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Muchos piensan que la filosofía es aburrida o inútil porque en la escuela suele enseñarse de manera teórica, por autores y desconectada de la realidad. Pero si se aborda desde preguntas existenciales, dilemas éticos o temas actuales, como la inteligencia artificial, la identidad o el sentido de la vida, puede volverse fascinante. Y eso es lo que pretende mostrar Joan Gallardo (Manacor, Mallorca, 1984) a través de su blog, redes sociales y un pódcast. El mentor de empresarios, deportistas de alto nivel o profesionales de la salud ayuda con su divulgación a todo tipo de personas a alcanzar ese momento que todos anhelamos de paz interior.
"Yo mismo fui un desastre hasta que empecé a leer a numerosos autores y a compartir todo eso que aprendía y aplicaba con éxito en mi vida como muestra de gratitud. Alrededor de ese mensaje sobre cómo es una vida que merece la pena ser vivida se fue aglutinando una comunidad que es la que me sigue apoyando a día de hoy", explica el autor de Las 48 reglas de la disciplina. No dejes para mañana la vida que podrías crear hoy (Ed. Grijalbo).
En esta nueva publicación enfatiza la importancia de la acción y la paciencia con un enfoque práctico y realista. Y elige la disciplina por encima de la oscilante motivación: "Se trata de hacer lo que es debido cuando es debido y en la forma debida". Pero ojo, que eso no quiere decir autoexplotarse.
- Hoy día no dejamos de hacer cosas, aunque realmente no sean tan relevantes ni esenciales. Parece que el importante es quien más ocupado está. ¿Dónde está el límite de la híperproductividad?
- Esto lo decía el filósofo Byung-Chul Han: en esta sociedad nos autoexplotamos y luego nos intentamos convencer de que nos estamos autorrealizando. Se nos está yendo bastante de las manos. La disciplina se ha manoseado hasta quedar deformada. Por eso he querido volver a humanizar el término en estas páginas y recordar su sentido de virtud, colocándolo en una situación de equilibrio. La gente sí hace un montón de cosas pero no las adecuadas. Acabo de ver una estadística que dice que, de media, pasamos cuatro horas diarias en las redes sociales. Es muchísimo tiempo que podríamos emplear en hacer otras cosas más importantes que sí tengan que ver con nuestro fin en la vida. Lo más interesante es descubrir qué es debido hacer y qué no.
- ¿Es el teléfono móvil el mayor enemigo de la disciplina?
- Es una muy buena cuestión. Nos ha traído mucha información que era muy complicada de encontrar pero creo que aún no estamos preparados para hacer un manejo completamente responsable de la herramienta. Es una salvajada el tiempo que perdemos mirando la pantalla, pero el algoritmo está hecho para mostrarte lo que quieres ver, no lo que necesitas ver. Luego nos quejamos de que no tenemos tiempo pero, como decía Séneca, hay tiempo de sobra, lo que ocurre es que lo empleamos mal.
- La motivación puede ser un gran impulso inicial, pero no es sostenible a largo plazo. Es volátil y depende del estado de ánimo. ¿Si dependes de ella te estancas?
- En mi léxico no está la motivación. No la busco. Yo lo que tengo son muy buenos motivos para hacer lo que hago. Y como los motivos son buenos y suficientemente poderosos por sí mismos, me convencen de que lo tengo que hacer. No necesito buscar por una fuente de energía extra. Si cada dos por tres tienes que tomarte otro café o ponerte música fuerte para que te entre una supuesta energía para hacer una serie de cosas, quizá tienes que plantearte qué motivos tienes para hacer esas cosas, que a lo mejor está ahí el problema. No se trata de forzar, sino de buscarle más sentido y más significado a lo que queremos hacer en la vida y lo que queremos conseguir con ello.
- ¿Y por qué nos cuesta pararnos a saber cuáles son esos valores, a distinguir lo urgente de lo importante y lo superfluo?
- Yo tengo 40 años y, cuando era crío, durante el día surgían un montón de espacios para el silencio y la soledad. Tú ponías la televisión y había seis o siete canales y, muy probablemente, podía pasarte que en ninguno de ellos diesen algo que te apeteciese ver. Tampoco teníamos cientos de videojuegos en una plataforma online. Había veces que mirabas por la ventana y buscabas formas en las nubes. Sin darte cuenta, abrías espacios de introspección. Tal y como está estructurada la sociedad, ahora hay que programar en la agenda esa clase de momentos, porque no tenerlos nos está pasando factura.
- Defiende en su libro que la disciplina se entrena. ¿Hay que entrenar sin ganas?
- Hay que ser disciplinado para ser disciplinado [ríe]. Cuando necesitas una dosis muy muy grande de disciplina para hacer algo, me preguntaría si ese algo es lo que tengo que hacer. Veo a mucha gente apuntándose al gimnasio y renunciando a los dos días y, quizá, lo que deben es salir de ahí y apuntarse a otro deporte. La gente se está empujando con rigidez y exceso de perfeccionismo a hacer cosas constantemente que no quieren hacer y eso es terrible. En la vida tenemos que hacer sólo dos tipos de cosas: lasque nos gusta hacer y las que quizás no nos gusta hacer, pero que nos gusta haber hecho, como lavar los platos para volver a usar en otro momento.
