras como esRadio y media docena de revistas llenan varias enciclopedias del mejor periodismo especializado en los géneros a los que más tiempo dedicó, pero siempre se ha sentido un redactor todoterreno.
Con razón y mucha humildad, porque, además de ser uno de los mejores, si no el mejor, en baloncesto, gastronomía y comunicación, ha hecho de todo tanto en la redacción como en la dirección de los medios por los que ha pasado: desde notas, noticias, editoriales y obituarios, a reportajes, perfiles, tertulias, ediciones especiales, seminarios, congresos, conferencias, gestión, premios periodísticos y discursos de directores y de presidentes de empresa.
Fue el primer español graduado en la mejor escuela de periodismo de los Estados Unidos (Columbia, Nueva York), en 1973, y en todo su trabajo se puede distinguir la influencia de maestros como Donald Shanor, sucesor de Herbert Matthews al frente del departamento de Internacional, y de Melvin Mencher, el mejor en reporterismo y redacción.
Su aportación a las primeras ediciones del Libro de Estilo de El País, al lado de Julio Alonso y de Juan Luis Cebrián, su participación en la puesta en marcha de los masters de periodismo de El País y EL MUNDO, y su coordinación del Libro de Estilo de este diario (1996), bajo la dirección de Pedro J. Ramírez, bastarían para reconocer en él a uno de los pioneros del mejor periodismo en la España democrática.
La introducción de esos textos rezuman las ideas que ha defendido y practicado en su medio siglo de redactor, corresponsal, columnista, crítico, tertuliano y adjunto al director con un estilo conciso, claro, preciso, fluido y sencillo, siempre al servicio de la sustancia, los datos, el testimonio, la variedad de fuentes, mostrando mejor que explicando, con el color pertinente que da vida a la información, el interés humano, la adaptación al acontecimiento o hecho que se narra y edición, mucha edición, corrección y, cuando es necesario, rectificación. Por encima de todo, rigor.
Hacer justicia sólo a su columna semanal de comunicación durante 35 años en EL MUNDO da para varias tesis doctorales y unos cuantos libros sobre "la edad de oro del periodismo" (título del último libro del profesor Juan Antonio Giner, que recoge sus columnas sobre comunicación en La Vanguardia desde 1978). Las columnas de Víctor en este periódico dan para varios tomos.
No ha habido noticia de interés o tendencia importante en la comunicación nacional e internacional en la profesión periodística y en los medios que no haya comentado y analizado. No ha habido escándalo, polémica o charco, éxito o fracaso, amenaza o avance en el periodismo, dentro y fuera de España, que escapara a su atención.
Por su espíritu liberal e independiente sin fisuras y su defensa a ultranza de la libertad de expresión, del pluralismo informativo y de la democracia, le han llovido críticas de izquierda y de derecha, de propios y extraños, de tirios y troyanos, que ha soportado con paciencia y resignación.
Desde el GAL al 11M, desde el Watergate a Wikipedia, en cada crisis, conflicto o guerra, se ha pronunciado sin eufemismos ni rodeos. En la emergencia de Podemos vio "la mayor amenaza a la libertad de expresión" en España desde la Dictadura.
No es un columnista más. Sus columnas de comunicación en EL MUNDO cumplen, de hecho, la función de los defensores del lector y ombudsmen/women en los mejores medios españoles y extranjeros que cuentan con ese profesional.
Abrazó las redes sociales sin ignorar sus riesgos, advirtió "la falta de periodismo y el exceso de chismorreo en el periodismo deportivo", recogió como nadie desde Pepe Cavero y Fernando Ónega las posiciones de los principales periódicos españoles en el formato de "revista de prensa", nos enseñó a no mentir con los titulares y a no engañar con los adjetivos y los adverbios.
Fue el piloto principal de muchos de los mejores proyectos de EL MUNDO en sus 35 años de vida, como el suplemento de comunicación que intentó sin éxito sacar en los 80 en El País, los premios en recuerdo de Julio Fuentes, Julio Anguita y José Luis López de Lacalle y las cien propuestas de cambio para España que el diario publicó a finales de los 90 y comienzos de este siglo antes de cada elección general.
En su biblioteca, con unos cinco mil obras -muchas antiguas, heredadas de su padre, Víctor de la Serna Gutiérrez-Répide, su abuelo Víctor de la Serna y Espina, sus bisabuelos Ramón de la Serna y Concha Espina, y otros prestigiosos antepasados- destacan las mejores obras sobre gastronomía y vinos de Occidente (desde Paul Bocuse a Julia Child, pasando por Dionisio Pérez y Côte d'Or) y muchos de los textos imprescindibles para quien desee conocer las claves de la revolución informativa de los últimos años.