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Comencemos estas líneas con una experiencia en primera persona, permitidme que sea la mía. Tengo el pelo rizado, de cuando las infancias de pelo rizado eran traumáticas, porque las madres de las hijas rizosas normalmente no sabían cómo enfrentarse a esa naturaleza indómita. Por ende, jamás llevé flequillo en mis años mozos. Fue solo bien entrada la treintena cuando me lancé al riesgo. ¿Resultados? Una década lleva mi frente abonada a un flequillo rizado.
Por eso me quedo algo sorprendida cuando, en una charla en la máquina de café en la ofi -¡qué enriquecedoras son, tantas veces!-, dos compañeras debaten sobre si es adecuado seguir llevando flequillo a sus taitantos, ya que es es un accesorio capilar... ¡¿Infantil?!
La primera peluquera con la que hablo del tema es María Baras, la directora creativa de Cheska, siempre alerta a mis audios con dudas relativas al pelo, además de por experta, por culpable de llevar flequillo de adulta. ¿Llevaba flequillo también de niña? ¿No le da cosa entonces seguir en su línea? "Pues es verdad lo que dices, hay mucha gente que llevaba en su infancia flequillo, yo soy una de ellas. Llevaba mi melena cortita, mi bob a la barbilla y mi flequillo cuadrado de toda la vida. Y es cierto también que hubo una época en la que no me apeteció llevar flequillo porque me recordaba a la infancia. Aunque claro, luego puede ser positivo volver a él precisamente porque recuerda a la infancia. Lo que sí te digo es que de adulta lo corto muy diferente, nunca me ha gustado volver al flequillo cuadrado de la niñez...".
Por qué da miedo el flequillo: de infancias y malas experiencias
El flequillo corto, recto y cuadrado (una especie de baby bang), ese que llevaba María Baras, tipo Audrey Tautou en Amélie, como recuerda Eduardo Sánchez, director creativo de Maison Eduardo Sánchez en Madrid, puede ser el culpable original de que para muchas adultas llevarlo sea un estigma. "Es este flequillo muy muy corto, sobre las cejas, denso, recto, que a veces cortaban las madres a sus hijas en casa de aquella manera (digamos arbitraria) el que se asocia a la niñez, y sí tiene algún regusto de estigma aniñado que a algunas chicas les ha marcado y les ha hecho odiarlo", reflexiona el peluquero.
De la teoría a la práctica, entonces, ¿reniegan las clientas adultas en las peluquerías de los flequillos? La cosa va por barrios. Mientras que David Lorente, con salón homónimo en Madrid, confirma que "muchas los rechazan porque tuvieron traumas infantiles con ellos", Alberto Sanguino, education manager de Llongueras afirma que, de renegar, el motivo es otro: "O porque nunca se lo han hecho y temen cómo se manejarán, por llevar algo tan corto en una zona tan visible como la frente, o por haber tenido malos cortes anteriormente".
El miedo a no querer flequillo lo achaca también Eduardo Sánchez a una mala elección del tipo, "no haber analizado bien dónde y cómo va a ir, la manera en la que nace el pelo, si hay remolinos... hay un montón de variables en el diagnóstico capilar que pueden fallar, así como dar con manos no expertas". Como una madre en la infancia que se lance a la aventura y desgracie el pelo durante unos meses, un recuerdo traumático, como ya comentaba el tijera.
¿Y por qué el flequillo era tan típico de la infancia? Sánchez lo achaca a algo cultural de décadas pasadas, cuando ir al colegio con coleta o trenza era lo habitual y, quizás, "era la manera de que les quedara a las niñas la cara más adornada". Subraya lo de décadas pasadas porque, argumenta, "ahora las niñas se hacen otro tipo de cortes, con o sin flequillo, antes, porque también se adelanta la adolescencia y reclaman más poder de decisión sobre su estilo".
Qué puede hacer un flequillo en melenas adultas
Para aquellas adultas que todavía estigmatizan el flequillo en unos años donde es tendencia absoluta, los peluqueros animan a perderle el miedo, porque "hay que reconocer que rejuvenece mucho", apoya David Lorente.
María Baras, como buena flequillista adulta, también aporta su alegato profequillo: "Es un marco que se crea en la cara y suaviza las facciones, difumina los rasgos de la edad, que se afinan con el paso de los años y endurecen la expresión. También ayuda a disimular las canas que nacen de la zona delantera y de las patillas, en las raíces... En definitiva, es un superrecurso antiaging que nosotras ene Cheska, por ejemplo, estamos usando muchísimo".
Más razones para hacerse un flequillo las suma David Lorente. "En los rostros alargados acorta la largura de la cara; hace que parezca que el pelo es más denso por la zona de delante, y puede camuflar una frente demasiado ancha o unas cejas difíciles. Y, curiosamente, por encima de un cambio de color o un corte del largo, cortar el flequillo es un cambio que se pide mucho cuando se cambia de pareja o de trabajo", remata el experto.
Flequillos para todas (incluso para quienes tienen miedo)
La buena noticia, además, es que hay flequillos para todas; y no, no necesariamente el flequillo infantil ni a lo Amélie. Por lo pronto, María Baras defiende que hay cortes de moda que no existirían sin él: "No te puedes cortar un shag en pelo rizado sin él ni uno tipo mariposa, multicapas, tan setentero, sin uno abierto". Hay mil formas de llevarlo, sostiene, como hay mil tipos de pasta, todos esos que le gustaban al personaje de María Esteve en El otro lado de la cama: "cortina abierto, ladeado, muy descargado, unos pelitos solamente si tienes el pelo finito...".
Ahondamos en qué tipos de flequillo favorecen más a las adultas. Para David Lorente, sin duda alguna, son los "ladeados, los cortina, cuanto más largos mejor, y dentro de una melena desfilada para que queden más integrados; siempre da miedo el tener que dejarlo crecer si el resultado no gusta, y por eso nunca recomendaría empezar con un flequillo corto o demasiado recto".
Según el tipo de rostro también hay ganadores, como enumera Alberto Sanguino: "Una cara en forma de diamante o corazón se verá mejor con un flequillo en triángulo, de esos que se abre cuando crecen; una alargada, con uno de línea recta, y un rostro de óvalo alargado, con un flequillo de línea cóncava".
Como el diagnóstico y la personalización son las claves del flequillo adulto perfecto, lo fundamental es que no lo corte tu madre... ni tú misma. "Hay que ir a un buen peluquero; dejarse flequillo es un paso muy serio y hay que cortarlo muy bien para que se pueda mantener sin esfuerzo y si se desea, vuelva a crecer sin dar problemas", concluye Lorente. Ni miedos. Ni estigmas.