- ¿Por qué equipara la disciplina a la libertad?
- Se necesita mucha disciplina para no ser esclavo del caos que se expande cuando no somos disciplinados. Por ejemplo, a la hora de gestionar tu dinero, si no eres disciplinado, pronto serás esclavo de la deuda o de la falta de ahorro para llegar a final de mes. Si no lo eres en tu trabajo, acabarás perdiéndolo y en las filas del paro. Y si no lo eres con tu organización en tu día a día, terminarás siendo un esclavo del desorden tanto en tu casa como contigo mismo.
- ¿Por qué dice que más no es más, sino vanidad?
- Lo vemos en figuras de divulgadores o influencers que te animan a no dormir y a levantarte a las cinco de la mañana, porque descansar es de pobre. Eso no puede ser la disciplina, no es un fin en sí misma, es un medio para otro fin más importante: la felicidad. Aristóteles comenta en La Ética a Nicómaco que la vida de la gente tiene que confluir hacia el fin mejor y mayor de todos. Si la disciplina no me acerca a la felicidad, entonces es inservible. Cuando uno quiere ganar dinero es porque le ofrece una mayor seguridad. O una casa más grande que te aporta más espacio. Y todo ello se traduce en felicidad. No es el más por el más, es el hacer lo que es necesario hacer, lo que es importante para ti.
- ¿Cómo se diferencia la buena disciplina de la rígida?
- Si tu ejercicio de la disciplina no te hace sentir mejor, más pleno, hace que tu vida sea más feliz o estar más satisfecho con la vida que tienes, te estás equivocando en la ejecución de la disciplina, sin duda. La buena disciplina te acaba llevando a donde tú quieres. A mí me ha dicho mucha gente que no necesita más disciplina porque bastante se amarga ya la vida. No lo están entendiendo bien.
- "Céntrate en lo que eres, en lo que tienes y, con eso, hazlo lo mejor que puedas", escribe. ¿Por qué entonces nos comparamos y nos quejamos tanto?
- Una víctima por definición es aquella que es castigada o que vive algún tipo de menoscabo sin tener ninguna culpa ni ninguna responsabilidad en ello. Es más fácil proyectar y echarle la culpa a los demás que hacer una sana y amable autocrítica que te lleve a solucionar aquellos aspectos de tu vida que no van que no van bien. Si yo pienso que todo lo que me pasa es externo, no me lleva a ninguna acción nueva. Esa posición es realmente cómoda. No siempre tenemos la culpa de lo que nos pasa, pero llevar vida hacia adelante es responsabilidad nuestra.
- ¿Por qué tiene más éxito la gente con disciplina que con talento?
- Hay muchas oportunidades a lo largo del día y a lo largo de una vida para ser disciplinados y para mejorar poco a poco. Cuando una persona hace lo que es debido hacer, su vida se va colocando y ordenando. La disciplina sirve para disipar el caos, tener más paz dentro y disfrutar más de la vida.
- Somos terriblemente duros con nosotros mismos pero también muy condescendientes. ¿Dónde está el equilibrio?
- Hay que buscar la verdad. Ahí está el equilibrio, en el término medio. Ni esa autoexigencia ni buscar siempre culpables fuera.
- Orientamos el crecimiento personal al mundo laboral o a las relaciones pero, ¿cuánta paz mental y tiempo nos roba nuestra desorganización personal?
- Recuerdo en otras épocas de mi vida donde no fui así de disciplinado y un día no tenía ropa limpia para salir a cenar. Me tuve que ir a comprar una camisa para poder irme con mis amigos. Mi indisciplina me costó 80 euros. Este es un ejemplo del precio a pagar. Puedo entender que la disciplina a priori, y más cuando no se entiende bien, pueda pueda parecer un plato amargo. Pero, sin duda, será más dulce que la consecuencia de no ser disciplinado.
- ¿Tiene que tener cuidado la persona disciplinada de no ser sobrecargada?
- Si quieres que algo esté hecho, dáselo a la persona más ocupada del mundo, porque lo terminará por hacer. Si tienes alguien que se está aprovechando de ti, lo debido es hacérselo saber y no complacerlo. Defender el tiempo que tienes y tu energía. Aprender a decir que no es fundamental. Yo he trabajado con muchísimas personas con esa problemática. Cuando tiras del hilo, detrás de esa problemática hay un deseo de complacencia. No quieren tener ningún tipo de conflicto, son serviciales porque quieren agradar a los demás. Pero si para agradar al resto hay que dejarse pisotear, hay que replantearse la cuestión y operar de otra manera en el mundo.
Las 48 reglas de la disciplina. No dejes para mañana la vida que podrías crear hoy
Editado por Grijalbo. Puede comprarse aquí